Varios hechos, presentes y prospectivos, insertan a Israel en un cuadro complejo.
Los difíciles escenarios en Gaza es uno de ellos. No pocos pensamos hoy que a la visita anual a campos de concentración donde alemanes
castigaron y ultimaron a miles de judíos debe unirse a la visión de la ingrata realidad en Gaza.
Lamentablemente, el gobierno de Netanyahu se muestra ciego o indiferente a la masiva tragedia que ocurre en estos días, y la pública opinión preocupada por la suerte de los cautivos apenas la atiende.
Algo más de la mitad de los 2 millones pobladores de Gaza apenas frisa los 15 años. La sed y el hambre los abruma. Y los alimentos, cuando llegan, propician una puja darwiniana que concede el triunfo al brazo más salvaje.
Por su lado, las agrupaciones religiosas amenazan con abandonar la coalición de Netanyahu si autoriza el reclutamiento militar de sus jóvenes. Actitud que, si no cambia, acentuará el abandono del país por parte de familias y adolescentes que apetecen la seguridad y el temprano estudio universitario.
Ciertamente, este escenario se complica y oscurece cuando Irán se inclina en estos días a romper el monopolio nuclear de Israel. Aspiración que, si alcanza realidad, cambiará sustancialmente el balance militar en el Medio Oriente.
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