Juntos Venceremos
martes 09 de junio de 2026

Por qué saboteas tus metas cuando estás a punto de lograrlas (El miedo al éxito)

Resumen de la Parashá Shlaj, Números 13:1-15:41

Moshe envía doce espías a la Tierra de Canáan. Estos vuelven cuarenta días después, cargando un enorme racimo de uvas, una granada y un higo, para reportar sobre una exuberante y bondadosa tierra. 

Pero diez de los espías advierten que los habitantes de la tierra son gigantes y guerreros “más poderosos que nosotros”; sólo Caleb y Iehoshúa insisten en que la tierra puede ser conquistada, como Di-s indicó.

La gente llora diciendo que prefieren volver a Egipto. Di-s decreta que la entrada de Israel a la Tierra debe ser demorada por cuarenta años, tiempo durante el cual la generación entera fallecerá en el desierto. Un grupo de judíos arrepentidos se avalanza sobre la montaña en el borde de la Tierra pero son rechazados por los Amalekitas y los Canaanitas.

Son entregadas las leyes de Menajot (ofrendas de harina, vino y aceite), así como el precepto de consagrar parte de la masa (jalá) a Di-s cuando se hornea pan. Un hombre viola el Shabat cuando carga ramas y es castigado con pena capital. Di-s instruye poner flecos (Tzitzit) en las cuatro puntas de las vestimentas para recordar la observancia de las Mitzvot (perceptos Divinos).

La parashá Shlaj Lejá, contiene uno de los episodios más trágicos de la Torá: la historia de los doce espías enviados a la Tierra Prometida. Diez de ellos regresan con un informe desmoralizador: “La tierra es buena, pero está habitada por gigantes. No podremos conquistarla”.

Esto siempre ha dejado una pregunta en el aire: ¿Cómo hombres líderes, que presenciaron las diez plagas y la apertura del Mar Rojo, pudieron tener tanto miedo de unos reinos locales? ¿Fue una simple falta de fe?

El Rabino Jonathan Sacks, citando una bellísima interpretación del Rebbe de Lubavitch, nos ofrece una perspectiva completamente distinta.

El problema de los espías no era el miedo al fracaso… era el miedo al éxito.

Piénsenlo por un momento. ¿Cómo era la vida en el desierto? Tenían el maná del cielo, agua de una roca milagrosa, y estaban rodeados por las Nubes de Gloria. Vivían en una burbuja de intimidad espiritual absoluta con Dios. No tenían que trabajar la tierra, ni gestionar una economía, ni luchar en batallas, ni preocuparse por la política. El desierto era su infancia espiritual; un entorno seguro y protegido.

Los espías no temían perder la batalla física; temían ganar. Sabían que entrar a la Tierra de Israel significaba dejar atrás los milagros diarios y asumir las responsabilidades del mundo real.

El Rabino Sacks nos enseñaba que el judaísmo no es una religión que busca escapar del mundo material. No se trata de quedarse en un monasterio o en un desierto espiritual para mantenernos “puros”.

Dios no quería que los israelitas se quedaran como niños eternos bajo Su protección absoluta. El plan siempre fue construir una sociedad modelo en el mundo real. Una sociedad con leyes de bienestar social, agricultura ética, mercados justos y respeto a la dignidad humana.

Hacer que la presencia de Dios sea visible en lo cotidiano, en la oficina, en la calle, en la mesa familiar… ahí radica el verdadero desafío de la madurez. Los espías sufrieron un fallo de liderazgo porque prefirieron la comodidad de la teoría espiritual antes que el riesgo de la práctica real.

La lección que el Rabino Sacks nos deja en Shlaj Lejá es profundamente vigente: la fe no es vivir en la certeza o en una burbuja de comodidad; la fe es la valentía de asumir riesgos.

A veces, en nuestras propias vidas, nos autosaboteamos o retrocedemos ante los grandes cambios por miedo a las responsabilidades que trae el crecimiento. Esta semana, la Torá nos desafía a imitar a Yehoshua y Calev, los dos espías que sí tuvieron valor, y nos dice:

No temas al mundo real, sal a su encuentro y transfórmalo.

¡Shabat Shalom!

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