Desde la Segunda Guerra Mundial, el estigma del antisemitismo se volvió indeseable entre las almas políticamente correctas.
Y, sin embargo, el antisemitismo es una enfermedad social y cultural profundamente arraigada en todos lados.
La extraña mezcla de estos dos factores provocó la aparición de muchos antisemitas a los que les duele admitir que lo son, y por ello se lo pasan buscando pretextos para rechazar la etiqueta.
Irving Gatell, partiendo de las definiciones y criterios planteados por Natán Sharanski y la IHRS, nos explica cómo saber si algo o alguien es un verdadero antisemita, y sólo está jugando a esconder su odio por el pueblo judío.
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