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sábado 18 de julio de 2026
Banderas de Palestina

Irving Gatell/ Palestina: El Estado que no será

La cumbre en la ONU que pretendía ser el lanzamiento definitivo del Estado palestino resultó, al final, en un fiasco. Debido a la falta de consensos, el asunto no prosperó.

¿Qué habría pasado en caso de que se hubiese logrado el acuerdo para reconocer a Palestina como estado en forma? Nada. Esa es la molesta verdad de la que muchos no quieren hablar.

No nos engañemos. Los palestinos no quieren un Estado propio. Lo que quieren es que los judíos no tengamos el nuestro; lo que buscan es destruir a Israel.

Empecemos por orden.

Cualquier declaración de Palestina como estado independiente, que no surja de una negociación directa con Israel, es improcedente.

¿Por qué? Por el asunto de las fronteras. Un requisito fundamental para que un estado sea viable es que debe tener fronteras, y los palestinos nunca han querido resolver esa negociación con los israelíes. Hasta la fecha, funciona como frontera de facto lo que en realidad fue la línea de armisticio de 1967, pero es bien sabido que se tiene que hacer una negociacion definitiva sobre ese tema, porque todo apunta a que las zonas en las que están los establecimientos judíos de Cisjordania serán anexadas por Israel. En compensación, a los palestinos se les dará la cantidad de territorio equivalente.

En otras palabras, las fronteras no están definidas. Por eso falta esa negociación, y por eso tiene que ser, forzosamente, entre palestinos e israelíes.

Sin fronteras reconocidas por ambos de común acuerdo, cualquier declaratorio del estado palestino como uno indepediente, es ociosa. Si no hay fronteras, no se define en qué punto termina la jurisdicción de un estado y comienza la del otro.

Y justo ahí está el problema: Reconocer la frontera significa reconocer al otro, implica admitir que la jurisdicción de uno concluye en cierto lugar, a partir del cual comienza la jurisdicción del otro.

Dicho de otro modo, Palestina e Israel se tienen que reconocer mutuamente, y eso es lo que no quieren los palestinos.

No es la primera vez que se pone sobre la mesa la posibilidad de que Palestina se declare estado independiente. Incluso, hay que recordar que en las dos ocasiones anteriores no fue la ONU, o un complot internacional, el que propuso el asunto, sino el propio Israel. En 2000, durante la cumbre celebrada en Camp David bajo auspicios de los Estados Unidos; en 2008, a iniciativa del entonces Primer Ministro Ehud Olmert. En ambos casos se les dieron a los palestinos todas las facilidades para que declararan su estado, y no quisieron. No lo hicieron.

No sólo porque habrían tenido que reconocer a Israel como vecino legítimo, sino también porque los palestinos habrían perdido su estatus de refugiados y, con ello, las aportaciones multimillonarias que reciben todo el tiempo precisamente porque tienen el estatus de refugiados. Se habrían convertido en ciudadanos, y entonces el gobierno palestino habría tenido que evolucionar hacia el compromiso de convertirse en una economía viable.

Eso es algo que ningún líder de la Autoridad Palestina quiere. Prefieren seguir estirando la mano para recibir el dinero regalado, sin ninguna obligación de ser eficientes.

Acaso ahí está el detalle más absurdo e irracional de la conducta de Emmanuel Macron, Keir Starmer y Antonio Guterres. Apelan a que la creación de un estado palestino es un acto de justicia, pero no se detienen a reflexionar que son los palestinos los que no quieren que se haga esa declaración, porque entonces se verían obligados a someterse al orden legal internacional.

La propuesta franco-británica nació herida de muerte, y por ello la cumbre celebrada en la ONU se cerró con algo que estaba completamente fuera de la agenda mental de Macron y Starmer: la declaración de la liga árabe, firmada por varios países europeos que no tuvieron más alternativa que doblegarse, según la cual Hamas se tiene que rendir y se tiene que exiliar, no sin antes haber liberado a todos los rehenes israelíes.

Todo parece indicar que con esto se entra a la fase final de la guerra en Gaza, porque queda claro que quienes realmente tienen voz y voto en el conflicto —Israel, las monarquías sunitas y los Estados Unidos— ya tienen en mente la misma solución: Un nuevo Medio Oriente en el que Hamas no existe porque no cabe. Estorba.

Ahora habrá que esperar a que los europeos lo entiendan, aunque parece que muy listos no son.


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