En el marco de Yom Hashoá, el Día del Recuerdo del Holocausto en Israel, el Colegio Olamí llevó a cabo este martes 29 de abril una conmovedora ceremonia titulada “Los afortunados”, dedicada tanto a las víctimas como a los sobrevivientes de la Shoá.
Más que un acto conmemorativo, fue una experiencia viva de memoria encarnada, identidad colectiva y transmisión intergeneracional. A través de presentaciones escénicas, testimonios y reflexión, la comunidad escolar rindió homenaje a los seis millones de judíos asesinados por el régimen nazi y a quienes, pese al horror, lograron sobrevivir y reconstruir.
En presencia de alumnos, docentes y destacados miembros de la comunidad judía, el evento se desarrolló como un viaje íntimo a través del tiempo, guiado por la memoria de las víctimas y las historias personales.
Aunque se evocó la tragedia colectiva de los millones de judíos asesinados en el Holocausto —niños, mujeres, hombres, familias enteras—, la mayor parte de la ceremonia giró en torno a una historia individual que encarnó muchas otras: la de Hannan, un niño refugiado que logró huir de la Polonia ocupada por los nazis, cuya travesía —junto a la de casi mil menores conocidos como los Niños de Teherán—, fue contada con profunda emoción por su hija, Mikhal Dekel, la invitada de honor del evento.
Mikhal compartió el legado de su padre, quien, siendo apenas un niño, atravesó Asia Central hasta llegar a Oriente Medio en busca de refugio y dignidad. Su presencia fue un puente vivo entre generaciones y un recordatorio del poder de la memoria encarnada. La representación escénica inspirada en esta historia, junto con el testimonio de Mikhal, se convirtió en el núcleo emocional del acto.
A través de Hannan, los asistentes realizaron un viaje en el tiempo:
“Caminaremos por épocas oscuras, tiempos de dolor y sacrificio. Iremos con él por caminos llenos de peligro, de incertidumbre, de momentos de desesperación. Trataremos de sentir el sufrimiento del hambre, del frío y, sobre todo, de las despedidas. Despedidas que marcan la vida. La despedida del hogar, de un mundo conocido, de una vida que ya no existe.”
La historia de Hannan no solo es la de un niño obligado a crecer demasiado pronto; es también la historia de todos los Niños de Teherán, quienes compartieron sus miedos, su resistencia y su búsqueda de un futuro que parecía imposible. Su valentía y fuerza se convirtieron en los pilares sobre los que se formó una nueva esperanza, una nueva vida. Esta es una historia compartida de sacrificio, coraje y, sobre todo, de esperanza.
Además del testimonio de Mikhal Dekel, la ceremonia incluyó una proyección que retomó la historia compartida por Hannan y los casi mil Niños de Teherán, recordando que detrás de cada cifra del Holocausto hay rostros, nombres, sueños rotos y también una voluntad feroz de seguir adelante.
La representación escénica creada por los alumnos del Colegio Olamí, acompañada de proyecciones visuales y cantos en vivo —incluyendo interpretaciones estremecedoras— logró conmover profundamente a los asistentes.
En un mundo donde resurgen discursos de intolerancia y negación, la conmemoración de Yom Hashoá en Olamí se convirtió en una poderosa lección de memoria activa y responsabilidad colectiva.
“Los afortunados” no fueron solo los que escaparon a la muerte, sino también quienes hoy portan la antorcha de la memoria. Porque mientras sigamos contando estas historias, nadie podrá borrar el testimonio de lo que ocurrió. Y con él, el compromiso de decir: Nunca más.
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