Shlaj Lejá, Resumen de la Parashá, Números 13:1-15:41
Moshe envía doce espías a la Tierra de Canáan. Estos vuelven cuarenta días después, cargando un enorme racimo de uvas, una granada y un higo, para reportar sobre una exuberante y bondadosa tierra.
Pero diez de los espías advierten que los habitantes de la tierra son gigantes y guerreros “más poderosos que nosotros”; sólo Caleb y Iehoshúa insisten en que la tierra puede ser conquistada, como El Creador indicó.
La gente llora diciendo que prefieren volver a Egipto. El Creador decreta que la entrada de Israel a la Tierra debe ser demorada por cuarenta años, tiempo durante el cual la generación entera fallecerá en el desierto, los que habían sido esclavos. Un grupo de arrepentidos se avalanza sobre la montaña en el borde de la Tierra pero son rechazados por los Amalekitas y los Canaanitas.
“Éramos como cigarras ante nuestros ojos, y así también éramos ante sus ojos” (Bamidbar 13:33)
Dice el Rabino y psiquiatra Abraham Twerski Z”L, con esta singular sintaxis, la Torá nos enseña un importante principio psicológico: la forma en que sientes sobre ti mismo es como piensas que te perciben los demás.
El comentario de Rashi expande este concepto. Los espías dijeron:
“Escuchamos que los canaanitas decían: ‘Hay hormigas en este viñedo que parecen como seres humanos'”.
La Torá dice que los espías se sintieron pequeños como cigarras, lo cual sigue siendo mucho más grande que hormigas. Además, ¿cómo pudieron saber los espías lo que decían los canaanitas? ¿Cómo pudieron entender su idioma?
Rashi nos enseña que la baja autoestima es progresiva y se refuerza a sí misma. Si tienes un concepto distorsionado y negativo de ti mismo, este seguirá deteriorándose cada vez más. Puedes comenzar sintiéndote tan pequeño como una cigarra, pero tu autoestima seguirá empequeñeciendo y eventualmente pensarás todavía menos de ti mismo como si fueras hormiga.
Además, asumirás que los demás hacen comentarios negativos sobre ti, incluso si no tienes acceso a lo que ellos dicen. Una imagen personal negativa y deteriorada puede llevar a la paranoia.
Rav Shneur Zalman (Baal HaTania) dice que es algo innato al ser humano que el intelecto pueda triunfar sobre la emoción. Cuando permitimos que nuestras emociones prevalezcan sobre nuestro intelecto, es una laxitud y negligencia por nuestra parte.
El Midrash dice que El Creador perdonó a los espías por tener un concepto pobre sobre sí mismos. Esa es una emoción que no se supera fácilmente. Su falla fue no ejercer su capacidad de actuar de acuerdo con su intelecto.
Tras haber sido testigos de todos los milagros del Éxodo, sabían intelectualmente que El Creador podía asegurar la victoria ante los canaanitas. Su falla no fue ni siguiera una falta de fe, sino el fracaso de rendirse a sus emociones cuando deberían haber seguido a su intelecto.
(Jidushei HaLev, Bamidbar pág. 86)
Esta es una lección que debemos aplicar regularmente en nuestras vidas. En lo que atañe al concepto distorsionado que tenemos de nosotros mismos y que deprime nuestra autoestima, debemos intentar cambiar buscando formas de elevar nuestra autoestima. Pero hasta que logremos ese objetivo, no debemos permitir que esa emoción determine nuestro comportamiento. Debemos ser capaces de actuar basándonos en los hechos reales.
Pero… ¿cómo podemos saber cuáles son los hechos reales cuando nuestras emociones distorsionan nuestra percepción? Obteniendo una opinión sobre nosotros mismos de un observador objetivo y confiable. Si nos dicen que somos buenos, valiosos y competentes, debemos actuar de forma acorde incluso cuando no lo sentimos de esa manera.
Si hay alguna debilidad en nuestras habilidades, entonces debemos buscar el área de oportunidad para resolver esa debilidad de la mejor manera, no estamos obligados a los imposible, pero sí debemos enfrentar el reto, dar lo mejor. Ya sea en la escuela, en el trabajo, en la familia o algunas como ahora, dar lo mejor si sabes que tu existencia está en juego.
Este es el legado del pueblo de Israel al mundo, más de 3 mil años enfrentando enemigos: no siempre se gana, pero si aun en la derrota, te pones en pie y te mantienes erguido, tu fe no te abandonará.
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