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miércoles 03 de junio de 2026

“El día en que Abraham fue a la guerra: el rescate que cambió la historia”

Resumen de la Parashá Lej Lejá,  Génesis 12:1-17:27

Di-s habla con Avram, diciéndole “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Allí, dice Di-s, hará de Avram una gran nación. Avram y su mujer Sarai, acompañados por su sobrino Lot, viajan a la Tierra de Cnaan, donde Avram construye un altar y continúa difundiendo el mensaje de Di-s.

La hambruna causa que el primer judío viaje a Egipto, donde la hermosa Sarai es llevada al palacio del Faraón; Avram se escapa de la muerte porque se presentan como hermano y hermana. Una plaga evita que el rey egipcio toque a Sarai y ella lo convence de que debe devolverla a Avram y compensarlo con oro, plata y ganado.

De vuelta en la Tierra de Cnaan, Lot se separa de Avram y se establece en la malvada ciudad de Sdom, donde es capturado cuando el ejército de Quedarlaomer y sus tres aliados conquistan las cinco ciudades del Valle de Sdom. Avram sale con una pequeña banda a rescatar a su sobrino, derrota a los cuatro reyes, y es bendecido por Malki-Tzedek el rey de Salem (Jerusalén).

Aún sin hijos diez años luego de su arribo a la Tierra, Sarai le dice a Avram que se case con su sirvienta Hagar. Hagar concibe, se vuelve insolente hacia su señora, y se escapa cuando Sarai la trata duro; un ángel la convence de retornar y le dice que su hijo será el padre de una nación numerosa. Ishmael nace en el año 86 de la vida de Avram.

Trece años después, Di-s cambia el nombre de Avram por Avraham (“padre de multitudes”) y el de Sarai por Sara (“princesa”), y promete que tendrán un hijo a quien deben llamar Itzjak (“se reirá”), surgirá la gran nación con la cual Di-s establecerá Su pacto especial. Avraham es mandado a circuncidarse a si mismo y a sus descendientes como “una señal del pacto entre tu y Yo”.

En la parashá Lej Lejá, Abraham no solo escucha el llamado divino a dejarlo todo. También se enfrenta a su primera gran prueba moral: rescatar a su sobrino Lot, secuestrado en medio de una guerra.

Abraham lo escucha… no lo piensa dos veces.

La Torá dice:

“Armó a sus hombres, nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los persiguió hasta Dan.”

Abraham, el hombre de la fe, se convierte en el hombre de la acción.

No porque busque gloria, sino porque —como explica el Rabino Jonathan Sacks— “la verdadera fe no es pasividad; es responsabilidad moral”.

Abraham entendió que no podía rezar por el mundo si no estaba dispuesto a luchar por él.

El Rav Kook dice, el justo “no destruye lo corrompido; busca elevarlo”.

Abraham no quería venganza. Quería redención.

Lot representaba la parte del ser humano que se aleja de la luz, y Abraham, en su amor, fue a rescatarlo.

El Rabino Abraham Twerski lo resume de forma magistral:

“El crecimiento espiritual no ocurre en la comodidad. Empieza cuando salimos de nosotros mismos para rescatar al otro.”
Eso es Lej Lejá: no solo “vete”, sino “ve hacia ti mismo, a través del otro”.

Y en el rescate de Lot, Abraham descubre quién es realmente: un hombre que no puede permanecer indiferente ante la injusticia.

Cada generación necesita un Abraham.
Alguien que se levante cuando otros callan.
Que corra hacia el peligro… cuando la voz interior dice:
“Lej Lejá” — ve, porque allí te espera tu verdadero propósito.


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