Dr Alejandro Klein / Cuando el antisemitismo deja de ser antisemitismo para pasar a ser el terror

El asesinato de dos funcionarios israelíes en la Embajada de Israel en Washington marca lamentablemente un antes y un después en la acumulación antisemita-judeofóbica de los últimos años.

El aluvión incesante, interminable de propaganda antisemita, antisraelí y judeofóbica ha concluido en lo que muchos sabíamos que iba a concluir: el asesinato descarnado de judíos.

Y todo esto en Estados Unidos, que se supone que en mayor o menor medida apoya a Israel ¿Qué pasará pues en el resto del Mundo? Donde tenemos una Europa prácticamente antisemita, una Latinoamérica prácticamente antisemita. Y no solo en las calles, en las Universidades, en las televisiones y en la vida cultural. También en los gobiernos, los políticos, los intelectuales, los obreros, los partidos políticos.

La unanimidad hoy, unanimidad que tanto conforta y regocija pues de esa manera se es parte de la Masa, es el antisemitismo.

Me temo que el asesinato fuera en Estados Unidos es una advertencia y una amenaza: si aquí los matamos con este presidente que los apoya, prepárense en el resto del Mundo

Hemos llegado al punto en que el antisemitismo no solo es brutal, descarnado, vulgar y patotero, es además ahora el Terror.

Un símil del Terror Jacobino, un símil del Terror Estalinista, un símil del Terror Nazi, un símil de cualquier Terror.

El antisemitismo judeofóbico es la marca de Terror de nuestros tiempos. De este siglo XXI que cree que lo políticamente correcto es apoyar a las minorías (el pueblo palestino por excelencia), cuando en realidad la única real minoría de este mundo, el pueblo judío, con un 0,2 % del total de la población mundial es despreciado, insultado, culpado de todas las culpas posibles, en un rebrote absolutamente psicótico de un antisemitismo tan bajo y despreciable como el antisemitismo medioeval y el de la modernidad.

Las aguas mpidas de la historia y la racionalidad no atraviesan el barro sucio y entreverado del antisemitismo

Todo esto, claro, tuvo prolegómenos. Judíos expulsados de restaurantes, judíos amenazados con insultos, judíos golpeados de forma sorpresiva, gente que se diviertearrancando mezuzot de puertas de hogares judíos, profanaciones varias. Todas cosas que los medios ni publican ni comentan.

¿Cómo lo irían a comentar? Advertirlo, reconocerlo y comentarlo sería reconocer y explicitar las características más siniestras, esquizoides y patológicas de esta sociedad occidental. Y nadie tiene el temple, la valentía ni la sensibilidad para emprender tal acto de desacato a lo socialmente correcto, a lo culturalmente impuesto.

Por ende, una vez más para los antisemitas todo queda claro: el antisemitismo es culpa de los judíos.

Es culpa de los judíos y además una justa reacción por sus políticas imperialistas y crueles contra el indefenso pueblo palestino, que sufre estoica y resignadamente sus maldades y atrocidades.

“El judío es malvado. El judío es atroz. Léase: el judío es un pueblo castigado por su maldad. El pueblo judío es el pueblo diabólico. El pueblo judío es la vergüenza del Mundo”.

Por supuesto, desde allí los espíritus mediocres y vulgares no necesitan mucho más para refinar sus castigos y tormentos hacia los judíos.

Pero, más allá de estos antisemitas: ¿Quién ha reaccionado ante estos asesinatos?

¿Quién reacciona ante las atrocidades que vemos que se acumulan día a día?

¿Qué universidad en México, en Inglaterra, en Francia, en España, está organizando un simposio, un debate, una mesa redonda sobre el horror del antisemitismo en el Mundo?

¿Dónde está la UNAM, dónde está Oxford, dónde está la Sorbona, dónde está la Universidad Autónoma de Madrid?

No están. Ni van a estar. Ni nada van a hacer

Como en la época de Auschwitz

¿Los judíos están solos?

¿Esta soledad en que está el pueblo judío, esta otredad radical, es parte del judaísmo de estos días?

El pueblo judío debe implementar medidas urgentes de supervivencia y lamentablemente no debe esperar lo que no va a suceder y peor aún, debe prepararse ante la expansión espantosa de esta banalidad del mal.

 


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