jueves 13 de junio de 2024

Daniel Castro Aniyar / ¿Por qué cuesta tanto entender lo que pasa en Gaza?

¿Por qué cuesta tanto entender lo que pasa en Gaza?

En el Planeta de los Simios, la soberbia de la modernidad humana se contrapone al auge del desarrollo intelectual de los simios. Hasta allí vemos lo que espera siempre nuestra cultura: que nuestra civilización sea superada por otra con más capacidad adaptativa.

Pero, en la Guerra del Medio Oriente, las cosas van en un sentido opuesto. Es nuestra incapacidad adaptativa la que está dando lugar a una guerra mayor.

La Guerra del Medio oriente evolucionó, desde tiempos de los soviéticos hasta hoy, de tal modo que los esquemas de paz, crecimiento económico, educación y otros valores que al Occidente moderno le parecían indiscutibles, sus mismos factores de orden y progreso, simplemente ya no funcionaron más.

Para la cultura occidental moderna, tratar de entender esto, ha creado en la opinión pública una respuesta epiléptica: muchos bloqueos de la realidad, resistencias, negaciones, negativizaciones, acusaciones y, como es característico en esta época, un auge de las teorías conspirativas ¿Por qué cuesta tanto entender esta guerra?

En la guerra de Gaza se muestran con increíble claridad dos partes de un conflicto.

Una que propone un acuerdo de paz, basado en el desarrollo tecnológico, educativo y subsidios. Esto es, cientos de millones de dólares provenientes de países que creen que todo se resolverá en la escuela, los libros de ciencia, y los dulces salarios que ofrece el capitalismo, mall y shoppings en medio. Si la globalización es la luz del siglo ¿qué puede fallar? A veces a regañadientes, allí siempre ha estado Israel.

Del otro lado, hay un grupo de tribus, muchas migrantes y diferentes, pero unidas en el Islam, que entran a la modernidad en este mismo territorio.

Pero no observan los beneficios de la nueva época, como sucedió con otros pueblos.

Usan la educación para inyectar odio y juramentos de muerte a los judíos

Reciben increíbles subsidios europeos para hacer túneles de terror y aparecer en los dormitorios de las niñas judías, para violarlas, esclavizarlas y secuestrarlas.

Reciben hospitales de la URNWA, y escuelas de la UNICEF para convertirlos en cuarteles de lanzamiento de misiles, para que cuando el enemigo responda, maten muchos pacientes y mujeres en la maternidad.

Reciben territorios valiosos como Gaza, que ninguna nación recibe así sin más, sin historias de heroísmo, solo por el deseo conciliador de un Primer Ministro. Y luego se dedican a matarse entre ellos, a poner a sus hijos a que los maten los judíos, para que sus bracitos, o sus caras incineradas sirvan “a la causa”.

En otras palabras, reciben tierras, recursos, profesores, tecnologías, de una manera inédita para otros pueblos más pobres y más necesitados del mundo.

Reciben premios de la paz, centralidad en los medios, puestos de periodismo en BBC, canales como Al Jazeera, becas en las mejores universidades del mundo, y ellos, racionalidad moderna afuera, no ven un camino hacia la prosperidad, sino un camino de odio, maximalista, de aniquilación del occidente moderno.

Ellos escupen el dinero de los cristianos y los judíos, pero lo reciben gustosos para aumentar la victimización, que es la fuente misma de los recursos. Y, con ello, preparan la derrota y humillación de quien tiene compasión por ellos. Transmiten juramentos de destrucción definitiva a sus hijos, contra pueblos vecinos y otros musulmanes, y sus líderes agradecen a Di’s cuando su gente muere porque, así dicen, irá al cielo.

La de Gaza es una guerra entre la modernidad, con todos sus apetitos capitalistas, con fuentes indeclinables de razón y progreso, y la antimodernidad, con profundo odio a quienes financian sus caminos.

No es el único caso que conozco de cerca como antropólogo.

Gaza e Israel son una misma tierra sin petróleo, sin esmeraldas o coltán. Sin embargo, cuando los periodistas financiados por AP, que participaron orgullosos en las atrocidades del 7 de octubre, entraron a los kibutzim, proclamaron felices “hubieras visto hermano, nuestras tierras, qué verdes son, qué hermosas son”.

Sorprendente. Yo viví en Ashkelon y conozco bien esas tierras. Son idénticas a las de Gaza. Son las mismas tierras las de Jericó y las de Maale Adumim. Son las mismas tierras allá y acá, y por tanto, sucede que envidian lo que ya tienen bajo sus pies. El Negev y el desierto de Jordania es la misma tierra. Pero ellos quieren el Negev. El color de piel es similar, los pájaros son los mismos, los árboles son los mismos y las piedras idénticas. Es como la frase “el césped de enfrente siempre es más verde” pero con terrorismo.

Sinwar

Sin embargo, Sinwar hizo la que creo es la declaración más importante de esta guerra. Yahya Sinwar, líder de Hamás en Gaza, mientras estuvo preso en una cárcel de Israel, contaba a una periodista su gran plan: cuando ellos destruyan a Israel, y expulsen a todos los judíos, dejarían solo a los científicos, y les obligarán a que les enseñen todo, para que puedan conducir el país igual que Israel.

Fíjense bien en el plan: el líder del fatídico 7 de Octubre propone eliminar a los judíos, dejar vivos a los científicos y médicos, y obligar a los supervivientes de ese Holocausto, que les enseñen todo. No solo es macabro, sino que imagino que piensa que la anatomía, o la física espacial es como hacer hummus. Gran plan [El futuro os depara grandes cosas, oh Palestinos de Gaza].

Todos los criterios de Hamás son premodernos y, además, anti-modernos. Violar mujeres no musulmanas, acusarlas a ellas de la misma violación, poner a sus hijos en el frente de batalla, y no dejar ni un centímetro de túneles en Gaza para proteger a su pueblo, por ejemplo, parece todo sacado de un sultán tirano de las Mil y Una Noches. Solo sobrevivirán los que se roban la ayuda humanitaria y se esconden en sus túneles, esto es, los terroristas, porque no hay ni un ápice de democracia moderna en esta modalidad palestina de odio. Ni un ápice del siglo XIX ó XX. Es la misma Jihad que destruirá a judíos y cristianos.

¿Contra qué resisten?

Pero en el mundo, a pesar de tener acceso a esta información, millones deciden creer lo más simple. Por ejemplo: los judíos son genocidas, ocupantes, nazis, illuminatis, reptiles, satánicos y, por supuesto, como siempre sale de la chistera mágica, deicidas.

Así en Europa, los de la ideología sandía se han hecho héroes de la resistencia ¿Pero… contra qué resisten? ¿Contra la ocupación? ¿Contra el genocidio? No hay ni una cosa ni la otra. Realmente se resisten a la modernidad. Son, nunca mejor dicho, post-modernos.

No quieren ellos una nueva modernidad, solo quieren denunciar la que tienen. De hecho, creen que nunca van a desaparecer y por eso patean todo con demasiada confianza. Apoyan y predican la banalidad, y sus argumentos se caen solos. Sentencian discriminación, ataques y muerte por el efecto hipnótico de imágenes sangrientas en las redes. Colocan el carisma encima del argumento. Ponen la compasión por los niños bajo fuego sobre los procesos que llevaron todo hasta allí. Ponen el romanticismo de la bandera sandía y la pañoleta blanqui-negra sobre el esfuerzo pacifista de miles de árabes muertos, torturados y encarcelados. Ponen la ilusión de amor al mundo, por sobre el verdadero sufrimiento del mundo. Todo está dado, masticado por los líderes palestinos, iraníes y qataríes, y ellos pondrán la belleza y el carisma occidental. Muy parecidos a la Met Gala, pero éstos más sinceros.

Universidades

En las universidades, en las que yo trabajo como científico, tengo que reconocerlo con tristeza: la banalidad, el vacío y la ignorancia se aplauden demasiado. Las ciencias políticas se hicieron construccionistas y narrativistas, fuentes de la post-modernidad filosófica. Mientras los chinos se encargan de la producción, sobre todo de las máquinas, y se disciplinan con el trabajo, los occidentales modernos flotan en una burbuja de servicios y dulces abstracciones del capitalismo (como la moda, el cine, el diseño, la belleza física, los modales, los memes, la alta culinaria, la cultura de la sexodiversidad …).

Igual que Emily en Paris, pero todo floreciendo de la vanidad, no de la cultura o el trabajo. Las universidades están llenas de profecías autocumplidas “políticamente correctas”, que no tienen que ver con la verdadera ciencia, rebelde e irruptora.

Discursos stylish y pomposos que llevan los profesores encima como condecoraciones, porque hoy las narraciones son más importantes que las evidencias y la utilidad.

Una pequeña evidencia de esto es que los países desarrollados de occidente se quedaron sin ingenieros, y cada vez más las maquinas fallan, se hacen fútiles y obsolescentes.

Así, posmodernos y anti-modernos se encontraron un día románticamente en el campus de Columbia University. El amor y el interés. Y funcionan, esto es, que se ven bien en la misma foto familiar. Los dos son los lados de una cuerda que tensa peligrosamente al occidente moderno, y que lo lleva a una guerra sin defensas, sin principios.

Esa cuerda se rompe en Gaza.

 


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudío

 

 

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