Juntos Venceremos
viernes 05 de junio de 2026
Israel-Estados Unidos

Diego Sciretta / Luces y sombras de una alianza inquebrantable: La compleja relación entre Estados Unidos e Israel a través de la historia

La relación entre Estados Unidos e Israel a menudo se describe como una “alianza especial” e inquebrantable, pero un vistazo a su historia revela una narrativa mucho más matizada, tejida con hilos de apoyo estratégico, profundos lazos culturales, tensiones latentes y momentos de profunda desconfianza. Más allá de la retórica oficial, esta relación ha sido moldeada por los vaivenes políticos internos de EE. UU., la sombra del antisemitismo y episodios de espionaje que pusieron a prueba su fortaleza.

Los Primeros Años y la Sombra del Antisemitismo en el Poder Estadounidense

Antes incluso del nacimiento del Estado de Israel, la actitud de Estados Unidos hacia los judíos europeos que huían del Holocausto ya marcaba un precedente sombrío. El trágico destino del MS St. Louis en 1939 es un doloroso recordatorio. Con 937 refugiados judíos a bordo, el barco fue rechazado por Cuba y, crucialmente, por Estados Unidos, que se negó a concederles asilo. La decisión se amparaba en leyes de inmigración restrictivas de la década de 1920, diseñadas para limitar la entrada de poblaciones no deseadas, incluyendo a muchos judíos.

Este rechazo no fue solo una falla burocrática; fue un reflejo del antisemitismo prevalente en la sociedad estadounidense y, de manera preocupante, en las esferas de poder del gobierno de EE. UU. Altos funcionarios, temerosos de la opinión pública anti-inmigrante y los prejuicios existentes, priorizaron la cautela política sobre la crisis humanitaria. Se implementaron obstáculos burocráticos deliberados que, de facto, cerraron las puertas a miles de vidas. Este episodio subraya cómo, en un momento crítico, el poder estadounidense no estuvo dispuesto o no pudo ofrecer un refugio, un factor que, indirectamente, impulsaría la urgente necesidad de una patria judía segura y soberana tras la Segunda Guerra Mundial.

El Consenso Bipartidista y sus Fisuras: Izquierda y Derecha en la Alianza

Una vez establecido Israel en 1948, el apoyo de Estados Unidos fue mayormente bipartidista. Se veía a Israel como un aliado estratégico en el Medio Oriente, un baluarte contra la expansión soviética y una democracia en la región. Sin embargo, con el tiempo, las diferencias entre las administraciones demócratas (tradicionalmente asociadas a la “izquierda”) y republicanas (la “derecha”) comenzaron a manifestarse.

Las administraciones demócratas suelen hacer hincapié en la necesidad de una solución de dos Estados para el conflicto palestino-israelí. Tienden a ser más críticas con la expansión de los asentamientos israelíes y a ejercer más presión para que Israel realice concesiones en el proceso de paz. Administraciones como la de Obama, por ejemplo, tuvieron notables tensiones con el entonces primer ministro Netanyahu por el acuerdo nuclear iraní y la política de asentamientos. Más recientemente, la administración Biden, si bien reafirmó el compromiso con la seguridad israelí, ha enfrentado presiones desde su base progresista para ser más crítica con las acciones israelíes en Gaza y expesó preocupaciones sobre la composición del actual gobierno israelí.

Por otro lado, las administraciones republicanas han tendido a ofrecer un apoyo más incondicional a Israel. Son menos propensas a presionar sobre el proceso de paz y a menudo ven a Israel como un socio clave en la lucha contra el terrorismo y una fuerza de estabilidad frente a amenazas como Irán. La administración Trump epitomizó esta postura, trasladando la embajada estadounidense a Jerusalén y reconociendo la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, decisiones que rompieron con décadas de política exterior. El apoyo a Israel en el Partido Republicano se ha consolidado, impulsado en parte por la influencia de los cristianos evangélicos.

La Prueba de Fuego: El Caso de Jonathan Pollard

Ningún otro evento ilustra mejor las complejidades y, a veces, la desconfianza subyacente en la alianza que el caso de Jonathan Pollard. Este analista de inteligencia de la Marina de EE. UU. fue condenado en 1987 por espiar para Israel, entregando miles de documentos clasificados. Condenado a cadena perpetua, cumplió 30 años en prisión, la sentencia más larga por espionaje para un aliado en la historia de EE. UU.

El caso Pollard fue una traición a la confianza percibida por Washington. Causó un daño inmenso a la relación de inteligencia y sembró una profunda desconfianza que persistió durante décadas. Para Israel, fue una vergüenza, y aunque inicialmente lo negaron, finalmente reconocieron a Pollard como su agente. Durante años, los gobiernos israelíes y el lobby pro-Israel en EE. UU. ejercieron una presión constante por su liberación, convirtiéndolo en un punto recurrente de fricción diplomática.
Este episodio demostró que incluso entre los aliados más cercanos, los intereses nacionales pueden chocar y llevar a acciones que violan la confianza fundamental. A pesar de la gravedad del espionaje, la importancia estratégica de Israel en la volátil región de Medio Oriente aseguró que la alianza en general resistiera el golpe, aunque la sombra de Pollard nunca desapareció del todo hasta su liberación y posterior traslado a Israel.

La Amenaza Iraní y el Dilema Actual: El Conflicto Abierto y la Postura de EE. UU.

En la actualidad, la relación entre Estados Unidos e Israel se encuentra bajo una de sus mayores presiones debido a la escalada sin precedentes de las tensiones y los enfrentamientos directos entre Israel e Irán. La amenaza nuclear iraní, el respaldo de Teherán a grupos militantes en la región (como Hamás y Hezbolá), y los recientes ataques directos han consolidado a Irán como el enemigo existencial común para ambos aliados. Sin embargo, la forma en que Estados Unidos está dispuesto a responder a esta guerra abierta es un punto de divergencia y tensión significativa.

El Conflicto Abierto y la Ventaja de Israel

Lo que antes era una “guerra en la sombra” o a través de terceros, ha evolucionado hacia un conflicto directo. Israel ha lanzado cientos de ataques aéreos contra Irán, apuntando a sus instalaciones nucleares, liderazgo militar y, según informes, infraestructura energética y de comunicaciones. Estos ataques han causado un número considerable de bajas en Irán, incluyendo altos mandos militares y científicos nucleares, y han impactado significativamente las capacidades iraníes.

En respuesta, Irán ha lanzado múltiples oleadas de misiles y drones contra Israel, logrando penetrar en algunas ocasiones el sistema de defensa aérea israelí y causando víctimas y daños en territorio israelí, incluyendo Tel Aviv y otras áreas centrales y del norte. Sin embargo, el análisis militar actual sugiere que Israel ha demostrado una superioridad operativa decisiva en esta confrontación directa. Con una capacidad defensiva y ofensiva formidable, las Fuerzas de Defensa de Israel han logrado imponer un costo significativo a Irán, mientras que las acciones iraníes, aunque directas, no han logrado alterar el equilibrio estratégico ni la capacidad de Israel para operar en la región. Israel está ganando claramente esta fase de la guerra abierta, y las operaciones ofensivas de Irán no han logrado sus objetivos estratégicos.

La Compleja Postura de Estados Unidos

La administración estadounidense se enfrenta a un delicado equilibrio. Si bien reitera su compromiso inquebrantable con la seguridad de Israel y su derecho a defenderse, la prioridad principal de Washington sigue siendo evitar una escalada regional a gran escala que arrastre a las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio.

  • Apoyo a la Defensa, no a la Ofensiva Directa (hasta ahora): Estados Unidos ha procurado distanciarse de las acciones ofensivas directas de Israel. Reportes indican que Washington ha vetado planes israelíes específicos que consideraba excesivamente provocadores o que podrían llevar a una conflagración regional inmanejable. Sin embargo, el presidente ha declarado públicamente que EE. UU. tiene “el control absoluto de los cielos de Irán” y ha insinuado que podría tomar “más medidas para poner fin al enriquecimiento iraní”, generando incertidumbre sobre el grado de participación futura si la situación lo requiere.
  • Mensajes Contradictorios: Aunque EE. UU. ha afirmado que “no está involucrado” en las acciones ofensivas unilaterales de Israel, ha reconocido que Israel informa a Washington de sus planes. Al mismo tiempo, el presidente ha instado a Irán a una “rendición incondicional” y ha sugerido que espera que ambos países “hagan un acuerdo” pronto, incluso mientras los ataques mutuos persisten. Esta retórica dual refleja una compleja mezcla de apoyo a Israel y un deseo de evitar un “conflicto para siempre” que no beneficia a los intereses estadounidenses.
  • El Dilema Nuclear y las Capacidades Militares: Israel ha atacado infraestructura nuclear iraní, y la destrucción completa de ciertas instalaciones subterráneas de enriquecimiento podría requerir el uso de armamento especializado que solo Estados Unidos posee. Esto plantea un dilema para Washington: si Israel no puede lograr sus objetivos nucleares por sí solo, ¿se verá Estados Unidos presionado a unirse a una ofensiva directa, arriesgándose a una guerra a gran escala?
  • Resistencia Interna en EE. UU.: La perspectiva de una intervención directa en Irán enfrenta una significativa oposición interna en Estados Unidos. Hay una creciente presión desde sectores progresistas del Partido Demócrata para que EE. UU. no se deje arrastrar a esta guerra, mientras que legisladores de ambos partidos han presentado resoluciones para limitar los poderes de guerra del presidente, exigiendo la aprobación del Congreso para cualquier acción militar contra Irán. Una encuesta reciente incluso muestra que la mayoría de los votantes republicanos se oponen a la participación militar de EE. UU. en el conflicto.

¿La “Foto de la Victoria” de Trump y su Suma al Ataque en Irán?

Considerando las características personales y políticas del presidente Donald Trump, la posibilidad de que se sume a la “foto de la victoria” en un conflicto exitoso contra Irán es un factor relevante en el análisis de la postura estadounidense. Trump es conocido por su predilección por los resultados decisivos y la narrativa de “ganar”. Si Israel logra victorias contundentes contra Irán, y estas pueden presentarse como un éxito en la lucha contra un adversario común, Trump podría verse tentado a alinearse más explícitamente con esos resultados.

Sin embargo, su historial también muestra una aversión a las “guerras para siempre” y una tendencia a priorizar el “America First”. Esto crea una tensión: el deseo de ser parte de una victoria estratégica en el Medio Oriente contra un adversario clave, frente al riesgo de una escalada que requiera un compromiso militar y financiero significativo de EE. UU., algo que su base electoral podría no apoyar a largo plazo.

Si bien la retórica de Trump puede ser belicosa, su decisión final sobre si EE. UU. se sumaría activamente a una ofensiva militar a gran escala contra Irán (más allá del apoyo defensivo y la contención) probablemente dependerá de una compleja ecuación de:

  • La percepción del éxito israelí: Si Israel continúa ganando decisivamente y logrando sus objetivos sin una escalada descontrolada, Trump podría sentirse más cómodo en una postura de apoyo “distante pero victorioso”.
  • El costo político interno: La cercanía de las elecciones y la opinión pública estadounidense, que en general es cautelosa con nuevas intervenciones militares, serán factores clave.
  • Las implicaciones para los intereses de EE. UU.: ¿Una intervención directa serviría a los intereses económicos y de seguridad de EE. UU., o los pondría en mayor riesgo?
  • La dinámica de negociación: Trump siempre prefiere la negociación, incluso bajo la presión de la fuerza. No es impensable que busque una forma de capitalizar la ventaja de Israel para forzar un acuerdo con Irán que pueda presentar como una victoria.

En este momento, la administración de EE. UU. parece mantener una postura de apoyo a la defensa israelí y contención de la escalada, dejando la ofensiva directa a Israel. La tentación de la “foto de la victoria” es real para un líder como Trump, pero la decisión de sumarse activamente a una guerra de esta magnitud con Irán implicaría riesgos y costos considerables que Washington, hasta ahora, ha tratado de evitar. El futuro de esta participación activa de EE. UU. sigue siendo la incógnita central en esta compleja dinámica regional.


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío