Probablemente estamos pasando a otra etapa en este antisemitismo del siglo XXI. Si hasta hace algún tiempo el núcleo esencial del antisemitismo parecía ser el avergonzar a los judíos de su judaísmo (o de Israel o del sionismo), hoy se comienza a percibir que las cosas ya no son tan simples.
Hoy, ya, el antisemitismo busca que los judíos tengan miedo.
Hace muy pocos días en un escenario que se supone debería estar fuera de cualquier alcance del antisemitismo, un partido de fútbol entre niños, de repente el antisemitismo una vez más demostró que se expande de forma irrestricta y legitimada.
Fue en Buenos Aires, en un encuentro “amistoso” entre niños del Club Mitre y el Club Hebraica. De repente uno de los niños del Club Hebraica escucha que uno o varios niños del Club Mitre afirman que hay que matar judíos. El niño le dice al árbitro:
“¡Dijo que hay que matar judíos, dijo que hay que matar judíos!”.
Así pues, en este antisemitismo del siglo XXI todos son antisemitas, hasta los niños…
Pero la anécdota no concluye aquí pues ya antes del suceso, en las gradas, ya se podían escuchar frases violentas de grupos adultos dirigidas contra la comunidad judía. Como bien dice el dicho: de tal palo, tal astilla.
Pero, cabe preguntarse, si estos adultos, si esta generación, que odia y desea la muerte de los judíos, ¿para qué van entonces a participar de un encuentro deportivo con el Club Hebraica? Es claro que no ciertamente, no por el fútbol.
La razón es otra y es tenebrosa e inquietante: no se debe perder oportunidad alguna de hacerles recordar a los Judíos que son odiados, despreciados y que lo único que hay que hacer con los judíos (además de odiarlos) es matarlos.
Ahora bien, estos antisemitas hipócritas de este siglo XXI, si tan deseosos están de matar judíos, ¿se asumen a partir de esta premisa como genocidas? ¿Reconocen en ellos la violencia descarnada del deseo de asesinar? Por supuesto que no.
Porque en la ideología antisemita triunfante matar (o mortificar, o denigrar o despreciar) a un judío no es un asesinato. No. Es un acto de justicia. Es algo que se enmarca en la decencia y la moral. Es decir desde la vulgaridad chocante del siglo XXI, cuánto más se odie, se grite, se escupa, se desprecie a los judíos, más digno, más decente, más ser humano se es…
Pero acá no termina esta historia de horror. La crónica periodística informa que “una vez suspendido el partido, la tensión no se disipó, es más, se incrementó. “Escuchamos desde otra grada a otro grupo de padres gritando algo como “‘genocidas, ustedes matan gente, después se ponen en víctimas, ustedes son unos genocidas’”
Así pues el Mundo desea matar judíos pero no por eso el Mundo se considera genocida. Todo lo contrario: los genocidas son los Judíos…
Pero obsérvese atentamente el reproche: “uds los judíos se ponen en víctimas”
Pues acá se revela otro triunfo rimbombante del antisemitismo del siglo XXI: convertir todas las persecuciones, todos los pogroms, todos los asesinatos, los campos de Concentración, es decir toda la historia judía de 20 siglos en algo que no es sino una patraña, un invento, una manipulación de la “maldad” judía. Esas desgracias que los judíos invocan no fueron así y si lo fueron, están ciertamente exageradas y manipuladas con fines diabólicos por los judíos.
Es decir, así de claro como fue dicho en esa tarde en Buenos Aires: ustedes no son víctimas de nada. Ustedes los judíos se mandan la parte de víctimas.
La crónica periodística también indica que los padres de los niños judíos fueron alejándose y poniéndose en otras gradas, distante de estos padres tan “indignados” por la maldad judía.
Y sin embargo, ¿qué hacían esos padres ahí?
Por supuesto, los judíos no quieren volver a los guetos, al aislamiento, a cortar vínculos con el Mundo.
Pero, y sin embargo, frente a este antisemitismo virósico y totalmente legitimado, ¿qué se puede hacer? ¿Alcanza con alejarse ingenuamente unos metros…? ¿Con mirar para otro lado? ¿Con hacer que allí no estaba pasando nada?
La respuesta es ardua. Pero hay algo que definitivamente de ninguna manera se puede hacer: negar o minimizar este antisemitismo rampante acorde con el odio también rampante hacia el pueblo judío.
Si el pueblo judío niega, desvaloriza, minimiza a este antisemitismo y pretende “mirar” hacia otro lado, será su peor derrota. No se puede negar este Infierno distraído con el cielo o hurgando bajo la tierra.
Por eso me permito recordar la famosa frase de Dante a la entrada de otro infierno:
“Los que aquí entran abandonen toda esperanza “
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