Juntos Venceremos
lunes 13 de julio de 2026

Poderosa y antigua palabra para la abundancia y tranquilidad

Moshé instruye al Pueblo de Israel: Cuando entres a la tierra que Di-s te esta entregando como herencia eterna, y la establezcas y la cultives, trae las primeras frutas (bicurím) de tu huerta al Sagrado Templo, y declara tu gratitud por todo lo que Di-s ha hecho por ti.

Esta sección también incluye las leyes de los diezmos dados a los Leviím y a los pobres.

Moshé recuerda a la gente que son el pueblo elegido por Di-s y que ellos, a su vez, han elegido a Di-s.

La última parte de Ki Tavó consiste en la Tojajá (reprimenda). Luego de listar las bendiciones con las cuales Di-s premiará a la gente cuando ellos sigan las leyes de la Torá, Moshé da una larga y dura lista de cosas malas, como enfermedad, hambruna, pobreza y exilio, que ocurrirán si ellos abandonan los preceptos de Di-s.

Moshé concluye diciendo al pueblo que sólo hoy, cuarenta años después de su nacimiento como pueblo, alcanzaron “un corazón para saber, ojos para ver y oídos para escuchar”.

En esta lectura, Ki Tavó, encontramos un mensaje que puede cambiar nuestra manera de vivir.

El pueblo de Israel entra por fin a la Tierra Prometida, después de generaciones de esclavitud y años de desierto. Y Dios les pide un gesto sorprendente: traer las primeras frutas de la tierra y decir una declaración de gratitud.

El Rabino Jonathan Sacks lo explicaba con una profundidad increíble: este no es un simple ritual. Es una lección para toda la vida.

Cuando alcanzamos el éxito, cuando logramos lo que soñamos, corremos un peligro silencioso: olvidar de dónde venimos. Creer que todo lo hicimos solos.

Por eso la Torá nos enseña: detente. Reconoce el camino. Recuerda la historia de tu pueblo, de tus padres, de quienes caminaron antes que tú. Y sobre todo: agradece.

Porque la gratitud, decía Sacks, es la fuerza más poderosa para transformar una vida. La gratitud te libra del ego. Te enseña a valorar lo que tienes en vez de obsesionarte con lo que te falta. La gratitud convierte lo ordinario en extraordinario.

Piensa en esto: ¿qué pasaría si cada mañana empezaras el día no quejándote, sino agradeciendo? ¿Si en lugar de mirar lo que no tienes, reconocieras lo que sí tienes?

La parashá Ki Tavó nos recuerda que quien agradece no solo recibe bendición, sino que se convierte en fuente de bendición. Por eso Israel debía compartir sus frutos con el huérfano, la viuda y el extranjero. Porque el corazón agradecido no se encierra en sí mismo, sino que se abre a los demás.

El Rabino Sacks lo resumía en una frase:

“La gratitud convierte lo que tenemos en suficiente, y a veces, en abundancia”.

Ese es el secreto de la alegría: no esperar a tener más para ser feliz, sino reconocer que ya somos afortunados.

Así que hoy, pregúntate: ¿qué agradeces? ¿Qué bendición puedes reconocer ahora mismo en tu vida?

Porque Ki Tavó no es solo un relato antiguo. Es una llamada urgente: vivir con gratitud es vivir con plenitud.

Déjame en los comentarios: ¿qué es lo primero que agradecerías hoy si trajeras tus propias primicias?

 

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