Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Shoftim

La nación de Israel fue el único pueblo de la antigüedad que proclamó la existencia de un código moral basado en la idea revolucionaria, que fue la consecuencia directa de su defensa de la existencia de una Deidad Absoluta, única e incorpórea. Ese código incluye también las normas que se debe observar durante la guerra.

Nadie puede negar la desdicha de la conflagración ni su crueldad, pero no debe cegarnos ante la terrible verdad de que algunas beligerancias son, no obstante, justificadas e incluso obligatorias.

Cuando el Estado judío autónomo dejó de existir al final del Período del Segundo Templo, el tema de la guerra se volvió solo parte de los estudios teóricos. A partir de ese momento, estas áreas de la halajá rara vez se discutieron en detalle.

LAS NORMAS PASAN DE HIPOTÉTICAS A PRÁCTICAS

Desde el nacimiento del Estado de Israel, estas cuestiones pasaron de la halajá teórica a lo empírico.

Mientras tanto, el mundo y las formas de guerra cambiaron.

Las autoridades halájicas modernas consideran los mandamientos de la Torá, los relatos bíblicos y midráshicos, las declaraciones halájicas, los entendimientos éticos modernos y las leyes y normas de la guerra moderna vigentes para ofrecer posturas halájicas relevantes.

Se estudian sabiendo que las normas que se discuten no son para aplicación de los sucesivos gobiernos, que no se rigen por las leyes de la Torá.

Sin embargo, su estudio nos puede iluminar para encontrar límites éticos a nuestras acciones.

Rav Shlomó Goren comprendió que la Torá nos ordena tener misericordia del enemigo; matar solo está permitido cuando es necesario para la defensa propia: para asegurar definitivamente el territorio y ganar la guerra. Está prohibido matar civiles, especialmente mujeres y niños. Las guerras obligatorias contra las siete naciones cananeas, que ya no existen, fueron la excepción, no la regla. «Dios no permita que alguien aprenda de ellas para otras guerras y para nuestro tiempo». Las medidas extremas se debieron únicamente a la extrema crueldad de esos enemigos. [Escribió el Rav Shlomó Goren en Meishiv Miljamá I, pág. 14].

Algunas de estas leyes se establecieron en la Convención de Ginebra, mientras que otras son normas tácitas. Estamos obligados a adherirnos a estas normas; funcionan como una especie de “dina demaljuta dina” (ley de las autoridades de las naciones que estamos obligados a seguir). Por lo tanto, el Estado de Israel moderno está obligado a respetar tanto el derecho internacional como las normas vigentes en la época. [Rav Shaul Yisraeli, Amud Hayemani, págs. 194-202.]

REGLAS DE LA GUERRA SEGÚN NUESTRA PARASHÁ

La Parashá Shoftim (Deuteronomio 16:18–21:9) que leemos esta semana, describe reglas para la guerra. Especifica exenciones del servicio militar para ciertos individuos, como un hombre que acaba de casarse, está construyendo una nueva casa, o ha plantado un viñedo. Ellos no están obligados a ir a la guerra.  La razón de estas exenciones es permitir la continuación de la vida y la construcción de la nación, asegurando que los logros personales de un hombre puedan ser completados por otros, no sea que muera en batalla antes de que sus esfuerzos den fruto.   (Ver Deuteronomio 20:5-9). Cuando los oficiales hayan terminado de dirigirse a las tropas, los comandantes del ejército asumirán el mando de las tropas.

A esto se añaden consideraciones sobre la moral de las tropas (vv. 8–9), ofertas de términos de rendición pacífica (10–11), y los resultados finales del asedio como se representan comúnmente en el mundo antiguo (12–14).

NO HAY DISPENSAS, FRANQUICIAS NI PRIVILEGIOS

No importa cuántas veces leamos estos versículos, no encontraremos ninguna excepción para los hombres que estudian Torá. Y, con mayor razón, no hay exenciones para los hombres que no estudian Torá, sino que simplemente se visten como quienes sí lo hacen. Es más, con la única excepción de los cobardes, todas las franquicias prescriptas en la Torá son temporales; para adaptarse a situaciones particulares, legítimas y de corto plazo.

No hay fundamento ni justificación, desde el punto de vista de la Torá, para evadir el servicio militar. Buscar librarse de esa obligación es una transgresión a la letra y el espíritu de la Torá.

Rambam afirma claramente en su Hiljot Talmud Torá (Leyes del Estudio de la Torá), capítulo 3, enfatizando que el estudio de la Torá es una mitzvá primordial que conduce a la acción, el camino correcto.  Una persona cuyo corazón lo inspira a cumplir este mitzvá de manera adecuada y a ser coronado con la corona de la Torá no debe desviar su atención hacia otros asuntos. No debe fijar su intención en adquirir la Torá junto con riqueza y honor simultáneamente.

[Más bien,] este es el camino de la Torá: “Come pan con sal, bebe agua en pequeña medida, duerme en el suelo, vive una vida de dificultad y trabaja en la Torá“, enseña la Ética de Nuestros Padres 6:4: destacando la importancia de ganarse la vida a partir del propio esfuerzo en lugar de la caridad, la obligación de estudiar y la preferencia por estudiar por la noche. Pero, no exenta al estudiante de servir al ejército en una lucha de defensa.

EL COLEL

El Colel, instituto de estudios para personas casadas, fue una innovación muy reciente y no una institución con siglos de historia. Comenzó recién a finales del siglo XIX. El primer Colel – en el sentido moderno del término – en la diáspora judía fue el “Colel Perushim”) fundado en Kovno (Kaunas, Lituania) en 1877.

Se requería que los diez estudiantes inscritos se separaran de sus familias, excepto durante el Sábado, y se dedicaran a estudiar para ser rabinos. Había un límite de cuatro años para la membresía en el Colel.

La idea de que este concepto de Colel evolucionara en masas de hombres, sin tomar en cuenta su capacidad académica, que se sentaran y estudiaran de por vida, a expensas del erario público, era impensable. No existía ningún precedente de esto en la historia judía. Cero.

GUERRAS DEFENSIVAS

De hecho, hay pocas razones halájicas para oponerse a las guerras defensivas de Israel y razones abrumadoras para apoyarlas, ya que los imperativos halájicos de pikuaj nefesh (salvar vidas) y habá lehorguejá hashkem lehorgó (Sanedrín 72a, lo traduce como: “Si alguien viene a matarte, levántate temprano para matarlo primero“, que es la obligación de defensa propia, prevalecen sobre la mayoría de las demás mitzvot. [Sanedrín 72b]).

Yejezquel, que vivió en el siglo VI a.e.c., durante el exilio babilónico tras la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor, profetizó que quien oye las alarmas de una batalla inminente y no toma las precauciones necesarias cargará con la culpa si muere, al igual que los centinelas que ven acercarse a los ejércitos enemigos y no advierten al pueblo:

“…y él vea venir la espada sobre la tierra, y toque la trompeta y avise al pueblo, cualquiera que oiga el sonido de la trompeta y no se prepare, y viniendo la espada lo hiera, su sangre será sobre su cabeza. El sonido de la trompeta oyó, pero no se preparó: su sangre será sobre él; pero el que se prepare, salvará su vida. Pero si el centinela ve venir la espada y no toca la trompeta, y el pueblo no se prepara, y viniendo la espada, hiere a alguno de ellos, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del centinela” (Yejezquel 33:3-6).

Solo me queda pedir por la inmediata liberación de todos los secuestrados, y la devolución de los restos de los caídos en manos de nuestros enemigos, la sanación física y sicológica de todos los heridos en la guerra, el consuelo de las familias y los amigos que perdieron seres queridos, el regreso de todos los que debieron abandonar sus residencias destruidas, la paz en todas las fronteras y la fraternidad entre todos los sectores de nuestro pueblo.

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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."