Catherine Perez-Shakdam/ La inacción del Reino Unido ante el radicalismo islamista es una crisis para Israel y Occidente

Protesta antiisraeli en febrero ante un partido de futbol de la Premier League entre el Manchester City y el Chelsea en Manchester. Una encuesta de la Sociedad Henry Jackson muestra que un tercio de los musulmanes britanicos desea la implementacion de la sharia en el Reino Unido. (Credito de la foto: Carl Recine/Reuters)

El 12 de marzo de 2025, la Cámara de los Lores acogió un importante evento organizado por Trends y el Foro de Relaciones Exteriores, presidido por Lord Walney, en el que se examinó minuciosamente la amenaza inmediata de la Hermandad Musulmana para el mundo árabe y Occidente. No se trató de una discusión rutinaria, sino de una exploración profunda de la preocupante evolución del Reino Unido hacia una incubadora de radicalismo.

 

El Reino Unido debe abandonar la peligrosa creencia de que las críticas a la ideología islamista radical equivalen a islamofobia y, en su lugar, adoptar la postura clara de los Emiratos Árabes Unidos de proteger a la sociedad de esta amenaza.

 

Basándose en el perspicaz discurso surgido, este análisis revela un serio desafío: las universidades y los medios de comunicación del Reino Unido, influenciados por la ideología de la Hermandad Musulmana, la financiación catarí y la reticencia a aplicar la ley, se enfrentan a un momento crítico. Los riesgos son profundos, y la reticencia del Reino Unido a abordar esta amenaza —a menudo malinterpretada como tolerancia o «islamofobia»— pone en peligro no solo su propia estabilidad, sino también la seguridad de Israel y el orden occidental en general.

El evento, una colaboración entre Trends y el Foro de Relaciones Exteriores (FFR), reunió a un distinguido grupo de expertos, legisladores y defensores bajo el reflexivo liderazgo de Lord Walney. Los ponentes, incluida yo misma, desmontamos cuidadosamente la fachada de moderación que rodeaba a la Hermandad Musulmana, presentándola no como un movimiento sociopolítico benigno, sino como una fuerza revolucionaria fundada en 1928 por Hassan al-Banna. Su principal pensador, Sayyid Qutb, desarrolló un marco para el extremismo yihadista, desafiando la soberanía nacional, los gobiernos seculares y la custodia de La Meca por parte de la Casa de Saud, la cual la Hermandad busca arrebatar.

El papel de la Hermandad en inspirar a grupos como Al Qaeda, Hamás e ISIS quedó claramente articulado, junto con su ambición de imponer un estado islámico totalitario. Cabe destacar que el debate destacó su alianza, a menudo pasada por alto, con el régimen iraní, cuestionando la suposición común de que el radicalismo sunita y chií no pueden solaparse.

Esta alianza, en la que Irán apoya a agentes de la Hermandad como Hamás y los hutíes, busca desestabilizar el orden árabe, una realidad que con demasiada frecuencia ignoran los expertos que se adhieren a perspectivas obsoletas.

El Reino Unido se ha convertido en una incubadora de radicalismo.

Aurele Tobelem, nueva directora de investigación de FFR, dejó dolorosamente clara la idea de que las universidades y los medios de comunicación del Reino Unido han sido infiltrados, y su santidad se ha visto comprometida por la riqueza catarí y una cultura de capitulación.

Campus como la London School of Economics (LSE) y el King’s College de Londres se han convertido en crisoles de odio, donde las sociedades estudiantiles acogen a oradores vinculados a la Hermandad, como se relata en el informe de Policy Exchange de 2018, “Extremismo en el Campus”.

Los estudiantes judíos sufren un aluvión de vitriolo y violencia, sus voces acalladas por turbas radicales, pero las universidades tiemblan, temiendo acusaciones de reprimir la libertad de expresión o, absurdamente, de “islamofobia”.

La Ley de Educación Superior (Libertad de Expresión) de 2023, destinada a salvaguardar el debate, ha sido tergiversada para proteger a los extremistas, mientras que el Fondo de Seguridad Comunitaria (CST) reporta la asombrosa cifra de 1.978 incidentes antisemitas en el primer semestre de 2024, incluyendo 17 en campus universitarios.

La financiación catarí, como los 10 millones de libras esterlinas invertidos en la London School of Economics en 2018, ha corrompido el mundo académico, mientras que Al Jazeera y otros medios respaldados por Qatar difunden narrativas de la Hermandad, como se señaló en el artículo de The Guardian de 2015: «Reino Unido acusado de hacer la vista gorda ante la Hermandad Musulmana».

Este control financiero, sumado a la incapacidad del Reino Unido para proscribir a la Hermandad, a pesar de su designación de organización terrorista por los Emiratos Árabes Unidos en 2014, ha normalizado el pensamiento radical, erosionando nuestro tejido democrático.

La negativa del Reino Unido a aplicar la ley con determinación, su reticencia a proscribir a la Hermandad y su grotesca combinación de crítica e islamofobia constituyen un abismo moral y estratégico. Como advierte el informe de 2012 de la Sociedad Henry Jackson, «La Hermandad Musulmana en el Reino Unido: ¿Una amenaza para la seguridad nacional?», esta narrativa silencia el escrutinio, lo que facilita el ataque multifacético de la Hermandad: infiltración, radicalización y violencia.

Las universidades, paralizadas por el temor a represalias legales o la indignación pública, descuidan políticas antirradicalización como Prevent, mientras que los medios de comunicación, influenciados por Qatar, amplifican la propaganda extremista, socavando la confianza pública y la seguridad nacional.

Esta complacencia pone en peligro no solo a Gran Bretaña, sino también a Israel y Occidente. La alianza de la Hermandad con Irán, ignorada por muchos debido a suposiciones arcaicas sobre las divisiones sectarias, alimenta una cruzada compartida para desestabilizar a Arabia Saudita y expandir el dominio islamista, amenazando a las comunidades judías y los valores democráticos.

Casos históricos, como la radicalización de Umar Farouk Abdulmutallab en el University College de Londres, ponen de relieve cómo los campus fomentan el terror. El fracaso del Reino Unido en emular la férrea determinación de los Emiratos Árabes Unidos corre el riesgo de transformar nuestras calles y aulas en plataformas de lanzamiento para la furia yihadista.

Este momento exige un ajuste de cuentas riguroso. El Reino Unido debe prohibir la Hermandad Musulmana y sus afiliados, desmantelar sus redes en el ámbito académico y los medios de comunicación, e implementar políticas rigurosas para perseguir la incitación y combatir la radicalización. Las universidades deben establecer códigos de conducta estrictos, capacitar al personal y al alumnado con herramientas como Educar Contra el Odio y colaborar con las fuerzas del orden.

El Reino Unido también debe abandonar su peligroso engaño que equipara la crítica a la ideología islamista radical con la islamofobia, adoptando en su lugar la firme claridad de los Emiratos Árabes Unidos para proteger a nuestra sociedad de este peligro existencial. Esta caracterización errónea, arraigada en un miedo equivocado a ofender, ha paralizado la acción contra la Hermandad Musulmana, permitiendo que su insidiosa influencia se encone en nuestras instituciones.

Para Israel, esto no es un espectro lejano, sino un asedio en primera línea. La influencia de la Hermandad Musulmana, amplificada por la financiación catarí y su colusión encubierta con el régimen iraní, pone en peligro directo a los estudiantes judíos en los campus del Reino Unido, el proyecto sionista y la frágil estabilidad de Oriente Medio.

Los lectores deben atender esta advertencia con urgencia, presionando a sus gobiernos, tanto en Israel como en Occidente, para que actúen con decisión. De no hacerlo, corren el riesgo de permitir que la complacencia del Reino Unido desencadene una conflagración de terror yihadista que podría engullirnos a todos, dejando a Israel aislado y a Occidente vulnerable.

Sin embargo, hay esperanza en la unidad. Los Acuerdos de Abraham, forjados en 2020 para normalizar las relaciones entre Israel, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y, posteriormente, Marruecos, deben convertirse ahora en un marco sólido para una colaboración global contra el mal de nuestro tiempo: el yihadismo. Llamados así para evocar la herencia compartida del judaísmo, el islam y el cristianismo a través de Abraham, estos acuerdos ofrecen un modelo de cooperación que trasciende las animosidades históricas.

Ampliando esta alianza para incluir a Arabia Saudita, Egipto y otras naciones recelosas de la Hermandad Musulmana e Irán, podemos forjar una coalición para contrarrestar la expansión del radicalismo. La firme postura de los Emiratos Árabes Unidos contra la Hermandad Musulmana, combinada con la visión estratégica de Israel y los recursos de Occidente, podría constituir un formidable bastión contra la ideología yihadista.

Esta alianza priorizaría el intercambio de inteligencia, las operaciones antiterroristas conjuntas y las campañas públicas para exponer la verdadera naturaleza de la Hermandad Musulmana, así como el papel de la financiación catarí en su mantenimiento.

Este marco, arraigado en el espíritu de respeto mutuo y seguridad de los Acuerdos de Abraham, no solo protegería a Israel y a su diáspora, sino que también salvaguardaría al mundo árabe y a Occidente de las ambiciones totalitarias de la Hermandad Musulmana, garantizando un futuro donde la sombra del yihadismo ya no se cierna sobre nuestra humanidad compartida.

La autora es la directora ejecutiva del Foro de Relaciones Exteriores.

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