El martes 21 de enero, en el Auditorio “Hombres de la Reforma” de la Gran Logia Valle de México, el destacado Dr. Mario Sinay ofreció una conferencia magistral que brindó una perspectiva invaluable sobre uno de los episodios más atroces y devastadores de la historia humana: el Holocausto.
Durante su intervención, invitó a la comunidad a reflexionar sobre temas cruciales como la justicia, el valor de la memoria histórica y la importancia de construir un futuro más iluminado, en el que nunca se repitan los horrores del pasado. La conferencia tuvo lugar en el marco del “Día Internacional del recuerdo del Holocausto”, que se conmemora cada 27 de enero; fecha establecida por las Naciones Unidas en Estocolmo en 2005.
El evento dio inició con un minuto de silencio por los 60 millones de seres humanos que perdieron la vida en el Holocausto, personas judías y no judías.
En su exposición, el Dr. Sinay abordó diversos temas, incluyendo la prohibición de la masonería y la persecución sufrida por sus miembros durante la era nazi. Al respecto, explicó cómo el símbolo de una pequeña flor azul fue elegido como el emblema masónico y como un recordatorio “de la eternidad del espíritu sobre la materia de la vida y la muerte”.
Este símbolo de la pequeña flor azul permitía a los masones reconocerse discretamente entre sí para reunirse y continuar celebrando sus rituales en secreto. El ponente presentó, además, estadísticas impactantes que ilustraron la magnitud de esta persecución, enunciando que, en ese momento, en los países europeos ocupados por los nazis, había alrededor de 800 mil masones, de los cuales pudieron ser exterminados entre 80 mil y 200 mil por el régimen nazi.
En un ambiente emocionalmente impactante, el Dr. Sinay aludió al escritor italiano Primo Levi, quien nos recuerda que “si comprender lo que sucedió es imposible, conocer es necesario”.
A partir de esta reflexión, dio pie a la primera intervención, “tratando de ser las voces de quienes lo vivieron”:
“La liberación de Auschwitz-Birkenau tuvo lugar en la tarde del 27 de enero de 1945. Este campo de concentración y exterminio fue el único en el que se tatuaba el brazo a los prisioneros, un proceso que simbolizaba la deshumanización a la que eran sometidos. De los prisioneros, el 90% fue enviado directamente a la muerte, mientras que el 10% restante fue destinado a trabajos forzados o postergación de la muerte”.
“El número total de víctimas asesinadas en Auschwitz asciende a 1,100,000 personas, de los cuales un millón eran judíos, 70 mil polacos, 20 mil prisioneros de guerra soviéticos, 23 mil gitanos y otras minorías. El Dr. Sinay señaló que, dentro del campo, la diferencia entre prisioneros judíos y no judíos era la jerarquización, donde los prisioneros judíos ocupaban el peldaño más bajo, incluso por debajo de las ratas y las pulgas, lo que refleja la extrema degradación que vivieron. Finalmente, de los miles de prisioneros que pasaron por Auschwitz, solo alrededor de 60 mil lograron sobrevivir”.
Tras ofrecer una breve introducción, el Dr. Sinay estructuró su intervención en tres partes, con el propósito de transmitir testimonios reales de quienes vivieron, liberaron y sobrevivieron a la tragedia de Auschwitz Birkenau.
Previo a compartir los testimonios, el ponente enunció:
“Primero nos decían: los judíos no pueden vivir entre nosotros como judíos, después nos dijeron: los judíos no pueden vivir entre nosotros y finalmente nos dijeron: los judíos no pueden vivir…”
Con estas palabras comenzó la primera intervención, en donde compartió los testimonios de los soldados soviéticos que liberaron a los prisioneros sobrevivientes. Algunos fragmentos son los siguientes:
“…a las puertas del infierno…”
“…estuve al lado del crematorio, hay huesos, pilas de zapatos, hay zapatos de niños en las pilas, el horror es total, imposible de describir…”
“…es como si hubiéramos penetrado al lado oscuro del corazón, en el más despreciable interior del corazón maléfico de Auschwitz …”
“…la falta de humanidad del hombre, ¿qué pasó con el precepto que establecía amarás a tu prójimo como a ti mismo?…
“…al respirar ese aire comprendías que aquí había personas que ya habían pasado por su muerte…”
En la segunda parte de la intervención, el Dr. Sinay compartió algunos testimonios de las personas que lo vivieron:
“… ven, acércate, tú feliz ciudadano del mundo que vives en aquella tierra en donde aún existe la dicha, la alegría y el placer. Yo te contaré cómo los modernos civiles criminales tocaron en desgracia la felicidad de mi pueblo, hicieron que las alegrías se esfumaran y se convirtieran en una pena eterna…ven, acércate, tú ciudadano libre… y te contaré cómo pisotearon la moral de la vida y aniquilaron las leyes de la existencia…”
“…en este planeta la gente no tiene nombre, no tiene padres y no tiene hijos… no vivieron según la ley de nuestro planeta y no murieron según aquellas leyes…”
“…las sombras de los muertos son multitud, un lugar en el que los vivos están muertos, donde sólo la muerte, el odio y el dolor aún existen…”
“…En Auschwitz, el hambre se vuelve una tortura y una fuente de ansiedad… el hambre es el último viaje a la frontera de la consciencia humana…”
En la tercera parte, el Dr. Sinay compartió la devastación emocional de los prisioneros liberados, de los sobrevivientes, a quienes ni siquiera la liberación podía alegrarlos o aliviarlos; eran liberados, pero no libres.
Un par de fragmentos de sus testimonios son los siguientes:
“…me quitaron todo, padres, hermanos, pasado…éramos personas sin alma para iniciar un nuevo camino ¿qué camino? ¿hacia dónde ir? ¿cómo empezar? La vida me aterraba…”
“…creo que aquel duelo nunca fue mas grande que aquel día de liberación…”
A través de las estadísticas, los datos y los testimonios compartidos, el Dr. Sinay enfatizó la importancia de preservar la memoria de las víctimas del Holocausto, de educar a las siguientes generaciones con el mensaje de nunca más y de seguir sembrando la esperanza de un mundo libre de odio y de violencia.
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