viernes 21 de junio de 2024

The Best of Men: Ludwig Guttman y un grito por la esperanza

“No está mortalmente herido, ésa es la razón por la que estoy aquí. Hay demasiados hombres jóvenes muriendo, demasiados hombres heridos dañados irremediablemente por negligencia médica” lo dice Ludwig Guttman en una de las discusiones más acaloradas que ha tenido con su colega, pues Ludwig es un médico que acaba de llegar de Alemania al hospital inglés y pronto se ganó la antipatía del lugar. Está a cargo de los pacientes con afectaciones en la espina dorsal, muchos de ellos han sido heridos por la guerra, algunos incluso en su primera semana de servicio. Frente a la alta mortandad que los hospitales tienen con respecto a estos casos, a dichos pacientes suele considerarseles como ya muertos:

“Durante años he estado en una posición difícil, atendiendo a los pacientes con heridas en la columna, viéndolos como se van. Una y otra vez, lo único que hacemos es sostener sus manos y mandar una rosa al funeral. Dr Guttman hace más que eso”.

(Lo dice la hermana Edwards la enfermera a cargo de esa área)

Ludwig Guttman vino a decir que no tiene por qué ser así. Demuestra que la gran mortandad de estos casos no se debe en sí a la parálisis de los pacientes, sino a la mala praxis médica, que al considerarlos ya inútiles no les provee de la atención necesaria, los recursos, ni la esperanza. Le enseña a todo el mundo la diferencia entre ser un paciente “paralizado” a “parcialmente paralizado”, “moribundo” y “muerto”. Pero más importante que todo, se lo enseña a los pacientes. Les demuestra que aún tienen una vida por la cual luchar, les enseña a curar y les da las herramientas emocionales para luchar por ella. Ninguno de ellos es realmente un paciente terminal y la gran mayoría puede hacer su vida con una silla de ruedas.

Sin embargo para que lleguen a ese punto primero tiene que hacerse cargo de la administración del hospital que ni siquiera lo provee de agua estéril para atenderlos, de colchones de calidad porque “no sienten” o que los mantiene en la oscuridad todo el día y sedados “para facilitarles su camino a la muerte”, y primordialmente contra el estigma de ser un “lisiado”. Antes de que se animen a si quiera moverse, antes de curar las heridas y las infecciones que la inmovilidad causa, tiene que demostrarles que su vida tiene valor.

Muchos de ellos llegan pidiéndole que los mate. Preguntan si van a poder caminar de nuevo y el les contesta: “puede que sí, puede que no, pero te prometo vas a dejar atrás la miseria. Tú y yo vamos a hacer este viaje juntos, tienes una nueva vida esperándote”. Gran parte de su práctica consiste en darles esperanza y generar las condiciones sociales que los obliguen a moverse y los obliguen a salir adelante. Dentro de ello es que se le ocurre crear competencias deportivas internacionales para personas con dificultades motrices, mismas que más adelante se convertirían en los Juegos Paralímpicos. Con ello, el médico pretende acabar para siempre con el estigma, impulsar a sus pacientes al reto nuevo y demostrarles tanto a ellos como al mundo que pueden hacer lo que quieran, pueden salir a la calle y tomar en sus manos su vida.

Ludwig Guttman era un médico judío alemán que obtuvo refugio en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial. Era neurólogo especialista en columna dorsal y pudo huir de los nazis porque un paciente en Portugal pidió al gobierno alemán que le diera permiso de salir en 38. Antes de salir salvó a muchos pacientes de la persecusión nazi y de las deportaciones y más adelante salvó a cientos de pacientes con su práctica médica e innovaciones en el ramo hospitalario. Dirigió instituciones hospitalarias nacionales y fue condecorado por la Reina Elizabeth II obteniendo el título de “knight”. Murió en 1960 con 80 años de edad. The Best of Men (Los mejores hombres) es una película que narra los momentos en que entra por primera vez a trabajar al hospital de Stoke Mandeville.

Nos adentra a la vitalidad de su ideología y a la vida y sensibilidad que sus pacientes tenían. Es un grito por el amor a la vida, por el amor al hombre. Nos enseña que siempre se puede mantener la esperanza y que siempre tenemos una responsabilidad para con el prójimo y para con nosotros.

Rabbi Sack Z’’L llegó a mencionar a la película y el trabajo de este hombre como uno de los mejores ejemplos que el valor judío de tzedaká representa. Aquel que nos obliga a tomar responsabilidad por el mundo y la sociedad que construimos en conjunto.

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