Yom HaShoá (este año se conmemora desde la noche del miércoles 23 de abril a la noche del jueves 24) el es el día en que el pueblo judío recuerda a sus 6 millones de antepasados aniquilados en el Holocausto, pero en el Estado de Israel, la conmemoración resulta impactante, pues por dos minutos, el tiempo se detiene por completo, y millones de personas brindan un homenaje al recuerdo con un estremecedor silencio.
La tradición de Yom HaShoá inició en 1951 y desde entonces, cada año, a las 10:00 de la mañana, una sola nota larga y penetrante se eleva sobre ciudades, colinas y desiertos.
Es el llamado del silencio. Autos se detienen en las autopistas, ancianos interrumpen sus pasos y hasta los niños saben que es un momento de quedarse quietos. Es simplemente, un ritual sin palabras, donde la tragedia del pasado se impone a nuestro presente tan rápido y tan cotidiano.
Hay detalles que hacen aún más profunda esta escena. La sirena detiene todo programa automatizado. Lo mecánico se vuelve humano.
En bases militares y supermercados todo se paraliza como si hasta las máquinas comprendieran el peso de esos dos minutos.
Y es que es tan sorprendente este momento colectivo, que hasta los noticieros de todo el mundo lo han captado cientos de veces.
Es un silencio que grita lo que ninguna conmemoración podría expresar
Y no es solo el pueblo judío quien escucha; en barrios drusos o cristianos, muchos también detienen sus pasos.
Y es que la solidaridad cruza fronteras invisibles. Es dolor y también es historia, pero sobre todo, Yom HaShoá es el compromiso de que algo tan terrible no vuelva a repetirse.
Hoy, el estado de Israel atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia. En la misma familia podemos tener más de 4 ideologías distintas, pero Yom HaShoá es especial: es un día en el que todas las diferencias se diluyen en un mismo duelo, pues por dos minutos lo único que importa es honrar a todos aquellos que, hoy, ya no están.
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