El antisemitismo, esa herida histórica que la humanidad nunca logró cerrar, vuelve a manifestarse con fuerza. En México, los discursos de odio proliferan en redes sociales, estigmatizando a miembros de la comunidad judía, llamando a boicotear sus negocios e, incluso, exigiendo su expulsión de espacios académicos.
Ante esta preocupante ola de intolerancia, el político mexicano y exdiputado del PRD, Fernando Belaunzarán, levantó la voz con un mensaje contundente:
“No podemos permanecer indiferentes ante ello porque sabemos a dónde lleva ese camino; del escarnio público a la agresión solo hay un paso y si alguien lo ha sufrido es precisamente el pueblo judío, por siglos perseguido”, advirtió.
Belaunzarán, reconocido por su trayectoria como analista político, subrayó que la historia ya nos enseñó a qué conduce la pasividad frente al odio. Recordó que la barbarie del Holocausto fue posible porque “se permitió que anidara el huevo de la serpiente en la sociedad, incubándose con el antisemitismo de manual, basado en prejuicios, mentiras e infamias conspiranoicas”.
El exdiputado enfatizó que los judíos mexicanos son ciudadanos profundamente comprometidos con el país y solidarios en momentos de necesidad. “Han contribuido al engrandecimiento de nuestra patria —afirmó—, y resulta inadmisible que hoy vuelvan a ser amenazados o señalados por el simple hecho de ser judíos”.
Su mensaje, más que político, es una advertencia ética: la indiferencia frente al antisemitismo equivale a tolerar la semilla del odio.
El disfraz del antisionismo
Belaunzarán denunció también la estrategia de algunos grupos para disfrazar el antisemitismo de antisionismo, utilizando el conflicto en Gaza como excusa para exacerbar prejuicios en territorio mexicano. “Resulta aberrante trasladar aquel conflicto a nuestra sociedad, poniendo en riesgo la seguridad e integridad de mexicanos por sus lazos o afinidades con un país reconocido por la comunidad internacional”, sostuvo.
En su reflexión, el exdiputado recordó que la paz en Medio Oriente parte del reconocimiento del Estado de Israel: “Insistir en su desaparición es una locura perniciosa que no va a ocurrir y que lleva indefectiblemente a la guerra sin fin”, dijo, señalando que incluso la propuesta de dos Estados parte de esa premisa.
Condena sin ambigüedades
Sobre el ataque terrorista del 7 de octubre de 2023, Belaunzarán fue categórico: “Lo ocurrido es abominable y nada lo puede justificar. La condena a los terroristas de Hamas debe ser sin ambages, lo mismo que la solidaridad con las víctimas”.
En un tono humano, añadió que “la paz sólo será posible si se vence el odio, y esa tarea comienza por combatir el antisemitismo donde y como se presente, aunque sus promotores intenten disfrazarlo con otro nombre”.
Las palabras de Belaunzarán resuenan más allá de la coyuntura política: son un recordatorio de que la intolerancia nunca empieza con violencia, pero siempre termina en ella. Ahora que las redes amplifican el fanatismo y las conspiraciones, recordar las consecuencias del silencio es un deber moral.
Defender a la comunidad judía frente al odio debe ser un compromiso con la dignidad humana. Y como bien concluye Belaunzarán, combatir el antisemitismo —aunque se disfrace de antisionismo— no es tomar partido por un país, sino defender el principio más básico de la humanidad: que nadie debe ser perseguido por ser quien es.
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