Un nuevo estudio realizado tras las masacres del 7 de octubre y el secuestro de 251 personas en la Franja de Gaza concluyó que el secuestro masivo crea una nueva forma de trauma de guerra.
El estudio, titulado “El trauma del secuestro masivo y la pérdida vaga: Un marco socioecológico a partir de las vivencias los familiares de rehenes en Israel”, sugiere que las familias de los secuestrados sufren un trauma único derivado del secuestro masivo durante el ataque de Hamás.
Si bien el artículo se centra en los sucesos del 7 de octubre, tiene amplias implicaciones para comprender el fenómeno del secuestro masivo, una táctica que se ha vuelto cada vez más común en zonas de guerra de todo el mundo.
Se argumenta que el secuestro masivo genera amplias repercusiones más allá de las propias familias y socavan la sensación de seguridad de comunidades enteras.
El estudio ofrece a los responsables de la toma de decisiones y a profesionales de la salud mental un modelo para evaluar las consecuencias del trauma, que se extiende desde el individuo hasta el espacio social y político.
Trastorno emocional extremo, agotamiento y crisis con el Estado: así se manifiesta el trauma de los familiares de rehenes
El estudio describe y define por primera vez un fenómeno denominado “pérdida vaga dinámico-estática”: la vida se congela en el tiempo, pero los familiares experimentan movimientos emocionales frecuentes, agudos y violentos entre la esperanza y la desesperación.
Junto con trabajos previos de los investigadores, el artículo sugiere que cuando el secuestro ocurre a gran escala, la pérdida difusa se convierte en un trauma colectivo y nacional, que también afecta la relación entre los ciudadanos y el Estado. Basado en entrevistas con familiares de los secuestrados, el estudio detalla las manifestaciones de este trauma en la vida de las familias:
Manejo del trauma privado dentro de un trauma nacional: Las familias se ven obligadas a afrontar una crisis personal en una realidad generalizada de guerra, desplazamiento y una sensación de abandono por parte del Estado.
Lidiar con la “pérdida vaga, dinámico-estática”: A diferencia de casos de desaparición individuales, el secuestro masivo en tiempos de guerra produce estímulos externos constantes (testimonios de personas liberadas, videos, anuncios oficiales y rumores) que sacuden repetidamente a las familias entre la esperanza y la parálisis.
Lucha continua: Los familiares se convierten en activistas incansables en la lucha por liberar a sus seres queridos. Esta actividad da una sensación de control y significado, pero conlleva una profunda erosión y pérdida de la identidad personal y la vida privada.
Solidaridad comunitaria: La experiencia compartida crea una nueva red de apoyo comunitario de familias y el público que proporciona refuerzo emocional y sirve como un importante marco de sanación. La solidaridad pública y comunitaria contribuye a la resiliencia y permite seguir funcionando en medio de la crisis.
Problemas de salud y funcionamiento: Las familias sufren graves daños mentales y físicos, como ansiedad, depresión, deterioro cognitivo, trastornos del sueño y perturbaciones significativas en el marco familiar y profesional.
El contacto con el secuestrado en cautiverio: Las familias se esfuerzan por mantener el contacto emocional con sus seres queridos mediante mensajes mentales, recursos mediáticos y rituales regulares para mantener su presencia.
“El secuestro masivo es una emergencia de salud pública”.
El estudio publicado en la revista Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy de la Asociación Americana de Psicología, fue dirigido por la Dra. Einat Yehene y Shir Israeli, de la Facultad de Ciencias del Comportamiento del Instituto Académico Tel Aviv-Yafo, y el Prof. Hagai Levin, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad Hebrea y el Centro Médico Hadassah en Jerusalén.
Según la Dra. Einat Yahene: “El estudio ofrece una perspectiva vital para la comunidad internacional. En primer lugar, muestra cómo debe entenderse el trauma dentro de un marco ecológico más allá del individuo y afecta a círculos familiares extensos, comunitarios-sociales y nacionales”.
“El estudio proporciona un lenguaje universal para describir el trauma profundo y debilitante del secuestro masivo y situaciones de pérdida inexplicable, en las que se desconoce el destino o el paradero de los seres queridos. Comprender este fenómeno como un trauma colectivo y multidimensional, que también se produce a nivel social y político, es esencial para desarrollar respuestas humanitarias y de salud mental eficaces en zonas de conflicto de todo el mundo”.
El Prof. Hagai Levin, director de la División de Salud del Foro de Familiares de Rehenes, añadió: “Los hallazgos respaldan nuestra hipótesis de que el secuestro masivo constituye una emergencia de salud pública que afecta a amplios círculos. La sanación no puede comenzar hasta que todos los rehenes regresen a casa, como esperamos y trabajamos para que ocurra pronto”.
“El trauma único está entretejido en la vida de las personas, las familias y la sociedad en su conjunto. El estudio proporciona un marco importante para comprender el apoyo y la atención a largo plazo que requerirán las familias y la sociedad israelí. Como nos dijo Sharon Sharabi, hermano del difunto Yossi Sharabi y el sobreviviente del cautiverio, Eli Sharabi: ‘El estudio da fuerza y verdad a las familias'”.
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