En unos pocos y concisos versículos, la Torá describe la idea del faraón y su “solución final”.
El faraón ideó un plan de cuatro etapas para lograr su objetivo:
Demonizar y difamar a los judíos.
Debilitar a los judíos económicamente, quitándoles sus bienes e imponiéndoles impuestos de extranjeros.
Esclavizar a los judíos.
Exterminar a los judíos.
Nos enfocaremos ahora en la primera parte del plan del faraón: la completamente injustificada difamación antisemita.
CAMBIO DE GOBIERNO
Algún tiempo después de la muerte de Yosef, hubo un cambio de gobierno en Egipto: un golpe de Estado o una nueva dinastía de faraones que tomó el poder por la fuerza. Como ocurre comúnmente en la política, el nuevo faraón era antagonista a la dinastía anterior, y se convirtió en enemigo de sus amigos. Eso incluía al pueblo de Israel, que había sido el aliado más cercano del faraón anterior y había obtenido grandes beneficios de esa relación: paz y prosperidad que derivaron en un crecimiento poblacional sin precedentes.
Para justificar su hostilidad hacia los judíos y lograr que el pueblo egipcio se contagiara de su odio, el faraón reescribió la historia egipcia, presentando a Yosef —un prócer— como un tirano que esclavizó a los egipcios y benefició exclusivamente a su propia familia. El faraón debió invertir muchos recursos en esta campaña revisionista, ya que Yosef, el miembro más destacado del pueblo judío en Egipto, era considerado un héroe nacional por haber salvado al país de una hambruna devastadora.
Finalmente, el faraón tuvo éxito en su campaña de odio, demonizando a los judíos como abusadores, xenófobos y traidores.
La Torá registra el discurso del faraón con breves palabras pero con una precisión escalofriante. Lo más aterrador es que, de forma increíble, los argumentos de este discurso siguen siendo el repertorio usado por los antisemitas modernos.
Veamos:
Éxodo 1:9: “Y [el faraón] dijo a su pueblo: He aquí que el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más poderoso que nosotros”.
DEMAGOGIA
“Y dijo a su pueblo”. Nótese que el faraón no se dirige a sus consejeros o a su gabinete, como normalmente lo haría un rey, o como lo hizo en otras ocasiones (por ejemplo, durante las plagas). En este discurso, el faraón le habla directamente al pueblo, algo muy inusual. ¿Por qué lo hace? Porque decidió invertir todo su poder de persuasión para cambiar la opinión de los egipcios sobre los judíos. Este discurso directo tuvo un gran efecto propagandístico.
UN PUEBLO APARTE
“Y dijo a su pueblo: He aquí un pueblo [aparte]: los hijos de Israel”. Los judíos vivían en Goshen para seguir sus propias tradiciones, pero eso los hacia desleales a Egipto. El faraón menciona cínicamente la separación de los judíos —probablemente aludiendo a la endogamia: que los judíos solo se casan entre sí— para convencer al egipcio común que los judíos no se consideraban parte de la sociedad egipcia. Esta es la primera semilla que plantó en la mente del pueblo egipcio: que los judíos son elitistas y xenófobos, porque socialmente se mantienen separados.
DEMASIADOS JUDÍOS
Luego dice que los judíos son demasiados: “Son más que nosotros”. Aquí el faraón miente de manera rotunda, al igual que los antisemitas modernos que exageran constantemente la cantidad de judíos en posiciones de poder político o financiero para convencer al mundo de que los judíos son una amenaza global. Irónicamente, la única vez que los antisemitas minimizan el número de judíos es cuando los judíos son víctimas. “En la Shoá ¡no murieron seis millones de judíos!”. O “las violaciones, la tortura y los asesinatos a civiles judíos del 7 de octubre son un invento, Hamas solo mató a soldados israelíes” diría un antisemita moderno.
LOS JUDÍOS SON RICOS
El faraón caracteriza a los judíos como poderosos y ricos. Repite la famosa mantra antisemita: “los judíos son más ricos que nosotros”. Y si analizamos la palabra hebrea ממנו con atención, pero sin forzar su semántica, el faraón insinúa algo más que también es escalofriante: no solo dice que los judíos “son más ricos que nosotros”, también dice que “se enriquecieron a costa nuestra”, “¡se hicieron ricos con nuestro dinero!”
Pasemos ahora al siguiente versículo. El faraón continúa su discurso de odio:
Éxodo 1:10: “Y ahora seamos más astutos que ellos, no sea que sigan multiplicándose; y en caso de guerra, se unan a nuestros enemigos, luchen contra nosotros y se marchen del país”.
LOS JUDÍOS SON ASTUTOS
“Seamos más astutos que ellos”. El faraón sugiere indirectamente que los judíos son astutos en forma maliciosa, “maquiavélicos”. Insinúa que, mediante su inteligencia, los hijos de Israel explotaron a los egipcios y les quitaron su dinero. La única forma de tratarlos, dice el faraón, es siendo aún más astutos que ellos. Luego explica que ha llegado el momento de cobrar venganza, de recuperar lo que supuestamente es legítimamente de ellos.
LOS JUDÍOS SON DESLEALES
“Se unirán a nuestros enemigos”. Aquí llega la falsa acusación más conocida del antisemitismo clásico: “En caso de guerra, los judíos nos traicionarán. Se pondrán del lado del enemigo y lucharán contra nosotros”.
Esta espantosa campaña de demonización, que la Torá resume con exquisita precisión en solo dos versículos, alcanzó su objetivo.
Dos versículos después, en Éxodo 1:12, vemos el resultado: ויקצו מפני בני ישראל — “los egipcios sintieron desprecio/odio por los hijos de Israel”. Una vez que el terreno mental ha sido sembrado con propaganda antisemita, los egipcios están listos para aceptar la “solución final”.
GENOCIDIO
Unos versículos más tarde, el faraón revela su objetivo principal y ordena el genocidio:
Éxodo 1:16: “Maten a los recién nacidos varones… pero dejen vivas a las niñas”. Eliminen a los judíos, y al mismo tiempo, ¡abusen de sus mujeres!
El odio y la difamación que sufrimos (y seguimos sufriendo) de parte de los antisemitas comenzó en Egipto.
El discurso del faraón y estas falsas acusaciones, directa o indirectamente, inspiraron todas las teorías conspirativas antijudías desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días.
La historia de Pésaj nunca pasa de moda.
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