Durante la Revolución Francesa, uno de los principios más revolucionarios fue la idea de que todos los hombres nacen libres e iguales en derechos.
En ese contexto, tras intensos debates en la Asamblea Nacional, en 1791 Francia se convirtió en el primer país de Europa en otorgar a los judíos plena igualdad legal, eliminando las restricciones medievales que les imponían vivir en guetos, ejercer oficios limitados o pagar impuestos especiales.
Después de la Revolución, las ideas de igualdad ciudadana se expandieron por Europa, especialmente durante las Guerras Napoleónicas, cuando los ejércitos franceses llevaron consigo el Código Napoleónico, que proclamaba la igualdad ante la ley.
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