En los últimos días, hemos escuchado insistentes voces —principalmente en Europa, Estados Unidos y la ONU— que expresan abiertamente que no quieren que Israel extienda su operación militar a la ciudad de Rafah, fronteriza con Egipto.

El argumento es que esto provocaría una catástrofe humanitaria, porque en esa zona se han acomodado 1.4 millones de palestinos desplazados por la guerra.

¿Qué hay detrás de esto? ¿Realmente se trata de una preocupación humanitaria, o hay algo más? Irving Gatell desmenuza dos aspectos que también deben tomarse en cuenta.

Uno, que si el colapso de Hamás es total, Israel dispondrá de toda la información capturada en la propia Gaza con la cual podrá demostrar que muchas instituciones, comenzando por la ONU, han sido cómplices del terrorismo palestino durante décadas.

Y dos, que a los sectores de la actual izquierda parece molestarles mucho la posibilidad de que Israel derrote por completo a sus enemigos.

Mientras tanto, la política israelí es abierto desafío a sus detractores, y todo parece indicar que el asalto a Rafah nadie lo va a poder detener.

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