Alejandro Klein / ¿Qué busca el antisemitismo del siglo XXI?

Más allá de cualquier buena intención al respecto, el antisemitismo sigue tan presente, persistente, cruel y virósico como hace 20 siglos.

Podrá ser tomado como un escándalo que desafía la moral y la honradez, pero es mejor aceptarlo como un hecho ineluctable y óntico, absolutamente inmodificable.

Quizás hubo personas, especialmente del pueblo judío, que supusieron que la Shoá era el límite absoluto a partir del cual ya no podía ni podría existir antisemitismo alguno.

No fue así. Ni es así

Auschwitz no fue ni el final ni la culminación del odio hacia los judíos. Fue, en definitiva (ahora lo tenemos muy claro) un peldaño más en la espiral psicótica del antisemitismo, no más que una arista, no más que una posible versión de todas sus posibles versiones

El límite del antisemitismo no es el horror. Ni la maldad absoluta. Ni la perversión más dañina.

No

Si esos fueran los límites hace mucho que el antisemitismo hubiera desaparecido.

El antisemitismo no tiene fin, ni límite ni final. Es monstruosamente virósico y lo único que sabe hacer es expandirse de forma irrefrenable.

Y ahí está el Armagedón: triunfante, victorioso, marchando raudo y con gestos vulgares y obscenos por las calles de Europa, Latinoamérica, Estados Unidos, Australia, Canadá.

Como un éxito de taquilla de Hollywood a todos encandila, a todos seduce, a todos vence.

Río de Janeiro, Londres, París, Montevideo, México, Montreal, Sydney, todas las ciudades civilizadas (¿civilizadas?) toleran y auspician impertérritas marchas contra Israel, burlas contra los judíos, profanaciones de sinagogas y cementerios, matanzas contra judíos, profesores y estudiantes armando declaraciones de “repudio” contra el sionismo, boicots contra la cultura y la presencia judía, artistas y obreros organizando mítines contra el pueblo judío.

La lista es categórica y ciertamente desmiente lo que se ha comenzado a perfilar como una de las armas ideológicas de este antisemitismo de este siglo XXI: que el antisemitismo en realidad no existe, que en realidad es una construcción paranoica del pueblo judío…

Entonces, ¿qué busca este antisemitismo del siglo XXI?

En primer lugar: el miedo.

Este antisemitismo anhela que el pueblo judío sienta de vuelta miedo, como se sintió miedo frente a los pogroms, los nazis, los Campos de Concentración, los guettos y las cruzadas

Infundir este estado de miedo es una forma de hacer que el pueblo judío se sienta vulnerable y desprotegido, nunca cómodo, siempre extranjero en el mundo occidental.

En segundo lugar, lo que este antisemitismo de este siglo XXI busca es establecer una brecha en el pueblo judío, generando un nuevo tipo de judío: el judío resentido.

Hay que decir que probablemente sea el gran triunfo del antisemitismo contemporáneo. Este judío resentido es el que ataca a Israel, el sionismo, el judaísmo, siendo hasta más antisemita que el propio antisemita. Todo lo que es judío le parece despreciable. La transmisión judía una ridiculez insoportable. Y el judaísmo todo, un error histórico que debe desaparecer de una vez para todas.

Entendamos que el judío resentido no es el judío asimilado del siglo XIX. Pues mientras éste siempre supo de una u otra manera sobre su origen judío, al que respetaba, aunque no lo continuara, el judío resentido es una especie de adolescente perturbado que confronta patológicamente con su padre, su abuelo y sus ancestros, deseando (en un acto que está lleno de rabia y resentimiento) cortar de tajo cualquier traza en él que le haga recordar su judaísmo.

Por supuesto, entendamos que el judío resentido es en el fondo un gesto patológico de identificación con el agresor, para ganar  el “amor” y la “aceptación” del otro, del no-judío, del mundo (especialmente de izquierda) occidental.

Un entrañable amigo me pregunta si el antisemitismo actual busca quizás el exterminio del pueblo judío como el antisemitismo del siglo XX.

No lo creo. Ha habido y habrá nuevas pequeñas matanzas contra los judíos (como recientemente en Australia), pero son -creo-parte de la política del miedo, no del extermino.

El mundo occidental es demasiado vulgar, paranoico y mediocre como para perder el chivo expiatorio perfecto que es el pueblo judío.

Lo necesita para depositar en él todas sus escenas temidas, sus ideologías perversas, su necesidad de disciplinamiento absoluto, todas sus disociaciones, todos sus delirios persecutorios y su absoluta falta de empatía, solidaridad y tolerancia.

Desde aquí, de nada sirve negar la presencia y efectos de este antisemitismo.

Más bien, se trata de pensar cómo y de qué manera ha de sobrevivir el pueblo judío.
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