La escena de las mujeres soldado de las FDI en los rudos brazos del Hamás desde las primeras horas del trágico 7 de octubre es acaso la más oscura expresión del gobierno de Netanyahu.
Ya nadie ignora o desmiente que en las primeras horas de aquel oscuro día Bibi fue debidamente informado por la inteligencia militar con el fin de frenar la ofensiva. Pero por algún cálculo o como rehén de un torpe desprecio al liderazgo del Hamás prefirió abstenerse de cualquier acción para neutralizar al invasor.
Unidades policiales tomaron la iniciativa de frenar a tempranas horas de la mañana las hordas del Hamás que asesinaban sin frenos a los participantes en un público espectáculo y a miembros de los kibutzim cercanos.
Contingentes que pagaron caro por este heroico empeño.
Estas agresiones fueron precedidas por la invasión y el total desmantelamiento de núcleos militares israelíes localizados en la frontera con Gaza.
Militaban en estos marcos unidades de ambos sexos responsables de vigilar con medios electrónicos las hostiles maniobras en el área.
A pesar de que desde tempranas horas estas unidades informaron al alto mando militar la masiva invasión por parte del Hamás, ninguna unidad militar fue activada excepto dos helicópteros que revelaron restringida acción.
Gravísimo error que facilitó la conquista de las unidades fronterizas por parte del Hamás. Sin opciones, la muerte fue la trágica suerte de la mayoría de los efectivos en estas bases.
No obstante, respecto a las jóvenes soldados revelaron una actitud desigual. Las hirieron y humillaron antes de ser trasladadas como rehenes a Gaza.
Desde entonces apenas se conoce el destino de ellas. Es altamente probable que son objeto de humillaciones personales y sexuales al lado de los 128 rehenes en los espinosos brazos del Hamás.
La indiferencia del gobierno de Netanyahu a estos graves hechos fue y es grave. Un delito más por el cual será enjuiciado cuando cesará la actividad militar con sombríos resultados y un tribunal juzgará su conducta.
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