Todo el tablero del ajedrez político en Europa del Este y Medio Oriente está cambiando radicalmente con la nueva postura de Estados Unidos hacia el régimen de Putin. ¿Cómo queda Israel en esta nueva situación?
Para ser honestos, básicamente queda igual. Incluso, puede decirse que su posición se refuerza.
Hay que recordar que Israel nunca se posicionó completa y abiertamente a favor de Ucrania, y eso incluso sirvió para que en algunos momentos el gobierno de Netanyahu pudiera fungir como enlace entre Estados Unidos y Europa con Rusia.
Esto, porque las relaciones entre Israel y Ucrania tampoco fueron miel sobre hojuelas. En muchas ocasiones, Ucrania votó a favor de pronunciamiento pro-palestinos en la ONU, algo que, por supuesto, nunca fue del agrado de Israel.
De todos modos, la sensación justificada era que Israel y Ucrania de algún modo tenían que verse como aliados naturales, toda vez que había una clara complicidad entre Rusia e Irán.
Las cosas han cambiado drásticamente, y no porque haya llegado Trump a la presidencia de los Estados Unidos, sino porque al destruir el poder militar de Hezbolá, Israel provocó la caída del régimen de Bashar el-Assad.
Siria era un país pobre e inútil, totalmente copado por Irán, pero también por Rusia. Tenía dos ventajas: una era justo esa debilidad, que ponía a Assad en una situación vulnerable desde la cual no podía resistirse a la ayuda de Irán y Rusia, aunque esta significara rendir su soberanía a los intereses de estos dos país. La otra era su ubicación geográfica: Siria era la puerta hacia el Medio Oriente, pero también hacia el Mar Mediterráneo por medio del puerto de Tartus. Desde ahí, Rusia tenía garantizada una ruta directa hacia África sin tener que lidiar con los caprichos turcos en el Estrecho del Bósforo.
Todo eso se perdió con la caída de Assad. Sin el puerto de Tartus, ahora sí, todo depende del Bósforo, y Rusia queda acotada por Turquía. Con ello, Putin simplemente perdió su condición de líder global, y su Rusia semi-zarista quedó reducida a potencia regional.
Trump, más listo de lo que mucha gente quisiera admitir, tomó nota de eso, y lo está aprovechando muy bien para echar adelante sus planes en el Medio Oriente.
Veámoslo desde este enfoque: el mayor riesgo para la estabilidad en el Medio Oriente, en este momento, es Turquía. Tras el colapso del poder regional de los ayatolas, Erdogan ha movido sus fichas para empezar a rellenar esos vacíos de poder que quedaron en Siria y Líbano. A él se le debe, más que a nadie, la caída de Assad. Aprovechando el debilitamiento máximo sufrido por Hezbolá, Turquía le dio el empuje a las milicias islamistas que, en su avances hacia Damasco, no encontraron ya ninguna resistencia.
Con ello, Turquía ha tomado el control objetivo del norte de Siria.
Pero quiere más, especialmente la zona petrolera que está bajo poder de los kurdos. En el corredor central que conecta a Damasco con Alepo, y luego con la costa, los grupos islamistas no controlados por Turquía están tratando de consolidar un gobierno sólido, y eso puede provocar fricciones con las milicias pro-turcas. Y en el sur están los drusos, ahora abiertamente aliados con Israel.
Un panorama explosivo que puede volverse una nueva guerra civil en un país devastado. Y todo, por culpa de la obsesión imperialista de Erdogan.
La presencia estadounidense en Gaza —un proyecto que cada vez empieza a verse como más factible— marcaría un alto al expansionismo turco. Pero eso es algo que todavía tardaría un poco en lograrse.
¿Cómo marcarle el alto a Erdogan?
Israel ya tomó sus propias medidas, reforzando su alianza con los drusos y dejándole en claro a los grupos islamistas que no tolerará ninguna incursión militar hacia el sur de Damasco.
Estados Unidos, por su parte, jugó su carta con Rusia. El acercamiento de Trump con Putin es mucho más de lo que se aprecia a simple vista. Por una parte, había un conflicto potencial a causa de que Putin perdió el puerto de Tartus y la posibilidad de influir en el Mar Mediterráneo, justo cuando Trump anunció que quiere quedarse con Gaza. Eso significaría, entre otras cosas, que la presencia rusa sería sustituida por la presencia estadounidense en esa zona estratégica. Así que había que darle algo a cambio a Putin para que dejara correr el plan estadounidense sin problemas.
Pero hay más: reforzando el acercamiento con Rusia, Turquía queda rodeado. Estados Unidos e Israel en el sur, Rusia en el norte. Con ello, todos los deseos expansionistas de Erdogan prácticamente quedaron sepultados.
Por eso no resulta nada extraño que en los últimos días los canales de comunicación entre Rusia e Israel se hayan reactivado.
Putin, poco a poco, está abandonando a Irán y al eje chiíta, porque ahora encuentra mejores alicientes en occidente y el eje sunita (aliado de Estados Unidos y, casi con toda seguridad, en breve también aliado de Israel).
Viendo el panorama completo, Estados Unidos no ha cambiado gran cosa su posición. Cambió su política exterior, pero su rol como potencia mundial sigue siendo el mismo. Contrario a lo que mucha gente piensa, el que está haciendo los cambios más importantes es Rusia.
¿E Israel? Igual. Es el único que no ha tenido que hacer ningún ajuste drástico para seguir adelante en la búsqueda de sus objetivos militares.
Al contrario: el panorama político en Europa del Este y en el Medio Oriente se está moviendo en contra de Irán, y ya se habla de que los Acuerdos de Abraham no sólo serían firmados por Arabia Saudita, sino que incluso podrían integrar a Siria y Líbano.
Si eso pasa, la derrota iraní está completa. Israel quedará reforzado, Estados Unidos querrá consolidar su posición en la zona por medio de la ocupación de Gaza y, fuera de todas las previsiones que se hicieron en otras épocas, Rusia tendrá que hacer los mayores ajustes para adaptarse a esta nueva realidad.
Al tiempo.
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