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sábado 18 de julio de 2026
La noche en que nacio Israel

La noche en que nació Israel

Resumen de la Parashá Vaishlaj. Génesis 32:4-36:43

Iaacov vuelve a la Tierra Santa luego de veinte años de vivir en Jaran, y envía ángeles emisarios a Eisav con la esperanza de lograr una reconciliación; pero sus mensajeros reportan que su hermano está en camino hacia él con 400 hombres de armados. Iacov se prepara para la guerra, reza y envía un gran regalo a Eisav (que consistía en cientos de ovejas y vacas) para calmarlo.

Esa noche, Iaacov atraviesa a su familia y posesiones por el río Iabok. Sin embargo él, queda del otro lado y encuentra un ángel que personifica el espíritu de Eisav, con quien lucha hasta el amanecer. Iaacov sufre de una cadera dislocada, pero derrota a la criatura supernatural, quien le da el nombre de Israel, que significa “aquel que prevalece por sobre lo Divino”.

Iaacov y Eisav se encuentran, abrazan y besan, pero se separan. Iaacov compra un terreno cerca de Shjem, cuyo príncipe, también llamado Shjem, rapta y viola a la hija de Iaacov, Dina.

Los hermanos de Dina, Shimón y Levi, vengan la desgracia matando todos los habitantes masculinos de la ciudad, luego de dejarlos indefensos al convencerlos de circuncidarse.

Iaacov continúa su viaje. Rajel muere mientras daba a luz a su segundo hijo, Biniamín, y es enterrada al lado del camino cerca de Betlejem.

La noche en que nació Israel

Una de las escenas más misteriosas y más poderosas de toda la Torá.
Una escena que, según el Rab Jonathan Sacks, define no solo la vida de Yaakov… sino el alma del pueblo judío.
La noche en que Yaakov luchó… con un ángel, con un hombre, o quizás, con algo mucho más profundo.

La Torá nos dice simplemente: “Un hombre luchó con él hasta el amanecer”.
Pero Sacks pregunta: ¿Quién era realmente ese hombre?
Los Sabios discutieron durante siglos. Un ángel… el ángel de Esav… o una lucha interna.
Y Rab Sacks nos dice: la clave no está en la identidad del adversario, sino en lo que ocurre dentro de Yaakov.

Hasta esa noche, Iaakov vivía con miedo.
Miedo a su hermano.
Miedo a sus decisiones pasadas.
Miedo a no ser digno de la bendición que había recibido.
Y Sacks señala algo brillante: Yaakov no solo huía de Esav… estaba huyendo de sí mismo.
Pero esa noche, en la oscuridad, ya no puede escapar.
Tiene que enfrentarse… cara a cara… con todo lo que evitó durante años.

Sacks explica que esta es la primera vez en la historia en que alguien lucha con lo que parece ser un ser celestial… ¡y sobrevive!
Los héroes de otras culturas vencen dragones o monstruos.
Pero el héroe bíblico vence algo más difícil: sus propios miedos.
Para Rab Sacks, la Torá nos enseña aquí que la valentía no es actuar sin miedo…
La valentía es actuar a pesar del miedo.

Y entonces llega el momento más dramático.
El ser misterioso le dice: “Tu nombre ya no será Iaakov… sino Israel”.
Israel: el que lucha con Dios y con los hombres… y prevalece.
Según Sacks, este no es solo un nombre.
Es una misión.
Es la identidad eterna del pueblo judío:
un pueblo que lucha, cae, se levanta, y nunca se rinde.

Rab Sacks dice que esa noche Iaakov entendió algo esencial:
Que no se puede recibir una bendición… sin antes enfrentar la herida.
Que no hay identidad… sin lucha.
Que la fe no es una vida sin desafíos, sino la fuerza para atravesarlos.
La herida en la cadera que Iaakov llevará para siempre es, para Sacks, el símbolo más profundo:
A veces caminamos heridos… pero seguimos caminando.

Esa noche, Iaakov no venció al ángel.
Venció algo mucho más grande:
la sombra que llevaba dentro.

Y así nació Israel.

Así nació el pueblo que aprende, como dice Rab Jonathan Sacks,
que la verdadera grandeza no viene de huir del conflicto…
sino de enfrentarlo con fe, con coraje…
y con la certeza de que el amanecer siempre llega.


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