El 7 de octubre de 2023 marcó un antes y un después para Israel y para Omer Shemtov. Lo que comenzó como un día de música y diversión con amigos se transformó en un infierno inimaginable: un ataque sorpresivo de Hamás, persecución, secuestro y más de 500 días de cautiverio en Gaza.
En esta entrevista exclusiva para Enlace Judío, Omer narra con detalle el terror que vivió, la pérdida de seres queridos, la resistencia diaria y cómo su fe y esperanza lo mantuvieron firme.
Un testimonio que revela no solo el sufrimiento personal de Omer, sino también el impacto profundo y terrible de aquel día para toda Israel, subrayando la urgente necesidad de priorizar la liberación de los rehenes.
Enlace Judío: Bienvenido Omer. Para iniciar esta entrevista, volvamos a este terrible día, el 7 de octubre 2023. ¿Qué sucedió y qué pasaba por tu mente en estos primeros instantes?
Omer Shemtov: El día del 7 de octubre, fui con muchos de mis amigos a un festival, al Festival de Música Nova. Y, mientras estábamos bailando, a las 6:29 de la mañana, Hamás comenzó a atacar a Israel. Al principio fue un ataque con misiles. Recuerdo que todos evacuamos la zona hacia el estacionamiento.
De pronto, nos encontrábamos corriendo por nuestras vidas en campos abiertos, escuchando disparos por todas partes, viendo cómo la gente era asesinada, cadáveres por todos lados. Corrimos… después de quizá una hora corriendo, un amigo, Ori Danino, quien estaba en un lugar seguro, volvió para ayudar. Me llamó y vino a recogernos.
Subimos al vehículo, mis amigos y yo, y empezamos a conducir. Tomamos la carretera y giramos a la derecha. Y al girar, de repente vi dos vehículos de Hamás. En cuanto nos vieron, comenzaron a dispararnos. Yo estaba sentado ahí, frente a un agujero grande en el vidrio del auto.
Recuerdo que una bala entró por el vidrio justo al lado de mi cabeza. Todavía recuerdo el silbido de las balas pasando cerca. Recuerdo a Maya y a Itai atrás, que son hermanos. Maya estaba hablando por teléfono con su padre, y gritaba: “¡Papá, me están disparando! ¡Me están disparando! ¡Estoy a punto de morir! Te amo, te amo”. Y mientras nos disparaban, nuestro amigo Danino abrió la puerta y corrió. Escapó, pero tres horas después, fue capturado por Hamás. Estuvo en cautiverio 11 meses, y después de 11 meses lo asesinaron. Que en paz descanse.
Después de eso, recuerdo a dos terroristas que se acercaron al vehículo, nos sacaron a la fuerza, nos tiraron al suelo, nos golpearon mientras estábamos en el piso, nos escupieron, ataron nuestras manos detrás de la espalda y nos subieron a la parte trasera de una camioneta.
Ahí comenzó el viaje hacia Gaza. Lo que pasaba por mi mente… primero que todo, estaba en shock. Es algo que nunca imaginas que pueda pasarte. Habíamos escuchado historias, como la de Gilad Shalit, que estuvo cinco años en cautiverio de Hamás, pero él fue capturado siendo soldado, en una operación, en tiempos de guerra. Nosotros estábamos bailando, divirtiéndonos, y de repente alguien llega y simplemente nos secuestra. Fue muy impactante. También me sorprendió mucho ver la alegría en las caras de los ciudadanos de Gaza, ver lo felices que estaban con este ataque, ver el odio en sus rostros. Eso me dejó realmente sorprendido.
E.J.: Descubriste cuánto odian a Israel. Y entonces, ¿piensas que los ciudadanos de Gaza son inocentes?
Shemtov: Antes del día siete yo no tenía problemas con los palestinos. Si no quieres matarme, yo no tengo nada contra ti. Si alguien me respeta, yo lo respeto. No importa el color de piel ni la región. Pero después del día siete, de ver los horrores que vi y cómo los ciudadanos lo disfrutaban, ya no creo que haya inocentes en Gaza.
E.J.: Hablaste de una hora y luego de tres horas. ¿Tienes alguna teoría o idea de por qué las FDI no llegaron rápidamente a ese lugar?
Shemtov: No lo sé. Es una pregunta que nadie sabe responder. Creo que está en niveles más altos que los soldados. Para mí, las FDI y los soldados son héroes. Cada vez que veo uno, podría abrazarlos. Los amo, de verdad los amo, y creo que me salvaron la vida. Pero lamentablemente, el día siete, algo pasó. No sé qué fue.
E.J.: Hablaste de tu amiga Maya, y escuché que recibió un disparo grave en la pierna y la operaron en Gaza. ¿Qué pasó con su pierna?
Shemtov: Cuando llegamos a Gaza, recuerdo que su pierna estaba prácticamente cortada, colgando de hilos de carne. La primera semana no le hicieron ninguna operación adecuada, todo fue muy rápido y sin anestesia. Después de una semana la llevaron a un hospital y la operaron, pero le cosieron la pierna al revés. Hasta hoy sufre por eso, lamentablemente.
E.J.: Durante tu cautiverio en Gaza, ¿cómo eran las condiciones diarias?
Shemtov: Muy duras. Hambre, insultos constantes, escupitajos. La vida era muy difícil. Mucho se habla de hambre en Gaza, pero yo puedo decir que, si hay hambre, es causada por Hamás. Yo mismo transportaba cajas de alimentos de la ONU en los túneles, cientos de cajas llenas de comida. Los terroristas comían esa comida, yo recibía apenas migajas. La mayor parte del tiempo comía pan, una pita a diario. A veces frijoles. Era todo.
E.J.: ¿Hubo alguna situación especial que te afectara profundamente durante tu cautiverio?
Shemtov: Sí, lo que más me marcó fue el sonido de los bombardeos, los aviones en el cielo, las explosiones cerca. Hasta hoy me cuesta escuchar ruidos fuertes, es algo que se quedó conmigo.
E.J.: ¿Cómo lograste mantener tu fuerza mental y emocional, en medio de tanta incertidumbre sobre tu futuro?
Shemtov: Al principio estaba en shock, me preguntaba todo el tiempo: “¿Por qué yo? No he matado, no he robado, no he hecho nada malo. ¿Por qué yo?”. Y entonces tuve que decidir: o culpo a Dios por todo, o creo en Dios y acepto que este es el camino que me dio por alguna razón. Elegí lo segundo. Me mantuve enfocado en que debía resistir, recé constantemente. Siempre creí que volvería a casa, sin dudas. Y mi madre también lo creyó. Ella siempre decía: “El pensamiento positivo crea realidad positiva”. Vengo de una familia muy optimista, y eso me dio mucha fuerza.
E.J.: ¿Tuviste contacto con otros rehenes durante el cautiverio?
Shemtov: Sí, con Itai y Maya la primera semana. Después llevaron a Maya al hospital y quedamos Itai y yo. Él es más joven que yo, y traté de apoyarlo, darle pensamientos positivos, convencerlo de que volveríamos. Tomé el papel de hermano mayor. Eso me ayudó también a mí. Hoy lo considero como un hermano real.

E.J.: Cuando fuiste liberado, un terrorista te obligó a besarle la frente y ahora las FDI lo eliminaron ¿Qué sentiste?
Shemtov: Fue humillante, claro. Antes de subir al escenario discutimos porque yo no quería hacerlo. Llegamos a un acuerdo de solo darle la mano, pero en el escenario el camarógrafo me presionó a hacerlo. Pensé: “Hazlo, solo quiero volver a casa”.
Y les tengo una noticia: no eliminaron al que me hizo besarle la frente. Era otro.
E.J.: Por lo que viste en Gaza, ¿crees que Hamás se rendirá y dejará las armas?
Shemtov: Espero que sí. Y creo que es posible, porque los vi romperse poco a poco, deprimidos, atrapados en sus túneles como prisioneros. Pero lo más importante ahora es liberar a los rehenes. Cada vez que matan a un terrorista, los que custodian a los rehenes se desquitan con ellos, lo viví en carne propia.
E.J.: Entonces, ¿no apruebas la presión militar sobre Gaza?
Shemtov: No en este momento. Tanto como quiero que esta organización termine, ahora lo más importante es liberar a los rehenes.
E.J.: Ahora que volviste a la vida cotidiana en Israel, ¿qué es lo más difícil para ti?
Shemtov: Antes del día siete, mi lugar feliz era Tel Aviv. Me encantaba ir a la playa, a restaurantes, a pasear. Después de volver, la primera vez que fui a Tel Aviv vi miles de fotos de rehenes y de personas asesinadas. Israel se ha vuelto un lugar muy triste. Esta guerra afectó a todos, absolutamente a todos. Además, veo la sociedad dividida, y eso me duele mucho. Leer cosas como “Holocausto en Gaza” me rompe el corazón, porque lo que pasa allí es culpa de Hamás, no de Israel. Si hay algún sufrimiento en Gaza, es hecho por Hamás, no por Israel. La gente tiene que entender esto.
E.J.: ¿Qué has hecho, desde tu propia posición, para ayudar a que los rehenes vuelvan a casa?
Shemtov: Estoy viajando por el mundo para hablar de ellos, hacer que los rehenes sean la prioridad en los medios y en la política. Creo que esta es mi misión, lo hago con fe en Dios.

E.J.: Estuviste 505 días en Gaza. ¿Qué aprendiste?
Shemtov: Aprendí a valorar las pequeñas cosas de la vida: la familia, los amigos, la libertad. La felicidad verdadera está en lo simple. Creo que todo en la vida es un milagro, desde lo pequeño hasta lo grande.
E.J.: ¿Qué mensaje darías a los rehenes que aún están en Gaza?
Shemtov: Que sean fuertes, que crean. Que sepan que estamos luchando por ellos, que falta poco. Siempre le decía a Itai: “Un poco más, aguanta un poco más”. Eso les diría ahora.
E.J.: ¿Crees que Trump puede ayudar a liberar a los rehenes?
Shemtov: Sí, lo creo. Yo mismo fui liberado gracias a él y gracias a Dios. Lo conocí en Washington y le dije que creíamos que había sido enviado por Dios para ayudarnos. Y sigo creyéndolo.
E.J.: ¿El judaísmo te ayudó en el cautiverio?
Shemtov: Por supuesto. Aunque aprendí sobre el islam, los terroristas siempre intentaban convencerme de convertirme, pero yo soy judío y moriré judío.
Mi fe en Dios me sostuvo. Hablaba con Él todos los días, y sentí muchas veces que me respondía, que me abrazaba. Lo sentí. Él me abrazaba, me abrazaba. Hablaba con Él, como si estuviera justo enfrente de mí
E.J.: ¿Qué planes tienes ahora?
Shemtov: Por ahora, luchar por los rehenes. Pero después, mi sueño es convertirme en actor. Desde niño me inspiraron películas de Adam Sandler, y siempre le dije a mi madre que algún día subiría al escenario de los Óscar y agradecería a mis padres. Sé que lo lograré.
E.J.: Entonces te veremos en Hollywood.
Shemtov: Sí, la próxima entrevista será allí.
Hoy, libre tras 505 días de cautiverio, Omer Shemtov no solo lucha por reconstruir su vida, sino que transforma su experiencia en una voz de justicia y esperanza. Su historia es un recordatorio del terror vivido aquel 7 de octubre, un día que marcó a Israel y dejó cicatrices profundas en quienes sobrevivieron.
Omer dedica su vida ahora a alzar la voz por los rehenes que aún sufren, demostrando que la resiliencia, la fe y la solidaridad pueden transformar incluso los momentos más oscuros en un impulso hacia la vida y la libertad.
Su testimonio nos recuerda la fragilidad de la paz y el poder de la fe frente al horror.
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