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miércoles 03 de junio de 2026
Elementos de Rosh Hashaná

Rab Yosef Bitton / Rosh Hashaná: Transformarnos en Abraham

Escuchar el Shofar es la Mitsvá central de Rosh Hashaná. El propósito del Shofar es claro: declarar que Dios es el Rey y Soberano del universo, y que nosotros, como Sus súbditos leales, lo reconocemos.

En Rosh Hashaná celebramos la creación del primer ser humano, Adán, y por eso reconocemos a Dios como nuestro Creador y dueño (en hebreo, “Abinu”, padre). Dios nos regaló la vida. Pero, al mismo tiempo, el Shofar nos confronta con otra verdad inescapable: Dios, como Soberano (en hebreo “Malkenu”), es el “dueño” de nuestras vidas, tiene el derecho y el poder de tomar de regreso ese regalo en cualquier momento.

Cuando escuchamos el Shofar, experimentamos esta poderosa dualidad: por un lado, agradecemos a Dios por el regalo de nuestra existencia y, por el otro lado, reconocemos Su Soberanía, Su jurisdicción para decidir el destino de nuestras vidas. Este es el sofisticado punto de conciencia al que debemos llegar cuando escuchamos el Shofar. Pero, ¿cómo podemos alcanzar este nivel de agradecimiento, lealtad y entrega?

El Sacrificio de Isaac

Los Sabios nos enseñan que el Shofar nos conecta con la Aquedá, el sacrificio de Isaac, una de las historias más conmovedoras de nuestra tradición. Abraham, nuestro patriarca, había anhelado un hijo durante toda su vida. Su esposa, Sara, era estéril y había pasado ampliamente la edad de concebir y dar a luz. Sin embargo, Dios hizo un milagro: Sara concibió y dio a luz a Isaac.

Si lo pensamos con profundidad, el nacimiento de Isaac fue una repetición del evento que recordamos en Rosh HaShaná: un nuevo acto de creación de Adam. La alegría de Abraham era suprema, insuperable. Y su lealtad a Dios se multiplicó.

Pero un día, sin previo aviso, Dios le pide a Abraham algo inconcebible: que sacrifique a Isaac, que le devuelva el regalo que recibió de Él. Abraham está devastado, confundido y lleno de dolor. Está enfrentando una prueba que desafiaba toda lógica humana. ¿Por qué Dios le pedía que renunciara a lo que él más amaba? A pesar de su angustia, Abraham eligió obedecer a Dios, demostrando la máxima lealtad incondicional al Creador. Este acto de obediencia no solo mostró su lealtad, sino que estableció un ejemplo eterno para sus descendientes: aceptar la voluntad divina, incluso cuando exige el mayor de los sacrificios.

Sin embargo, y como bien lo sabemos, la Aquedá terminó siendo una prueba “teórica” de lealtad. Su disposición a sacrificar a Isaac demostró que Abraham no solo obedecía a Dios cuando era bendecido con riquezas o éxito. También era fiel al Soberano cuando se requería una entrega absoluta.

Un Final Feliz

La historia de la Aquedá podría haber terminado con Isaac sacrificado y Abraham aceptando, como Job, la pérdida de lo que más quería y diciendo: “Dios me lo dio, y Dios lo tomó… bendito sea Su nombre para siempre”. Pero, en un giro inesperado, Dios interviene en el último momento y detiene el sacrificio de Isaac. Le dice a Abraham que no sacrifique a su hijo, que Isaac vivirá. En ese instante, cuando Abraham confirma a Dios como Rey, Dios le confirma a Abraham Su amor como Padre. Que lo ama, que valora su felicidad y que desea seguir bendiciéndolo con el regalo de la vida.

La Transformación Abrahámica

Cuando escuchamos el Shofar en Rosh Hashaná, nos transformamos en Abraham Abinu. Comprometidos a obedecerle y a cuidar el pacto que tenemos con Él, incluso cuando esto implica sacrificios. Pero también nos damos cuenta de que Dios quiere lo mejor para nosotros.

Que este Rosh HaShaná, cuando escuchemos el Shofar, tengamos el mérito de declarar a HaShem como nuestro Rey, y que Él nos declare como sus hijos.

SHANA TOBA!!!
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