Según el medio libanés Janoubia, la peligrosa mafia del Hezbolá deportó recientemente a las familias de casi 400 de sus líderes a América Latina, mientras algunos optaron por buscar asilo en África, lo que se califica como una decisión sorprendente.
Esta medida coincide con la entrega por parte del Hezbolá de la mayoría de sus armas y almacenes al sur del río Litani al Ejército libanés. Esta medida se da en conformidad, por el acuerdo de alto al fuego entre Líbano e Israel, que entró en vigor desde el 27 de noviembre .
¿Cual es la historia?
En un video publicado el lunes en su cuenta X (antes Twitter), el periodista Ali Hamade, editorialista del diario Annahar del Líbano, reveló información que había recibido de un “diplomático latinoamericano” quien detalló que un gran número de familias de líderes de nivel medio de Hezbolá habían sido deportadas del Líbano.
Agregó que los líderes “abandonaron gradualmente el Líbano para establecerse en varios países de América Latina, incluidos Venezuela, Colombia, Brasil y Ecuador“, y señaló que “esas familias son familias de comandantes de campo, no de líderes de alto rango, tal vez porque los líderes de alto rango están en el Líbano y podrían ser deportados a Irán o Irak”.
Revelando que esta medida se tomó “porque la maquinaria militar de Hezbolá será desmantelada tarde o temprano“, dijo que “estos líderes no pueden permanecer en el Líbano porque podrían ser objeto de persecución por parte de la inteligencia israelí o internacional”.
De acuerdo a la interpretación de este periodista libanés, “el hecho de asentarse en el extranjero de esta manera, puede ser una declaración y una notificación de que no tienen intención de participar en actividades militares o de seguridad en el Líbano y Oriente Medio”. Por razones obvias, el diplomático latinoamericano pidió no revelar su identidad.
No es un secreto que Hezbolá ha establecido una presencia fuerte y multifacética en América Latina, que incluye redes operativas y de financiamiento ilícito que abarcan varios países.
La información indica que la zona donde coinciden Argentina, Brasil y Paraguay es un importante centro de actividades de Hezbolá. Aquí, la mafia libanesa se dedica al contrabando, el lavado de dinero y la recaudación de fondos a través de diversas actividades ilícitas.
En Venezuela, Hezbolá aprovecha redes de apoyo, explotando el clima político del país y las comunidades diásporicas existentes para facilitar sus operaciones.
Investigadores e informes de medios estadounidenses dicen que el grupo ha cooperado con cárteles de la droga sudamericanos, como el Cártel de Medellín, para financiar sus actividades.
Surgen figuras como Hussein Ahmad Karaki, jefe de las operaciones de Hezbolá en América Latina, responsable de los atentados de Buenos Aires de 1992 y 1994 quien poseía cédula de identidad venezolana en 2004.
También esta el caso del empresario libanés Ayman Jomaa, quien reside en Medellín, la cuna del cártel de Pablo Escobar.
Ayman Joumaa vinculó a Hezbolá con bandas del crimen organizado en América Latina, particularmente Los Zetas de México, a través de las cuales contrabandeó toneladas de cocaína directamente a Estados Unidos y otras toneladas a África, Medio Oriente y Europa. Blanqueaba 200 millones de dólares mensuales procedentes del tráfico de cocaína, una parte importante de los cuales acababa en las arcas de Hezbolá.
Sabemos de campos de entrenamiento en Latinoamérica operados por las mafias para atraer a jóvenes. El islam radical sabe de “supuesto apoyo” que muchos jóvenes exhiben por Hamás.
Imagine la mezcla: jóvenes poco informados, ilusos más mafias locales más Islam radical ¿Qué podría salir mal?
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