El veneno inculcado por la UNRWA contribuyó a preparar el escenario para el 7 de octubre. La comunidad internacional debe revisar su papel respecto a los palestinos para que no se mantenga la atmósfera que facilitó la peor tragedia para el pueblo judío desde el Holocausto.

KENNETH JACOBSON

La noticia sobre la participación de 12 miembros del personal en Gaza de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés) en la masacre de israelíes del 7 de octubre fue chocante y poco sorprendente.

La UNRWA se creó tras la primera guerra entre Israel y sus vecinos árabes cuando, tras la declaración de Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, cinco ejércitos árabes invadieron el Estado judío para intentar que naciera muerto. De ese conflicto surgió el problema de los refugiados palestinos pues muchos miles huyeron de sus hogares en Israel, la mayoría para evitar las consecuencias de la guerra, pero algunos porque los líderes árabes les pidieron que huyeran y dejaran que los árabes asesinaran a los judíos, o porque fueron obligados a marcharse por los israelíes.

Ante el problema de los refugiados, las Naciones Unidas creó un organismo para facilitar ayuda humanitaria a los refugiados dondequiera que estuvieran, pero especialmente en Gaza. La UNRWA no solamente proporciona ayuda a los palestinos, sino que también dirige instituciones educativas para niños palestinos.

Los temas subyacentes de la UNRWA durante décadas eran dos: proporcionar la ayuda necesaria a los palestinos y asegurarse de que el problema de los refugiados no desapareciera. Este último punto es exclusivo del problema de los refugiados palestinos ya que, en otros lugares del mundo donde millones y millones de problemas de refugiados surgieron durante y después de la Segunda Guerra Mundial, se encontraron soluciones para reasentarlos.

Solo en el caso de los palestinos, gracias a organizaciones como la UNRWA, el objetivo no era el reasentamiento sino mantener vivo el sentimiento palestino de agravio y la necesidad de utilizar la cuestión de los refugiados como palanca para generar apoyo para un Estado palestino.

El ejemplo más notorio de este objetivo primordial fue el hecho de que, incluso cuando los palestinos tenían el control de Gaza, siguieron manteniendo los campos de refugiados en lugar de integrarlos en la sociedad palestina.

Mientras tanto, a lo largo de los años, surgieron numerosos informes sobre el sistema educativo de la UNWRA que inculcaba a los niños de Gaza las nociones más venenosas sobre Israel y los judíos. Y a lo largo de los años se hicieron llamados a reducir la financiación de la UNWRA y otras medidas para limitar sus actividades.

Sin embargo, al igual que nadie esperaba el grado de barbarie de Hamás el 7 de octubre, pocos pensaron que el personal de la UNRWA, tan prejuiciado contra Israel, participaría en la matanza de civiles israelíes.

Ahora que reflexionamos sobre la historia de Hamás, en particular sus estatutos antisemitas, nos sorprende menos que hicieran lo que hicieron. Y del mismo modo, tener en cuenta el aluvión de mensajes antiisraelíes procedentes de la UNRWA a lo largo de los años disminuye la sorpresa inicial por el hecho de que al menos 12 miembros de su personal participaran en el ataque.

La pregunta ahora es ¿es redimible la UNRWA? Lo que se necesita mientras la cuestión palestina siga sin resolverse es algún tipo de institución que proporcione ayuda a los palestinos. Así que, si la UNRWA va a seguir desempeñando un papel, debe ser reformada.

Debe ser supervisada adecuadamente para que todo el personal que apoye a Hamás sea expulsado de la organización. Y, más importante aún, para que alguna vez haya una oportunidad de paz, sus programas educativos deben reformarse.

El veneno inculcado por la UNRWA contribuyó a preparar el escenario para el 7 de octubre. La comunidad internacional debe revisar su papel respecto a los palestinos para que no se mantenga la atmósfera que hizo posible el 7 de octubre.

Una UNRWA transformada y una sociedad palestina sin Hamás ofrecen las mejores oportunidades para la paz y un futuro seguro para israelíes y palestinos.

 

Kenneth Jacobson es Vicedirector Nacional de la Liga Antidifamación (ADL).


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