Varias circunstancias, históricas y personales, me conducen a formular esta pregunta.

Las filosas tensiones políticas que hoy se conocen en Israel, la ascendente violencia entre manifestantes y policías, la posibilidad de una deserción masiva en las unidades militares y el creciente temor a una contienda civil que multiplicaría la violencia interna y la posibilidad de agresiones desde el exterior: inquietantes escenarios que ensombrecen el presente y futuro del país.

Y suscitan interrogantes: en estas sombrías circunstancias ¿cambiarán Netanyahu y su gobierno el destructivo rumbo que han adoptado? ¿Desertarán algunos ministros, Gallant en particular, de la presente coalición con el propósito de enhebrar un nuevo gobierno o llamar a nuevas elecciones?

Y si en el marco o más allá de estas posibilidades asciende una coalición encabezada o controlada por elementos nacional-religiosos, ¿se verificará necesariamente el colapso irreversible del Estado judío o este asumirá modalidades que le permitirán sobrevivir en un hostil entorno?

En estas circunstancias me inquieta en particular el irrefrenable ascenso político e institucional de las agrupaciones que actúan en nombre de Jehová y, para evaluarlo, lo inserto en una particular perspectiva histórica.

En tiempos idos me abrumó esta pregunta: ¿atinan regímenes dictatoriales a conceder una selectiva libertad a personajes y a actividades si y cuando estos favorecen su vigor y existencia?

Si la respuesta es positiva conjeturo que el presente y el futuro de Israel ofrecen algunas delgadas perspectivas más allá de los conflictos e incertidumbres que hoy nos abruman.

Contando con la paciencia del lector me permitiré algunas referencias históricas que aportan luces al tema.

La funcional tolerancia del estalinismo

El ascenso de la Rusia estalinista como potencia nuclear en los años de la II Guerra Mundial es materia que intenté estudiar en su momento.

Para no pocos resultaba entonces difícil comprender cómo este país que había secularmente ignorado la democracia acertó sin embargo a adquirir capacidad nuclear en los años cuarenta del pasado siglo, un hecho que exigía la concesión de selectiva libertad física e intelectual a los científicos ocupados en el tema.

La consulta de múltiples fuentes me condujo a concluir que Stalin asumió excepcional tolerancia en este estratégico asunto, incluso en relación al científico judío Lev Landau quien al cabo le ofreció el producto esperado para alcanzar el empate nuclear con EE.UU.

Otro ejemplo: Irán

El régimen autoritario del shah iraní y del régimen dictatorial que norma a Teherán desde la revolución de 1970 hasta nuestros días revelaron una flexibilidad selectiva cuando auspiciaron la creación y el avance de la OPEC como alianza internacional dirigida a asegurar y elevar, en conjunto con otros países, los precios del petróleo.

Para adelantarla impusieron un control selectivo a las tendencias fundamentalistas y autoritarias en el país.

Conveniente tolerancia y elasticidad que en estos días se manifiestan en avances en materia nuclear sin renunciar a los principios dogmáticos de la Shia y a la generalizada opresión ideológica y política que caracteriza a este régimen.

En suma

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Más allá y sin perder la inquietud que hoy abruma me pregunto si las masivas protestas que se conocen en estos días en Israel, incluyendo la incertidumbre y las protestas que se escuchan en las fuerzas militares, en las universidades y en los medios tecnológicos, habrán de conducir necesariamente al colapso del país donde vivimos.

Ya sea para buscar un personal consuelo, ya sea para imprimir alguna perspectiva al presente y al devenir del país, me atrevo a imaginar, con superficial visión histórica, que un ascenso irrefrenable de las agrupaciones que hoy tienen a Jehová como inspiración y rumbo no implicará necesariamente el auto derrumbe de Israel.

En esta perspectiva, muy alejada de mis valores y convicciones, personajes como Smotrich y Ben Gvir concederán, si conquistan excluyente poder, selectiva libertad a los medios científicos y militares para garantizar la supervivencia del país sin renunciar a sus celestiales convicciones.

Un escenario que no solo pondrá fin a la equilibrada democracia israelí. También implicará la ruptura con las diásporas que se adhieren a la democracia y a la creativa convivencia.

Mi gratitud al lector por leer lo escrito y adivinar las intenciones que aquí me presiden…

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