Tras un informe israelí que acusaba a la policía de fallas durante la masacre del 7 de octubre, la Policía de Israel publicó imágenes operativas de las diversas batallas que libró a lo largo del día para detener la invasión de Hamás.
Con la línea de las FDI dividida en varios puntos, los oficiales de la Policía de Israel fueron la siguiente fuerza armada capaz de enfrentarse a Hamás hasta que los refuerzos adicionales de las FDI pudieran avanzar hacia el sur, y en varios lugares lograron contener la invasión hasta que llegaron más fuerzas para eliminarla. “En el momento de la verdad, fue la Policía de Israel la que salvó al país”, escribieron.
El oficial al comienzo del video dice: “¿A cuántos eliminé? No lo sé. En un día como ese, no contamos cuántos eliminamos, contamos cuántos salvamos”.
El 7 de octubre dejó una cicatriz profunda en la historia de Israel. Y en medio del caos, hubo un grupo que quedó atrapado entre la sorpresa, la falta de información y el deber de proteger: la Policía de Israel.
Horas antes del ataque, la inteligencia del Shin Bet detectó movimientos extraños. Milicianos de Hamás usando tarjetas SIM israelíes. Actividad inusual.
Pero ese aviso… llegó tarde. Un retraso técnico, una actualización del sistema, un mensaje que se quedó en el aire.
Cuando la policía recibió la alerta, ya era demasiado tarde.
Las sirenas no habían sonado todavía, pero el desastre ya venía en camino.
Cuando Hamás irrumpió sobre las comunidades del sur, muchos de los primeros en enfrentarse cara a cara no fueron soldados… fueron policías.
Policías de patrulla. Policías de tránsito. Policías que no estaban equipados para una guerra.
Aun así, se metieron en los kibutz, llegaron a las carreteras, se lanzaron hacia los festivales atacados… sabiendo que no tenían ninguna ventaja.
Muchos, muchos murieron allí mismo, protegiendo a civiles con lo que tenían y cuando las armas se vaciaron, defendieron a la gente con sus propios cuerpos.
Pero la historia no es solo heroísmo.
Hay testimonios que duelen: rutas bloqueadas mientras la gente intentaba escapar… disparos entre la confusión… decisiones desesperadas tomadas sin información.
Hay heridas abiertas. Preguntas sin responder.
Y entre todo eso, una policía que también quedó marcada para siempre por lo que vio ese día.
Para entender su actuación, hay que comprender quiénes son.
En Israel no existen policías municipales: toda la seguridad civil recae en la Policía Nacional.
Ellos investigan delitos, detienen terroristas, responden a disturbios, protegen eventos masivos, y operan junto a unidades especiales como la Guardia Nacional, Yasam o la Policía de Fronteras.
Son la primera línea cuando un ciudadano está en peligro.
Siempre leerán en la prensa mundial sobre lo rudos o crueles que son los policías Israel, siempre con ceguera y mala fe, porque para los críticos de Israel, los yihadistas son niñas exploradoras vendiendo galletas.
Pero el 7 de octubre demostró que son monstruos.
También el 7 de octubre mostró lo mejor y lo peor del sistema de seguridad israelí.
Pero también mostró algo más: que incluso en la oscuridad más profunda, hubo personas que, sin dudarlo, corrieron hacia el fuego. Y muchas de ellas… llevaban uniforme de policía.
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