Barrington Moore, un excelso sociólogo norteamericano, sugirió el término inevitabilidad para aquellas situaciones dolorosas y poco placenteras que la gente soporta lo mejor que puede, encogiéndose de hombros, rechinando los dientes o haciéndose insensible para enfrentar el hecho trágico.
Barrington Moore añade que la noción de inevitabilidad implica una concepción del universo gobernado, por lo menos en parte, por las fuerzas ciegas del destino que no son sensibles a la voluntad y la acción humanas.
Si hemos de aplicar este concepto al antisemitismo es claro que la “inevitabilidad” del antisemitismo no se debe a la existencia de los judíos. No hay aquí causa-efecto de ninguna clase. Un ejemplo es Inglaterra. Los judíos fueron expulsados de Inglaterra en 1290. Los mismos no pudieron regresar a ese país hasta 1655. Y sin embargo tenemos en todos esos años una abundante literatura y prédica antisemita en ese país.
Es decir que cuando Shakespeare escribe el “Mercader de Venecia” entre 1596 y 1598 e introduce el personaje del judío Shylock ¡no había visto en su vida un solo judío, ni había hablado o se había vinculado con nada relacionado con judíos “reales”!.
Por ende, al antisemitismo no le interesa ni es su objeto de odio el judío real, sino el Judío Fantasmático.
Qué es y qué representa ese judío fantasmático ya lo iremos develando de a poco.
Pero el punto preciso y urgente es este: si el antisemitismo se dirige al judío fantasmático y no al judío real, nada de lo que haga el judío real cambiará un ápice al antisemitismo
Por supuesto comprender esto implica una perlaboración intelectual compleja, pero necesaria
Pues lo contrario también es cierto: si el objeto del antisemitismo es el judío fantasmático es también porque el antisemitismo no deja de ser a su vez, fantasmático.
Frente a este antisemitismo fantasmático es claro que es una absoluta pérdida de tiempo esgrimir argumentos racionales, lógicos y sentido común, es decir argumentos “reales”.
En la medida que el antisemitismo es fantasmático es absolutamente inevitable porque resume, condensa y expresa los aspectos más psicóticos, desestructurados y persecutorios de lo societario y en especial del Mundo europeo-occidental.
Oportunamente también iremos develando de qué se trata esta especial configuración psicótica.
Por lo pronto señalemos que seguramente al antisemitismo se lo podrá combatir. Y claro que no hay más remedio que combatirlo. Si no nos transformamos en cómplices.
Eso hace una diferencia.
Pero suponer que combatir al antisemitismo es “vencerlo” es una ingenua falacia.
A este antisemitismo fantasmático ni se le vence ni se le supera.
Por el contrario.
Tiene por delante otros 1000 años de dominio.
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