Juntos Venceremos
jueves 04 de junio de 2026

Rab Yosef Bitton / Shofetim: ¿Paz o Califato?

Cuando te acerques a una ciudad para combatir contra ella, primero la llamarás a la paz.” (Debarim 20:10)

¿QUÉ BUSCA ISRAEL?

En la Parashá de esta semana, Shofetim, encontramos un principio bíblico revolucionario: antes de iniciar una guerra, Israel debía ofrecer la paz. Incluso si el ejército judío era lo suficientemente fuerte como para conquistar fácilmente la ciudad, tomar su botín y expandir territorio, la Torá exigía sacrificar esas ventajas y proponer primero un acuerdo pacífico.

En un mundo donde la guerra era la norma, la profesión y el negocio de los pueblos, este principio era único. El Midrash Sifri y el Talmud remarcan que incluso en una miljemet mitsvá —una guerra de defensa— Israel debía primero ofrecer la paz. Rambam en Hiljot Melajim 6:1 lo codificó claramente: “No se libra guerra contra ninguna nación en el mundo hasta que primero se le ofrece la paz.”

El pueblo judío fue educado desde la cuna en esta vocación de paz, hasta hacerla parte de su identidad genética. Nuestro objetivo final = PAZ. “Shalom”, la palabra que más repetimos al concluir nuestras plegarias.

Esa paz bíblica no significaba ingenuidad ni “poner la otra mejilla”. Significaba que el enemigo debía rendirse, deponer armas y renunciar a su capacidad ofensiva. Israel buscaba evitar derramamiento de sangre innecesario, pero sin bajar la guardia.

3500 años después, el Estado de Israel sigue fiel a esa vocación. En su corta historia moderna nunca comenzó una guerra: siempre se limitó a contraatacar cuando fue atacado. Además, B”H, nunca perdió una guerra. Y desde su superioridad militar demostró estar dispuesto a pagar precios altísimos para vivir en paz con sus vecinos: entregar territorios conquistados militarmente, asumir riesgos estratégicos, firmar acuerdos frágiles con regímenes tiranos. Todo con la esperanza de alcanzar la paz. Y esas concesiones no siempre han traído paz.

¿CUANTO HACE QUE NO ESCUCHAS LA PALABRA “SALAM”?

En el islam radical, el objetivo final no es la paz. No se busca convivencia ni tolerancia con otros pueblos y religiones. Los “infieles” —judíos, cristianos, Drusos, Alawitas— deben ser eliminados y sus tierras conquistadas. La guerra no es el último recurso: es el primero. Hamas en Gaza, Hezbollah en el Líbano, los Houthis en Yemen, los yihadistas en Siria jamás ofrecen paz, ni la aceptan. ¿Cuándo fue la última vez que un líder de Hamas, o en una manifestación palestina, alguien pronunció la palabra “Salam”? NUNCA. Porque el objetivo no es convivir.

El islam radical no es un movimiento político que lucha contra la corrupción o por los derechos de los oprimidos. Esas son las fachadas que utiliza. El islam radical es en realidad una religión de conquista, y su meta es el Califato universal (Jalifa): un gobierno mundial que impone a la humanidad la ley del Corán.

Para alcanzar este objetivo “mesiánico” utilizan todos los medios y especialmente el Jiyhad: ataques en masa, invasiones, masacres, secuestro y esclavización de mujeres y niñas, e incluso la difusión mediática de las masacres para sembrar terror y atemorizar al enemigo.

Esto no es nuevo. Es una repetición de la historia de Mahoma en el siglo VII. Lo vimos el 7 de octubre contra Israel. Y lo vemos en estos últimos meses en Siria: hay permanentes masacres de cristianos y alawitas. Y en las últimas semanas miles de drusos fueron asesinados brutalmente. Y más de 200 mujeres y niñas drusas fueron secuestradas. Es verdad, aunque usted no lo escuche en Al Jazeera, BBC o CNN.

RENDIRSE: JAMÁS

La visión judía de los tiempos mesiánicos es la paz: “El lobo y el cordero morarán juntos”, dice Yeshayahu. Israel, el cordero, sueña con ese futuro de convivencia con los pueblos vecinos. Nuestra aspiración mesiánica es que nos dejen en paz.

El islam radical tiene otra visión: “Islam” no significa paz, significa SUMISIÓN. La sumisión de todas las naciones a la Sharía.

En este esquema NO EXISTE LEVANTAR BANDERA BLANCA. El caso de los Houthis lo demuestra. Durante meses lanzaron misiles contra Israel. Gracias a la defensa israelí y la distancia, no causaron víctimas. Esta semana Israel respondió atacando puertos y eliminando a su cúpula militar. Pero ¿qué piensan que va a pasar?

En cualquier lógica normal, un enemigo derrotado frente a un ejército mucho más fuerte busca un acuerdo, desescala el conflicto. Pero los islamistas nunca lo hacen y nunca lo harán. JAMÁS VAN A DECLARAR SU DERROTA. Eso sería herejía.

Por eso, incluso si pierden vidas, lo celebran como martirio. Para ellos, la “victoria” —real o ficticia— es la prueba de que su religión es la verdadera. Buscar la paz o admitir la derrota es herejía. A lo sumo aceptan una tregua táctica: un respiro temporal para rearmarse y volver a atacar.

Pensar que los islamistas radicales van a renunciar al islam, es decir, “a someter el infiel”, es como pensar que un judío observante renuncie al Shabbat o a Yom Kippur.

¿QUÉ HACER EN GAZA?

En estos últimos días, Israel ha repetido una y otra vez su ultimátum. Fiel a su misión bíblica, ha propuesto a Hamas una salida: que se rindan, depongan sus armas, liberen a los rehenes israelíes y que sus líderes se exilien.

Pero Hamas, como lo hizo el Faraón, ha endurecido su corazón y rechazado la oferta.

Y en ese caso, la Torá también prevé el otro escenario:
וְאִם־לֹ֥א תַשְׁלִ֖ים עִמָּ֑ךְ וְעָשְׂתָ֥ה עִמְּךָ֖ מִלְחָמָֽה וְצַרְתָּ֥ עָלֶֽיהָ׃
“Y si [la ciudad] no hace la paz contigo y quiere la guerra contra ti, entonces avanzarás y la sitiarás.” (Debarim 20:12)

Es decir: si el enemigo rechaza la paz, no debemos ser ingenuos ni suicidas. La Torá nos dice: ve adelante, entra, conquista, toma la tierra y asegúrate de que los que buscan destruirte nunca más puedan levantarse contra ti.

Creo que ese momento ha llegado…

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