El tablero geopolítico de Oriente Medio ha sufrido una drástica remodelación. Tras una victoria decisiva de Israel sobre Irán, que ha desmantelado la principal amenaza existencial del Estado judío, y con los cerebros de Hamás, Yahya Sinwar y Mohammed Deif, neutralizados, la Franja de Gaza se encuentra bajo un control israelí casi total.
Sin embargo, la aparente “victoria” militar esconde una compleja fase final, donde el destino de los rehenes y las ambiciones políticas de Netanyahu chocan de frente.
Hamás acorralado: Los rehenes, su última moneda de cambio
Con su liderazgo diezmado, su principal patrocinador (Irán) debilitado y su infraestructura militar gravemente dañada, Hamás se encuentra en su momento más vulnerable. Sinwar y Deif, arquitectos del 7 de octubre, han sido eliminados, y el Eje de Resistencia iraní ha colapsado. En este escenario de desesperación, la organización palestina ha reducido drásticamente sus opciones, y los rehenes se han convertido en su única y última ficha de negociación.
Para Hamás, la supervivencia ya no es una cuestión de victoria militar, sino de resistencia existencial.
Sus tácticas se centran ahora en:
* Negociación a ultranza por supervivencia: La liberación de rehenes es el único camino para forzar un alto el fuego permanente, la liberación masiva de prisioneros palestinos y, potencialmente, garantizar la seguridad de los líderes remanentes. Es su salvavidas.
* Guerra de desgaste asimétrico: Aunque muy reducida, la capacidad de infligir bajas israelíes mediante emboscadas de “golpear y huir”, la activación de artefactos explosivos improvisados (IEDs) y ataques de francotiradores sigue siendo una táctica crucial. El objetivo no es ganar terreno, sino generar una constante sensación de inseguridad y presionar la moral de las tropas y la opinión pública israelí, demostrando que la resistencia, por mínima que sea, persiste.
* Manipulación mediática: La difusión estratégica de videos de rehenes o mensajes sobre su estado es vital para mantener la presión sobre Israel y la comunidad internacional.
Israel: victoria militar consolidada, Pero ¿y la salida?
Desde una perspectiva militar, Israel ha logrado sus objetivos operativos fundamentales en Gaza. Con gran parte de la Franja bajo su control y la red de túneles severamente comprometida, las grandes maniobras ofensivas han llegado a su fin. La fase actual es de contrainsurgencia, una “limpieza” costosa y lenta de focos residuales de resistencia.
Sin embargo, esta victoria militar total se ve paralizada por dos factores:
* Los rehenes: El límite infranqueable: La presencia de rehenes vivos impone una restricción severa a cualquier operación militar a gran escala. Cada vida cuenta, y el riesgo de ponerlos en peligro es una línea roja para la sociedad israelí. La negociación se vuelve, por lo tanto, casi inevitable.
* La paradoja del control total: Al controlar casi toda la Franja, Israel se enfrenta a la difícil pregunta del “día después”. ¿Quién gobernará Gaza? Una ocupación indefinida es insostenible económica y militarmente, y sin una alternativa viable, la desmilitarización a largo plazo y la estabilidad siguen siendo quimeras.
La encrucijada de Netanyahu: una paz cara a nivel personal
En este escenario, la “valentía” para el gobierno de Benjamín Netanyahu ya no radica en la continuación de la ofensiva militar, que ya ha logrado sus metas principales, sino en la toma de decisiones políticas valientes que pongan fin al conflicto. Un acuerdo para la liberación de rehenes, que implicaría concesiones (como la liberación de prisioneros palestinos) y el establecimiento de un marco para la gobernanza de Gaza, es la ruta lógica para consolidar los logros militares y finalizar la guerra.
Pero aquí reside la paradoja y el dilema personal de Netanyahu:
Una finalización exitosa de la guerra, con los rehenes de vuelta y las amenazas mitigadas, significaría que el “escudo de guerra” que ha protegido la posición de Netanyahu durante meses se desvanecería. La atención nacional inevitablemente volvería a los juicios por corrupción que penden sobre él.
Estos cargos de soborno, fraude y abuso de confianza, relegados a un segundo plano por la urgencia de la guerra, resurgirían con toda su fuerza, amenazando su carrera política y su libertad personal.
Conclusión:
El gobierno de Netanyahu se encuentra en una encrucijada sin precedentes. La victoria militar contra Irán y el éxito en la degradación de Hamás han sentado las bases para un final del conflicto en Gaza.
Sin embargo, el último obstáculo, la liberación de los rehenes, exige una solución política que podría, irónicamente, desatar una crisis personal para Netanyahu. La “valentía” de la paz para Israel podría ser el mayor desafío personal para Netanyahu, demostrando que en el complejo tablero de Oriente Medio, las victorias en el campo de batalla no siempre garantizan la estabilidad política en casa.
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