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sábado 18 de julio de 2026

Raquel Schlosser / De la palabra al abrazo institucional en Fordham University: Seguridad, cuidado y dignidad ante la polarización global

Al inicio de su vida universitaria en Fordham University en NY, en la maestría en Administración de la Comunicación—era febrero de 2025— las dudas acechaban a mi hija: ¿Cómo me sentiré? ¿Estaré segura? ¿Cómo reaccionarán mis compañeros y compañeras? Las preguntas eran una preocupación genuina.

Pudo conversar con un maestra , con la que se sintió segura, sobre el riesgo de su identidad judía en el ambiente universitario.

Después de su conversación me llamó.

Su frase me desarmó por su sencillez y su verdad:

                                                       “Estoy en la universidad correcta.”

Esa frase fue el punto de partida de la investigación que fundamenta este artículo. En un tiempo donde tantas instituciones educativas se convirtieron en escenarios de odio y fractura, ella se sentía cuidada, escuchada, acompañada. Su sensación de seguridad provenía de la presencia activa de una universidad,  que eligió dar un ejemplo de humanidad y actuar desde la justicia social, compasión y la NoViolencia. El contexto global puso a prueba los valores institucionales, la gestión de crisis y los principios de libertad de expresión.  Fordham pasó la prueba y aquí daré testimonio de cómo lo hizo.

“Depende del contexto” el permiso a la violencia estudiantil

El 7 de octubre de 2023 marcó un punto de inflexión mundial. Los ataques del grupo terrorista hamás (minúsculas obligadas) contra la población civil de Israel, el secuestro desde bebés a adultos mayores, los asesinatos filmados por los terroristas  y las violaciones sádicas a jóvenes, así como la consecuencia de la devastadora respuesta bélica en Gaza, desataron una ola de dolor, indignación y polarización sin precedentes.

Muchas instituciones de la Ivy League, se veían envueltas en protestas y temor, donde las rectoras eran increpadas legalmente por permitir discriminación y porque solaparon los discursos de odio en nombre de la libertad de expresión en sus universidades; los liderazgos fallidos de universidades como Columbia, NYU y Harvard quedaron expuestos. Demostraron además sus amarres al quedar al descubierto el origen turbio de financiamientos y donaciones.

El resultado fue una erosión de la confianza institucional. La tensión se extendió a las aulas, sucedía en los dormitorios y en las redes sociales universitarias, con un deterioro evidente de la calidad humana y educativa.

Estudiantes judíos quedaron atrapados en las instalaciones amenzados por la turba, inseguros, docentes divididos, y la opinión pública cuestionó la capacidad de las universidades para sostener el diálogo democrático.

Gestión de crisis sociales con valores

Una institución actuó de forma distinta: la Universidad de Fordham, de tradición jesuita. Hoy su caso puede leerse como una hoja de ruta posible para gestionar crisis sociales o políticas, sin perder los principios democráticos ni los valores de justicia social. Las universidades suelen ser laboratorios del futuro social y la respuesta de ésta puede abonar a la pacificación.

En medio de ese clima, Fordham University, en el corazón de Nueva York, eligió  proteger la dignidad y seguridad de todas  y todos sus estudiantes, sin reducir el conflicto a una posición ideológica. Se sostuvo sobre los principios de sus valores fundacionales que confirmó son la columna vertebral de la Universidad: el cuidado integral de la persona, el respeto inquebrantable por la dignidad humana y una ética de responsabilidad comunitaria.

Una carta que marcó la diferencia

A solo tres días del “7 de Octubre negro”, Tania Tetlow, envió una carta a toda la comunidad titulada “Prayers for Consolation and Peace”. Allí no solo condenó inequívocamente el ataque como un acto de terrorismo, sino que también reconoció el impacto emocional profundo que tendría para estudiantes judíos, israelíes, musulmanes, palestinos y sus familias. Expresó con equilibrio lo que muchas instituciones no lograron articular.

En “Prayers for Consolation and Peace”, publicado en Fordham Now escribió:

“Our hearts are broken by the terrorist attacks in Israel and the horror of violence that continues. We mourn for all innocent lives lost. In times of horror, we choose to respond with compassion.” 

Traducción: Nuestros corazones están rotos ante los ataques terroristas en Israel y el horror de la violencia que continúa. Estamos en duelo por la pérdida de todas las vidas inocentes. En tiempos de horror, elegimos responder con compasión.

Durante esa misma semana, la universidad organizó servicios interreligiosos por la paz, el primero el 11 de octubre en Lincoln Center y el segundo el 13 de octubre en el campus de Rose Hill. Los encuentros fueron conducidos por el equipo de Campus Ministry y líderes estudiantiles de distintas tradiciones religiosas.

Se buscó reconocer el dolor compartido, la condena al terrorismo, y la invitación al cuidado mutuo. Ese tono —sobrio, humano, no reactivo— se convirtió en un ancla moral en medio de la manipulación mediática global.

De las palabras a los hechos: diálogo interreligioso

Fordham no se quedó en el nivel discursivo. A lo largo de las semanas siguientes, implementó una estrategia institucional sólida, articulada en una segunda carta enviada el 7 de noviembre, titulada “Making Fordham Safe for Every Member of Our Community”. Allí, Tetlow reafirmó su compromiso con la libertad de expresión, pero también marcó un límite ético:

“We never abandon our commitment to free speech… but this is a moment to remember the corresponding obligations of community. We do not threaten… and we do not question each other’s humanity or belonging here.”

Traducción: Nunca abandonamos nuestro compromiso con la libertad de expresión… pero este es un momento para recordar las obligaciones que corresponden a la comunidad. No amenazamos… ni cuestionamos la humanidad ni la pertenencia de cada uno aquí.

Informó nuevas medidas:

  • Reforzamiento del equipo de Public Safety, en coordinación con el NYPD, priorizando la prevención y el apoyo comunitario.
  • Creación de “Student Leader Listening Sessions” para escuchar preocupaciones de los distintos grupos estudiantiles.
  • La contratación de capellanes no católicos, entre ellos una Rabina y un Imam, como parte del compromiso de pluralismo espiritual.

Fordham anunció oficialmente en 2024 la llegada de la Rabbi Katja Vehlow ( con quien ya me entrevisté) y del Imam Ammar Abdul Rahman (a quien conocí y entrevistaré) , consolidando su primer equipo multirreligioso de liderazgo. Aquí se mostró que la diversidad puede gestionarse desde la inclusión.

Lecciones para el liderazgo democrático

La brújula ética de Fordham marcó su actuación y abrazó cada decisión, que se tradujo en acción hacia dignidad humana. Rafirmó que el respeto mutuo es un valor no negociable y la crisis, que era inevitable, la tomó como una oportunidad para educar en compasión, responsabilidad comunitaria y el diálogo como herramienta de paz.

Su modelo de liderazgo incluyente, enfrentó el conflicto desde valores democráticos y de justicia social: la empatía, la libertad de pensamiento y la seguridad equitativa para todos los estudiantes.

Este abordaje integral —comunicacional, espiritual, relacional y operativo— resultó efectivo en mantener un campus más pacificado y resiliente en plena crisis, partiendo de la convicción de que el conocimiento sin compasión es incompleto y peligroso (que quedó demostrado en la época del nazismo).

El resultado: no hubo enfrentamientos, no hubo miedo, no hubo escalada de odio.

El caso Fordham ofrece una lección esencial para las instituciones que buscan sostener la convivencia en tiempos de fractura:

  • Que la neutralidad no equivale a indiferencia, sino a justicia equilibrada.
  • Que la compasión es un acto político de responsabilidad social.
  • Los valores deben aplicarse justo en los momentos en que el mundo los pone a prueba.

En tiempos de polarización, Fordham recordó algo que no hay comunidad sin cuidado y sin conciencia de la Otredad. Seguramente cada decisión fue dificil, controversial, quitó el sueño; mantenerse en el centro del huracán no fue tarea fácil. Después de dos años, pueden ver los resultados y evaluar cada una de las decisiones que tomaron para gestionar la crisis de su micromundo reflejo del macro.

La universidad actuó como un organismo vivo que protege su tejido humano.

Acompañó a estudiantes que lloraban, a docentes confundidos, y a comunidades religiosas con miedo de ser señaladas.

Frente al avance del discurso polarizante, el modelo Fordham plantea un paradigma distinto para el mundo académico y político: la gestión de crisis centrada en los derechos humanos, la dignidad humana, la empatía y la integridad institucional.

Cuidar fue la forma más clara de resistir al odio.

No con discursos, sino con presencia.

No con banderas, sino con humanidad.

Un modelo posible para las universidades del siglo XXI.

Enseñar y prácticas de lo que llamo NOSOTREDAD es lo que nos puede salvar.
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