Son las 5:00 de la tarde en el Ángel de la Independencia. Al pie de la imponente escultura, un hombre, con orgullo, ondea una enorme bandera de Israel. Es Enrique Anaya, Director do Relaciones Públicas de  la International Christian Embassy Jerusalem- Mexico (ICEJ). Poco a poco, se le unen amigos, turistas, judíos y no judíos, y hasta israelíes residentes en México.

 

Se escucha el sonido del Shofar: es un clamor a Dios por las víctimas del artero ataque de Hamás contra Israel.

Israel está en guerra. Una vez más, los primeros en manifesarse por Israel en esta hora oscura son los cristianos evangélicos. Han llegado con sus niños, sin miedo, a dar la cara. La explanada del Ángel está llena y estamos cantando el Hatikva bajo la lluvia. Pedimos fuerza para los soldados de Israel. Los paseantes toman fotos. Las banderas blanquiazules y el Ángel forman una hermosa composición.

La sonrisa de Enrique es emblemática. Significa: tus amigos están contigo cuando los necesitas. Aquí estamos, Israel. Confiando en tu capacidad de superar las situaciones más difíciles. De lograr la victoria contra la barbarie.

Los cristianos evangélicos, según el INEGI, son 24 millones. No se puede subestimar su apoyo a Israel, siendo uno de sus componentes la oración diaria por el bienestar del Estado judío. En este evento, vi a israelíes conmovidos hasta las lágrimas por esta manifestación inesperada en el Ángel.

Israel no está solo. Esta cuchillada por la esplada, esta herida profunda al alma del Pueblo Judío, las vidas sacrificadas por el odio desatado, no son solo un golpe a Israel. Las jóvenes brutalizadas, los niños abusados, los muertos y los heridos, son nuestras hijas, nuestros niños, nuestros hermanos.

Hemos despertado desde la masacre con una sensación de duelo, el duelo de la humanidad vejada, violada.

Hamás volvió el mundo una jungla despiadada. La presencia de ICEJ nos devuelve la fe en el ser humano, en su capacidad de compasión y de empatía.

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