Era una boda poco común: el escenario era la Plaza de la Secuestrados. El novio estaba ausente, pues yacía cautivo en un túnel, encadenado y torturado a diario; la novia, de blanco, estaba llorando y le leía una carta; la suegra estaba de negro, en señal de luto, abrazando la foto de su hijo.
Aún así, centenares de familiares y amigos respondieron “Amén”.
Matán e Ilana se conocieron siendo compañeros de trabajo en un laboratorio médico fuera del kibutz Nir Oz. Se enamoraron y se comprometieron; vivían en esta comunidad agrícola en la frontera de Gaza. Ilana Gritzewsky de 32 años, mexicana, emigró a Israel a través de un programa de la Agencia Judía. Matán Zangauker, de 25 años, israelí, era originario de Ofakim.
El fatídico 7 de octubre, Ilana y Matán fueron sorprendidos por los monstruos de Hamás. Ilana intentó esconderse bajo una cobija pero fue descubierta y llevada a Gaza, donde despertó medio desnuda y rodeada de hombres armados. Sufrió abusos sexuales, quemaduras, fractura de cadera y de mandíbula y pérdida de audición. Durante sus 55 días de cautiverio, creyó que Matán había escapado de los asesinos. Sin embargo, minutos antes de ser liberada, se enteró que su novio estaba preso y rogó por verlo y quedarse con él; su deseo le fue negado.
Tras su liberación, Ilana luchó sin tregua al lado de la madre de Matán, Einav Zangauker, quien se volvió un ícono de las manifestaciones a favor del fin de la guerra y la liberación de los rehenes, amenazando incluso al Primer Ministro de Israel.
Las dos mujeres lideraron manifestaciones, cerraron carreteras, protestaron en Tel Aviv, en Jerusalén y ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Ilana, incluso, logró enternecer al antisemita Antonio Guterres, quien declaró después de escucharla: “Su dolor es insoportable”.
El 13 de octubre, en el marco del Plan de Paz de Trump, los últimos rehenes vivos fueron liberados, entre ellos Matán Zangauker.
Einav, esta madre quien vio a su hijo rogando por su vida en los videos de Hamás, esta madre que aullaba frente a los micrófonos, que se quedó en los huesos, ya puede volver a vivir.
Ilana, la mexicana leal a su hombre como solo somos las mexicanas, la que nunca abandonó la esperanza de volverlo a abrazar; la novia que no se quitó el gorro de Matán durante más de un año en las entrevistas; la mujer que rogaba que “no se lo devolvieran en una bolsa”, tendrá finalmente por lo que rezó y leyó en la carta el día de su “boda”:
“Te traeremos de vuelta con vida. Sanaremos juntos. Con la ayuda De Dios, construiremos nuestro hogar judío aquí, en Israel”.
Y diremos Amén.
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