Desde hace seis meses, la placa de los secuestrados cuelga de mi cuello. Dice: “Nuestro corazón está cautivo en Gaza”. Tiene una fecha terrible: 07/10/2023. Y una súplica: devuélvanlos a casa ahora.

Esta placa se asemeja a la que llevan los soldados al combate para ser identificados en caso de muerte o de estar heridos.

Para mí, que no acostumbro llevar accesorio alguno, se ha vuelto parte de mi cuerpo. Me recuerda, al acostarme, al despertar, al verme al espejo, que hay 113 personas cuyos cuerpos están en manos de monstruos, sometidos a hambre, maltratos y abuso psicológico y sexual. 

Sabemos que algunos de ellos ya no están vivos. Y algo más: sabemos que no podremos tenerlos todos porque son los últimos escudos humanos alrededor de las cabecillas de Hamás en sus escondites. Es probable que, al verse acorralados, los terroristas de Hamás los maten. 

Seis meses con la placa al cuello. Es un ligero pedazo de lámina, pero carga la pesadilla diaria de 113 familias incompletas.

Esta placa tiene además características especiales.

Primero, el sonido metálico que produce. Asemeja cadenas. Las cadenas con las que inmovilizan los rehenes en Gaza para torturar sus mentes y sus cuerpos. Me recuerda que estos hermanos míos son esclavos ¡de nuevo! hoy en pútridos túneles. En una época donde, en la mayoría del mundo, se ha abolido la esclavitud tras una lucha enorme, dolorosa.

Dos. El metal encaja en mi piel. Cuando me acuesto, los bordes se entierran en mi pecho. Evocan el dolor que los cautivos sienten, día a día, segundo a segundo. Y la premura de encontrarlos. “Cuando es de día, quieres que sea de noche. Y cuando es de noche, quieres que sea de día” dijo una rehén liberada.

Tres. Cuando te quitas la medalla, sientes que algo te falta. El Pueblo de Israel es una familia: en esto consiste la apuesta de nuestros enemigos.  Alfonso de Lamartine dijo: “Un ser te falta y el mundo está despoblado”.

Cuatro. Está cerca de mi corazón. Como el bebé de nueve meses secuestrado, Kfir Bibas, que se ha vuelto mi imagen de Whatsapp. Tiene globos a su alrededor porque cumplió un año mientras estaba preso. 

Cinco. La medalla tiene dos partes, así como el mundo se divide en dos: los virtuosos y los terroristas. Quienes entienden lo terrible que es usar el secuestro de civiles como arma de guerra y los indiferentes o, peor aún, los que apoyan los asesinos del 7 de octubre. 

Seis: la medalla da vueltas. De pronto, hay pruebas de vida y levanta la esperanza de las familias. Y de pronto, en un juego psicológico perverso y cruel, los captores de Hamás declaran que no saben dónde se encuentran los rehenes y ni siquiera cuántos de ellos están vivos. Seres humanos están a la vez vivos y muertos. Como el gato de Schrödinger.

Los sabios del pueblo judío han dicho “Quien salva a un ser humano salva al mundo entero”. Si tus plegarias, tus marchas u otra de tus acciones logra salvar a uno solo de los 113 cautivos, habrás salvado al mundo. 

Hoy, celebramos Pésaj. Como lo dice Francisco Gil White, el Éxodo de Egipto no es más que una rebelión de esclavos. La primera rebelión de esclavos de la historia, la que abrió la puerta de la noción de libertad e igualdad al mundo entero . 

Es tiempo de milagros. Esperemos el nuestro. Dios sacará a los cautivos “beyad jazaká ubizroaa netuyá”. Con mano fuerte y brazo extendido.

Y diremos Amén.


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