La reciente ofensiva aérea israelí contra Irán resultó de la lúcida aptitud de líderes militares apoyados por los servicios de inteligencia (Mossad).
En el marco de doce días, obtuvieron una victoria que remodelará sustancialmente el juego de fuerzas e intereses en el Medio Oriente.
Los repetidos ataques a las instalaciones militares y tecnológicas de Irán fueron complementados por efectivos que operaron en y desde las principales ciudades de Irán.
El resultado: amplios y diversificados cuadros de científicos nucleares fueron eliminados y los principales núcleos donde operaban conocieron la destrucción.
Por otra parte, estos doce días de tenso combate trajeron la muerte de decenas de israelíes y la destrucción de zonas residenciales, incluyendo hospitales, en la Galilea, en Rehovot y en Be’er Sheva.
Cabe esperar que pronto se ampliará la atención a las víctimas y tomará impulso la reconstrucción de lo perdido y dañado.
Los logros militares de Israel se traducen en un sólido entendimiento, personal y político, entre Trump y Netanyahu que tendrá elocuente expresión en su cercana visita a Washington.
Un binomio personal que glorifica inclinaciones autoritarias capaces de lesionar gravemente el juego democrático en nuestro país.
Inquieta en particular la reducida atención a los cincuenta rehenes, entre vivos y muertos, en Gaza. Un hecho que lastima y sorprende.
Hasta aquí la ocupación militar de tres cuartas partes de esta región no acierta a liberarlos, y el gobierno de Netanyahu prefiere atender otros temas en marcada oposición a amplios sectores de la población.
¿ Por qué? ¿Hasta cuándo? son interrogantes que nuestro pueblo reitera.
Oportuno recordarlos.
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