Enlace Judío México e Israel – La medicina del futuro está ocurriendo hoy, y se crea en el Rambam Health Care Campus, en Haifa. Conversamos con su director ejecutivo, de visita en México, para saber cómo trabaja, cuál es su visión y cómo se puede colaborar con esa prestigiosa institución. 

 

En 1190, Moisés Maimónides escribió su Guía de los Perplejos, en la que puede encontrarse la siguiente frase:

“… En gran parte de las enfermedades que sufre el hombre, es él el principal culpable, debido a su ignorancia en el tratamiento de ciertos males y, especialmente, en su prevención. Al igual que el ciego, por causa de su ceguera, tropieza constantemente y se hace daño…” 

Conocido en hebreo como Rambam, el gran sabio ignoraba que, menos de un siglo después, en un continente desconocido para los europeos, una enorme montaña nevada haría erupción y cubriría los valles aledaños, primero con fuego y luego con minerales portadores de vida, ni que varias civilizaciones florecerían sobre aquellos restos. 

Aquella, la de 1235, sería la última gran erupción pliniana que registrara el volcán Popocatépetl. Con toda la enorme sabiduría que se le atribuye al Rambam, no podía haber previsto que, 800 años después, una megalópolis de 20 millones de habitantes velaría expectante a 70 kilómetros de ese volcán, ni que del cielo llegaría en plena crisis una máquina fabricada por seres humanos, o que de ella descendería un hombre que, como él, habría consagrado su vida a la medicina. 

 

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Michael Halberthal

El hombre se llama Michael Halberthal, y contempla el brumoso horizonte de la Ciudad de México a través de la ventana de su cuarto de hotel, en un piso 40, en Polanco. “¿Es contaminación o se debe al volcán?”, inquiere el médico. Apenas ayer, el profesor Halberthal ha debido cancelar un viaje a la ciudad de Monterrey, en el norte de México, debido a la peligrosidad que representan para los aviones las cenizas volcánicas que el “Popo” arroja con profusión desde hace varios días. 

“Si lees la literatura del Rambam, él era extremadamente innovador: ¡extremadamente innovador!”, exclama Halberthal y amplía: “Sus ideas… puedes ver cómo él prevé el futuro de muchas maneras. Por eso, nosotros nos sentimos muy orgullosos de llevar su nombre”. 

Es oportuno ahora mencionar que el profesor Michael Halberthal dirige el Rambam Health Care Campus, uno de los centros médicos más prestigiosos de Israel y, por lo tanto, del mundo. Una institución que, además de brindar atención médica de primer orden, instruye a jóvenes médicos en formación, al tiempo que emprende importantes investigaciones clínicas y desarrolla tecnología médica. 

El Rambam Health Care Campus es el hospital más grande del norte de Israel, y es un centro de atención terciaria, un centro de trauma de Nivel 1, y colaboramos con países de básicamente todo el mundo”, comparte Halberthal, quien ha accedido a conversar con Enlace Judío como parte de sus actividades en esta, su primera visita a la Ciudad de México. 

“Por alguna razón que realmente no puedo explicar, el (hospital) Rambam nunca tuvo un bastión en Sudamérica, en América Latina, y, hace seis meses, tuvimos la suerte de cruzarnos con una de sus representantes aquí, Mónica (Davidovich, actual directora del despacho latinoamericano de la institución), quien nos abrió los ojos respecto a las capacidades de la comunidad (judía), a las capacidades de las instalaciones médicas y académicas… Así que decidimos invertir y penetrar en la zona”.  

Cooperación México-Israel “por el bien de la humanidad” 

La de Halberthal es una visita relámpago: cuando vuelva a Israel habrá pasado casi tanto tiempo volando hacia México y de regreso, que el que habrá permanecido en esta tierra, enmarcada por grandes montañas que fueron, en su tiempo, volcanes activos, vías de escape para el material magmático que alimenta al mítico “Don Goyo” y que, según calculan los geólogos, encontró en ellos nuevas rutas para salir a la superficie, en el fértil Valle de México. 

Acostumbrado a vivir bajo el rigor de una agenda que hace palidecer a la de un gobernador promedio, el profesor Halberthal ha iniciado sus actividades muy temprano este miércoles 24 de mayo de 2023. Son apenas las 8:00 de la mañana y, tan pronto como a las 9:30, deberá salir rumbo al Comité Central de la Comunidad Judía de México. 

Pese a ello, responde con paciencia cada pregunta que se le realiza. Cuenta, por ejemplo, que apenas ayer en la mañana visitó las instalaciones del Instituto Nacional de Nutrición “Salvador Zubirán”, donde se reunió con la dirigencia de la institución para abrir las puertas que permitan una relación de intercambio entre esta y el Rambam Health Care Campus. 

“Hicimos un recorrido por todo el hospital y discutimos las áreas donde podemos colaborar y hacer cosas juntos. Se trata de un intercambio de conocimientos y creo que nosotros, como médicos, entendemos que el conocimiento que reunimos no es nuestro: por el bien de la humanidad, tenemos que compartirlo”. 

El director del Rambam, una eminencia médica él mismo, está convencido de que “mirando al futuro, no puedes trabajar solo. Hay que trabajar y construir estas alianzas. Entonces, ya señalamos algunas de las áreas en las que podemos colaborar”.

 

“Obviamente, en el lado clínico, en la sala de emergencias; y en el área de las TI (Tecnologías de la Información), tenemos nuestros propios sistemas computarizados que podemos compartir; y también en el lado de la investigación y la innovación”.

Aunque en esta primera visita de Halberthal no se firmó todavía ningún acuerdo de colaboración, él piensa que ocurrió algo mucho más importante:

“Nos estrechamos las manos. Y creo que los elementos de acción son buenos elementos de acción, (entendimos) cómo podemos colaborar y hacer cosas juntos. Y ahora vamos a construir el contexto de todo esto y estoy seguro de que dentro de muy poco tiempo haremos cosas juntos”.

Corazones artificiales  

El mundo cotidiano del doctor Michael Halberthal parece ciencia ficción. Habla con naturalidad sobre técnicas y procedimientos que resultan difíciles de imaginar para quien no haya pasado, como él, toda una vida en los quirófanos, en los laboratorios, en las aulas de las instituciones académicas más prestigiosas. 

Avezado en cardiología pediátrica, el doctor Halberthal describe los retos que el corazón humano representa para la medicina contemporánea, y nos deja echar un vistazo a un futuro no muy lejano, en el que curas asombrosa provendrán del núcleo, corazón al fin, de una simple célula cutánea. 

“Vemos un gran cambio en la cardiología en los últimos años. Si miras los datos de la población mundial, la mortalidad por infarto era la más alta hace unos años. Pero, como ahora tenemos muchas maneras de tratar un infarto, como los cateterismos o la colocación de stents y muchas otras cosas, vemos que el infarto como causa de muerte está decreciendo y, por ejemplo, el cáncer es más alto. 

“Pero vemos una diferencia en el paciente porque, ahora que el paciente vive lo suficiente para ser viejo después de un infarto, desarrolla falla cardiaca. Entonces, tenemos que lidiar con ese problema y hay muchas soluciones para ello. 

“Obviamente, al principio son las medicinas y muchas otras cosas que haces. Pero a veces esto no es suficiente. Y básicamente tienes que ayudar a que la bomba del corazón funcione.

El trasplante de corazón siempre es una solución, pero es una muy difícil porque, primero, necesitas órganos para eso y, segundo, hay todo tipo de problemas de inmunología. 

“¿Cómo haces que este nuevo órgano sea aceptado por tu propio cuerpo? Entonces, lo que hacemos es implantar un dispositivo con el que básicamente pueda funcionar el corazón. Es un dispositivo mecánico y es lo que llamamos dispositivo de asistencia. El corazón está funcionando, pero es una bomba que funciona en paralelo y el paciente puede vivir con ella sin ningún problema”.

Células madre y el futuro de la medicina

Si bien la idea de un “corazón” auxiliar implantado junto al biológico parece alucinante, el futuro de la medicina parece estar en soluciones mucho más poéticas: implantar células madre para que reparen los músculos del corazón. 

En el futuro podrás tomar una célula de la piel del paciente, retroceder en la historia de esa célula y convertirla en una célula madre, y de esa célula madre podremos fabricar, por ejemplo, celular del ventrículo izquierdo del corazón. Entonces, no tendremos problemas inmunológicos porque serán tus propias células”. 

Israel, en general, y el Rambam, en particular, “están muy avanzados en el área de genética, genómica y células madre”, afirma el director de la institución. “En el futuro probablemente seremos capaces de reparar áreas de un corazón con isquemia que no funciona bien debido a un infarto”. 

¿Qué tan lejos está ese futuro?

Se le pregunta a Halberthal, cuya respuesta inicial es un suspiro. Mira por la ventana nuevamente, quizás buscando las palabras correctas, quizás imaginando ese futuro por el que se le inquiere, y responde: “Estamos empezando estudios clínicos en personas, pero creo que todavía hay un largo camino que recorrer”. 

En el campo específico de la cardiología, esta nueva tecnología enfrenta un reto mayor: el corazón está formado por varios tipos de tejidos diferentes. “Entonces, lo que hacemos es… ahora podemos diferenciar la célula madre, hacer la célula madre específica que queremos para, básicamente, reparar un área del corazón”.

El desarrollo de nuevos medicamentos también ocupa al equipo de científicos que trabaja en el Rambam. “Crear una nueva medicina implica un proceso largo, pero al final del día, una vez que has pasado por todo ese proceso, la única manera es probarla en una persona. A veces resulta bien y otras no. A veces tiene efectos secundarios…

“Entonces, lo que podemos hacer en Rambam ahora es tomar una de esas células madre y hacer lo que llamamos un órgano en un chip, entonces podemos construir órganos 3D, muy pequeños, por ejemplo, del pulmón o del corazón, en un disco. Y entonces le administramos medicinas y vemos su efecto. Así podemos acortar la investigación para crear nuevas drogas y hacerla menos cara”. 

Estos “órganos en un chip” ya han sido producidos por los científicos del Rambam: pulmones, corazones, córneas… Un futuro alucinante que es el presente en el que vivimos. Al menos, en el que vive Halberthal en esa vida cotidiana que lo espera al otro lado del mundo. 

Puentes para la paz

En la solapa de su saco, Halberthal porta un pin con el emblema del Rambam Health Care Campus. Se trata de un árbol de la vida. “Nosotros decimos que el tronco es la medicina y las ramas son como puentes para la paz”. 

La forma en que la institución tiende esos puentes comienza desde su organización interna. “La gente obtiene sus puestos con base en sus habilidades, no en su género ni en su religión ni en nada más. Hay personal en puestos altos, en todas las áreas del hospital, de todas las religiones. Trabajamos juntos y nunca ha habido un problema, incluso ahora que vivimos tiempos muy desafiantes en el hospital”. 

Al otro lado de la frontera, en Palestina, las capacidades médicas son muy reducidas. Entonces, el Rambam recibe pacientes y también médicos a quienes forma para que vuelvan a sus países y mejoren la práctica de la medicina allá. 

“Todos saben que Israel estuvo en una situación de guerra con Siria, pero con todo y los eventos que pasaron en Siria hasta hace muy poco, el gobierno israelí decidió abrir la frontera entre Siria e Israel, y solíamos recibir heridos, miles de heridos de los eventos de Siria, sin hacer una pregunta. ‘¿De qué lado son?, ¿por qué resultaron heridos?…’ Solo los tratábamos. 

Algunos venían en condiciones graves, en coma, y los tratábamos en el hospital. Cuando despertaban súbitamente del coma en Israel, ellos pensaban ‘¿dónde están los demonios?’. No somos demonios. Todo aquel que toca a nuestra puerta recibe tratamiento médico porque ese es nuestro compromiso con la humanidad: tratar pacientes”. 

Maimonides, recuerda Halberthal, decía que no era posible separar el alma del cuerpo, y se admira por lo innovador de ese pensamiento, cuyo autor murió hace más de 800 años. Orgulloso de trabajar para una institución que lleva el nombre del sabio judío, el médico se atreve a echar un vistazo al futuro. 

“Rambam Campus le da servicio al norte de Israel: 2.5 millones de personas. Pero ahora sabemos que entre 2048 y 2065, habrá mucho más necesidad de instalaciones médicas. Entonces, estamos creando un plan maestro en el hospital, viendo las necesidades, tratando de prever las necesidades de instalaciones médicas para el norte de Israel.

Seguiremos siendo el único centro de cuidado terciario y el único centro de trauma de Nivel 1., y una de las cosas en las que estamos sumamente involucrados ahora es en crear ese plan maestro. Ahora mismo, el Rambam tiene 1,100 camas, pero tendremos 2,700. El Rambam está construido en 180 mil metros cuadrados, y será cinco veces más grande, más de 900,000 metros cuadrados”. 

En la visión de Halberthal, la infraestructura es solo una parte del futuro. “No nos llamamos Hospital Rambam: nos llamamos Campus de Cuidado de la Salud Rambam.

El viejo enfoque es que, ya sabes, la gente se enferma y acude al hospital porque quiere curarse, pero yo creo que hay más que eso. Parte del asunto es cómo prevenir las enfermedades, cómo promover la salud (…).

“Tenemos que pensar diferente y estoy seguro de que tendremos muchas, muchas áreas de desarrollo en inteligencia artificial que afectaran la manera en que haremos medicina, las terapias  génicas y muchas otras nuevas terapias vendrán; cómo haremos prevención con más inmunización y muchas otra cosas que yo creo que son el futuro. 

El tiempo apremia. La entrevista está por concluir. Halberthal debe continuar con sus actividades del día, antes de volar de regreso a ocuparse de su centro de cuidado de la salud. Pero antes, responde un par de preguntas más. La primera:

¿Cómo puede la gente de América Latina ayudar a su institución?

Ante todo está la colaboración. Somos un hospital del gobierno pero el gobierno no nos apoya para investigación y desarrollo. El dinero para esto lo conseguimos nosotros. Entonces, ustedes tienen una comunidad extremadamente fuerte aquí, impresionante, muy vinculada a Israel, y estamos buscando personas que se asocien con nosotros, que se unan a nuestra visión y nos ayuden a cumplirla. 

Podría quedarme sentado, como director ejecutivo del Rambam, y llorar porque el gobierno no me da. No: nos ocupamos de los problemas, nos ocupamos de la solución y trabajamos juntos. Esa asociación es la solución para crear o básicamente hacer realidad nuestra visión, porque el Rambam está mirando hacia el futuro”. 

Finalmente, se le pregunta al médico si está entre los planes del Rambam crear una asociación de amigos de la institución en México. “Obviamente, necesitamos un bastión en México. Y esta es una de las cosas que queremos hacer, abrir un Amigos del Rambam Health Care Campus. Obviamente, esto es parte de lo que haremos. 

“Esta es mi primera visita aquí. Estamos introduciéndonos y hacer que la comunidad sepa sobre el Rambam es el primer paso. Y probablemente en el próximo futuro, en un futuro muy cercano, vendremos una y otra vez y también haremos un evento y lograremos que la gente participe y quizás lo más importante: que vengan a verlo con sus propios ojos. 

“Todos tienen una invitación abierta para venir al Rambam y les prometo que los recibiremos y veremos las cosas que se hacen allí. Es alucinante. Trabajo en el Rambam desde hace 37 años. Es un lugar asombroso.

Así que creo que es emocionante. Es emocionante conocer nuevos amigos, construir una nueva asociación, construir una nueva amistad. Y, ya sabes, he dado la vuelta al mundo. Creo que el lugar es extremadamente impresionante. La comunidad (mexicana) es extremadamente impresionante. Y estoy seguro, no tengo ninguna duda de que tendremos y haremos cosas juntos”

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