A propósito del artículo: “Este gobierno israelí es un peligro para los judíos de todo el mundo”, de Thomas Friedman.
He leído con una mezcla de emociones en el artículo del reputado periodista norteamericano y judío, tres veces ganador del Premio Pulitzer, Thomas Friedman. Menciono los 3 Pulitzer pues entiendo que deben de implicar supongo, un reconocimiento intelectual que no es para nada menor. Esto lo digo además porque me pregunto si este artículo en específico ganaría un Pulitzer…
Para mi asombro Friedman hace dos cosas temerarias: una es generar una especie de panorama de buenos y malos, víctimas y victimarios y otro (que considero más preocupante aún) de pretender establecer en la situación política israelí (y del Medio Oriente) consideraciones claras y contundentes, que llevarían a la absoluta claridad de qué hacer y cómo proceder.
En el primer caso, los buenos y víctimas son los habitantes de Gaza y los malos y victimarios, Netanyahu y el gobierno que el mismo encabeza. En el segundo caso, establece la absoluta claridad de que Israel debe retirarse inmediatamente de Gaza y sin demora (al devolverse los rehenes) debe iniciar un programa de armisticio y paz.
No conozco lo suficiente la política israelí (y prefiero además por respeto no opinar sobre la misma), pero me parece que Friedman se equivoca en algunas de sus aseveraciones:
- “Este gobierno israelí es un peligro para los judíos (de todo el mundo)”, como para que quede claro la gravedad de su aseveración. No es así. Haga lo que haga este gobierno israelí o cualquier gobierno israelí, el peligro de los judíos (de todo el mundo) es el Mundo mismo. Lamentablemente tenemos una cronología (esta sí absolutamente clara) cada vez más global, cada vez más agobiante y escalofriante de una escalada de antisemitismo pasional en el mundo, que atraviesa poblaciones, sectores sociales y grupos culturales. De repente, el Mundo se ha vuelto antisemita pero con una carga pasional y virulenta, tan llena de odio y fanatismo que hace recordar los días del antisemitismo medieval. En este sentido el antisemitismo del siglo XXI es una clara continuación del antisemitismo del siglo XII.
- “La forma en que Israel libra la guerra en la Franja de Gaza hoy sienta las bases para una reestructuración fundamental de cómo se percibirá a Israel y a los judíos en el mundo” Lamentablemente tampoco es así. La forma en cómo se percibe a Israel y a los judíos no tiene cambios ni ha tenido cambios en los últimos veinte siglos. Hagan lo que hagan los judíos, haga lo que haga Israel, Friedman debe comprender que el antisemitismo no es racional y que las “opiniones” que él invoca como racionales sencillamente no existen. El antisemitismo no es racional ni se basa en argumentos o en hechos como diría Hanna Arendt. Se basa en una transmisión ininterrumpida de un legado de odio contra los judíos que es absolutamente impermeable a los hechos históricos.
- “Los coches patrulla y la seguridad privada en sinagogas e instituciones judías se convertirán cada vez más en la norma; Israel, en lugar de ser visto por los judíos como un refugio seguro frente al antisemitismo, será visto como un nuevo motor generador de este”. Ignoro en qué mundo vive el Sr Friedman (intuyo que ha de ser un mundo en el que él y su entorno se deben sentir muy seguros), pero en la realidad del judío medio hace mucho tiempo que se ha perdido
cualquier sentido de seguridad y tranquilidad. El antisemitismo pasional del siglo XXI busca justamente instalar un estado de precariedad crónico en el pueblo judío. Y lamentablemente ha tenido éxito: hoy en día cualquier judío (al menos del mundo occidental) antes o después oirá un comentario antisemita despectivo, o recibirá una mirada de desprecio o se lo hará sentir incómodo, extranjero y ajeno. - “Los judíos de todo el mundo deberían prepararse, a sus hijos y a sus nietos, para una realidad que nunca han conocido: ser judíos en un mundo donde el Estado judío es un Estado paria, una fuente de vergüenza, no de orgullo Nada presionaría más a Hamás para que acepte un alto al fuego que ser denunciado en todo el mundo, en campus universitarios y en manifestaciones de alto perfil, por quienes han estado dando vía libre a esta organización impulsada por el odio”. Friedman ignora que este antisemitismo pasional ha logrado (lamentablemente hay que decirlo: su éxito es rotundo) no que el Estado de Israel sea un Estado paria, sino que los judíos sean nuevamente los Parias del Mundo, los Otros y Ajenos del Mundo. Ya no se trata sencillamente de decir que los judíos están o no en peligro, ni es eso lo que este antisemitismo pasional pretende. Lo que pretende es que el sentimiento de incomodidad, vergüenza, malestar se cronifique en la identidad judía, con lo que se logra el triunfo de que el judío ya no es parte de este Mundo, sino
parte de otro mundo: el Mundo Judío.
Mundo judío (que no es más que una construcción imaginaria antisemita) que por supuesto este antisemitismo se encarga de “demostrar” que no forma parte ni nada tiene que ver con el Mundo en general. En los campus universitarios y en las manifestaciones políticas, culturales, sociales de cualquier tipo e índole JAMÁS habrá consignas de repudio a Hamás, haga lo que haga Israel, hagan lo que hagan los judíos. Esperar algo así es de un orden de ingenuidad que me cuesta entender en
alguien con tres Pulitzer…
Y cuando digo: jamás, me refiero a que una vez más el pueblo judío está ahí, exactamente ahí, donde la cultura occidental lo necesita, es decir, en el lugar exacto para culparlo de todo lo que se lo pueda culpar (con la excusa de Gaza por supuesto) y para descargar sobre el mismo todo el odio, los resentimientos y confusiones de una sociedad occidental paranoica y disociada y siempre con necesidad de evacuar y depositar sus escenas temidas y persecutorias en algún lugar.
Ayer la excusa era que los judíos habían asesinado a Jesús, ayer la excusa era que asesinaban niños inocentes con hostias envenenadas, ayer la excusa era que debían renunciar a sus tercas tradiciones salvajes y primitivas. Hoy la excusa es que se siguen asesinando niños inocente (ahora en Gaza). Y hoy la excusa es que se debe renunciar a Israel que ha pasado a ser ahora lo salvaje y primitivo…
Por último y volviendo al comienzo de este artículo en torno a la claridad absoluta de lo que se debe hacer en Gaza, si hay algo que me va quedando claro en torno a los sucesos de los últimos años es que pase lo que pase en Gaza e Israel no habrá soluciones ni claras ni totalmente discriminadas. Reitero que por respeto prefiero no opinar sobre cuestiones políticas de Israel, pero toda esta situación dramática, propia de un proceso inmerso (tanto como atrapado) en el dolor inenarrable, la tragedia y la desesperación hace que, pase lo que pase, el resultado estará lejos de ser claro y definitivo.
Las heridas son enormes, el dolor desatado es insoportable y las injurias que gravitan como plomo, han hecho que todo este panorama este cubierto de emociones que impiden (y quizás no podría ser de otra manera) la capacidad de racionalidad y raciocinio.
Podríamos, como hace Friedman, poner a Netanyahu y su gobierno como los “culpables” de esta situación. Pero eso es demasiado simple. Demasiado maniqueo. Y como indicaba Max Weber, en Ciencias Sociales las explicaciones simples siempre son falsas.
En definitiva, no sería sino buscar un “chivo expiatorio” para encontrar una explicación a lo que quizás ya no se puede explicar o entender lo que quizás tampoco ya no se puede entender.
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