Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Jaye Sara

La resistencia espiritual nos permitirá superar todos los obstáculos

Cuando la Torá enumera entre los hijos de Queturá, esposa de Abraham, tres de sus nombres Mashmá, Dumá y Masá,  (Génesis 25:14), despiertan una rica interpretación. Y, pese a que en su sentido literal estos términos se presentan como parte del linaje genealógico, el Tárgum Yonatán, atribuido a Yonatán ben Uziel, ofrece una exégesis significativa: los traduce como “צמיתא, שתוקא, סוברא” —si fueran un recordatorio de escuchar, callar y soportar“.

Esta interpretación adquiere dimensión en la “Igueret Temán”, la Epístola a Yemen del Rambam (Maimónides), escrita en el año 1172-3 para fortalecer a la comunidad judía, que era perseguida bajo el dominio islámico.

Con sensibilidad y lucidez la Igueret, vincula estos tres nombres a una actitud espiritual que piensa debemos aplicar frente a la opresión: escuchar los agravios, guardar silencio y soportar con dignidad.

Y así dijo Rambam: “No ha existido una nación más enemiga de Israel que ésta… incluso David, al ver en espíritu profético las futuras aflicciones, clamó: ‘¡Ay de mí, que resido en Meshej, que habito entre las tiendas de Quedar!’ (Salmos 120:5).”

El Rambam identifica a Quedar como Quraysh cuna del linaje del profeta del Islam, y señala que la actitud de los sabios frente a las falsedades de Ismael fue la de silencio y resistencia. Así, los nombres “Mashmá, Dumá y Mashá” se convierten en símbolos de una estrategia espiritual: escuchar sin responder, callar sin rendirse, y soportar sin perder la fe. Sugerencia para comportarnos frente a un enemigo cuya crueldad no tiene límites, y que es implacable para dañarnos, como leemos: “Y nuestros enemigos son criminales” ¡Bien saben nuestros enemigos que su roca no es como la nuestra!” (Deuteronomio 32:31).

Esta lectura se reafirma en el Midrash Hagadol de la tradición yemenita, que comenta: “Escuchamos nuestra afrenta, guardamos silencio, soportamos el mundo y callamos… ¡Ay de quien viva bajo el dominio de Ismael!”

La enseñanza que emerge es clara: en tiempos de opresión, la respuesta no siempre debe ser la confrontación.  A veces una resistencia silenciosa, sostenida por la fe, la esperanza y la memoria ancestral pueden ayudar. Esta postura no implica pasividad, sino una forma elevada de Emuná — confianza en que la redención llegará, y que el sufrimiento no quebrará la identidad ni la dignidad del pueblo de Israel.

Pero, nunca más deberemos permitir regresar lo que proyectaba Isaías (50:6) “A los que me herían les ofrecí la espalda, y a los que me arrancaban la barba les ofrecí la mejilla; no escondí mi rostro de las injurias ni de los escupitajos“, actitud que no nos salvó de su perversidad e irreflexión en tantos momentos de nuestra historia.

Yo soy pacífico; Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra” dijo el rey David en su Salmo 120:7 frustrado de tratar de vivir en paz mientras ellos reaccionan confrontándonos en todos los frentes.

La frase “¡Ay, quién vivirá cuando Dios lo haga venir!” (Números 24:23), es interpretada por Maimónides como “¡Ay de aquel que viva en el reino de Ismael!”, expresando el sufrimiento que los judíos enfrentarían bajo ciertos regímenes. Esa advertencia; hoy, sigue siendo un símbolo de resistencia espiritual frente a la agresión que sufrimos en los países de la dispersión, cuando en Israel tomamos las armas para defendernos, al tiempo que algunos de nuestros hermanos niegan su obligación de unirse en la lucha asociándose con los peores de nuestros refractarios antagonistas.

En la tradición profética, Israel no es un fin en sí mismo, sino un canal para llevar luz a las naciones como lo expresara Isaías (49:6):Es muy poco que seas mi siervo para restaurar a las tribus de Jacob y reconducir al resto de Israel. Voy a hacerte luz de las naciones para que llegue mi salvación hasta el confín de la tierra“.

Hoy, como en el pasado, tenemos que tener muy clara nuestra visión y trabajar para cumplir con ella.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."