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lunes 13 de julio de 2026

¿Reproche o amor? El último discurso de Moisés

Resumen de la Parashá Devarím, Deuteronomio 1:1-3:22

En el libro de Devarim (“Palabras”), también llamado Mishné Torá (“Repetición de la Torá”)

El primero del mes de Shvat, mes invernal, lluvioso (37 días antes de su fallecimiento), Moisés comienza su repetición de la Torá para toda la congregación de los Hijos de Israel, repasando los eventos ocurridos y las leyes entregadas en el transcurso del viaje de 40 años desde Egipto a Sinaí y a la Tierra Prometida, amonestando a la gente por sus fallos e iniquidades, y enlistándolos en el cumplimiento de la Torá y la observación de sus preceptos en la tierra que El Creador les está dando como herencia eterna, a la cual ingresarían luego de su muerte.

Moisés recuerda el nombramiento de jueces y magistrados para aliviar la carga de administrar justicia a la gente y enseñarles la palabra de Di-s; el viaje desde Sinaí a través del enorme y temeroso desierto; el enviado de espías y el subsiguiente rechazo de la Tierra Prometida, de manera que Di-s decretó que la toda generación del Éxodo debía perecer en el desierto. “También contra mí”, dice Moisés, “Di-s se enojó por causa de ustedes, diciendo: Tú, tampoco, entrarás allí”.

Moisés también recuerda algunos de los eventos más recientes: la negativa de las naciones de Moab y Amón de permitir al Pueblo Judío pasar por su tierra; y el mensaje de Moisés a su sucesor, Ieoshúa, que llevará al pueblo a la Tierra y los liderará en las batallas por su conquista; *No los teman, porque Di-s, tu Señor, luchará por ti*.

Estas son las palabras, las cosas que relata Moisés. Frente al pueblo de Israel, a punto de cruzar el Jordán, Moisés no da una bendición… da una reprimenda.

Pero el Rebe de Lubavitch —Menachem Mendel Schneerson— nos enseña que detrás del reproche se esconde el amor más profundo.

Moisés recuerda cada error, cada queja, cada rebelión del pueblo: desde el becerro de oro hasta la falla de los espías. Pero lo hace con delicadeza. No menciona los hechos directamente. Usa insinuaciones. Lugares geográficos que simbolizan las transgresiones. ¿Por qué?

El Rebe explica: el objetivo no es avergonzar, sino despertar. El verdadero líder no humilla, educa con compasión.

Según el Rebe, este discurso no es una lista de fallos. Es una expresión de fe. Moisés demuestra que el pueblo es capaz de escuchar, de cambiar, de elevarse. Recordar el pasado no es condena, es herramienta para crecer.
En Devarim, Moisés asume el papel de padre. No habla como el líder que dividió el mar, sino como un anciano que ama a su pueblo. El recuerdo es el lenguaje del amor que no se rinde.

El Rebe añade un punto clave: la crítica más constructiva se da cuando hay cercanía. Moisés solo habló así al final, cuando había construido una relación profunda. Sin conexión, no hay transformación.

Así también nos enseña el Rebe: cuando corrijas, hazlo desde la empatía. Cuando critiques, hazlo desde el compromiso. No para derribar, sino para elevar.

Devarim no es solo historia o anécdota. Es un espejo. Cada uno de nosotros tiene su propio desierto, sus propios errores, las cosas que debe enmendar, las palabras que debe decir… y también su propio Moisés interior.

Y como enseñó el Rebe, nunca estamos solos en el camino del retorno, es decir el regreso a uno mismo, a ese que eramos antes de la falla, el error cometido.

Esta semana, mientras leemos Devarim, no solo escuchamos las palabras de Moisés. Escuchamos un llamado eterno: sé firme, sé honesto, pero sobre todo… sé compasivo.

Porque por terribles, peligrosas o catastróficas que se presenten las cosas, no se puede olvidar el propósito, no se perder el amor.

Porque así hablaba Moisés.
Y así enseñaba el Rebe.


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