Un libro que recorre las rutas secretas de Barcelona y los Pirineos, donde héroes anónimos arriesgaron todo por salvar vidas, y que ahora en Jerusalén devuelve la voz a los que nunca la tuvieron, conectando memoria, esperanza y valentía a través del tiempo y las fronteras.
Viajar a Israel para presentar el libro sobre mi padre y su historia, Estación de Francia. Lo que mi padre nunca contó, ha sido mucho más que una cita literaria, ha sido un regreso a la historia. En Jerusalén, donde la memoria tiene un peso físico, la figura de mi padre, un hombre discreto, silencioso, que nunca habló de sí mismo, halló por fin el lugar que le correspondía. Durante años ocultó su participación en una red clandestina que, desde la Barcelona neutral y gris de la posguerra, ayudó a judíos y perseguidos a cruzar los Pirineos rumbo a la libertad.
Llegar a Israel con mi libro Estación de Francia. Lo que mi padre nunca contó bajo el brazo fue, más que un viaje, un regreso a la historia. En Jerusalén, bajo una luz que parece contener todas las memorias de todos los siglos, la historia de mi padre, un hombre que vivió el heroísmo en silencio, encontró un lugar al que, de algún modo, siempre había pertenecido.
Ahora, ese relato oculto llega al corazón de un país que ha hecho del recuerdo su identidad colectiva. Presentar el libro en Israel no ha sido solo un acto literario, ha sido un diálogo con la memoria. En las conversaciones con descendientes de refugiados y supervivientes, comprendí que las pequeñas historias personales, esas que el tiempo arrincona en los márgenes de los archivos, pueden, en ocasiones, reescribir los grandes relatos de la Historia.

FRANCISCO DEL RIO. DIRECTOR INSTITUTO CERVANTES TEL AVIV (FOTO AUTORA)
El viaje comenzó en Tel Aviv, en una sala del Instituto Cervantes, donde fui recibida por su Director Francisco del Rio y la Coordinadora cultural Einat Talmon, donde el público escuchaba con una mezcla de sorpresa y emoción el relato de cómo, desde una montañas como los Pirineos y una estación de tren en Barcelona, se fraguaban las rutas secretas de la esperanza.
Entre los asistentes había nietos de familias que lograron escapar de la Europa ocupada y cruzaron España rumbo a Lisboa gracias a redes de evasión conectadas con el Consulado Británico. también me acompañaron el Dr. Abraham Haim y su esposa, Irina Zelener, secretaria de la Embajada Argentina en Israel, Paola Zacarias, Debora Wellerman, maquetadora del libro, Gabriela Keselman, abogada activista, el Rabino de Jerusalén Uri Ayalon, Elvira Temp Gattegno hija y nieta de refugiados en Barcelona y un público en general con ganas de conocer parte de esta historia tan importante como desconocida.
Algunos se acercaron después para preguntar nombres, rastrear fechas, buscar vínculos. Cada conversación era una pieza más en el rompecabezas de la memoria, fue entender que el libro había encontrado su destino. Mi padre, Venancio Ramis Corominas, fue uno de esos hombres anónimos que no esperaban reconocimiento ni medallas, solo querían que otros pudieran seguir viviendo.
Cada encuentro en Israel confirmó que Estación de Francia no es solo una reconstrucción familiar, sino un fragmento de la historia europea que había quedado suspendido en el silencio. A través de documentos del SOE británico, (Special Operations Executive) archivos de distintos países y categorías, cartas diplomáticas y testimonios recuperados, el libro revela cómo una red clandestina que operaba desde la capital catalana y desde Madrid, salvó a decenas de personas. Lo que comenzó siendo una investigación personal se transformó en una restitución histórica.
“Mi padre, Venancio Ramis Corominas, fue uno de esos hombres anónimos que no esperaban reconocimiento ni medallas, solo querían que otros pudieran seguir viviendo”.












