Durante siglos, los papas hablaron con claridad cuando el cristianismo era atacado.
Hoy, en África y Medio Oriente, los cristianos son perseguidos…
pero el lenguaje de Roma es mucho más suave.
Apenas este lunes en la madrugada, el árbol de Navidad y el pesebre de la Iglesia del Santísimo Redentor de Yenín fueron incendiados por musulmanes palestinos.
Pero las condenas son suaves.
¿Qué cambió?
La respuesta está en la historia de los papados.
Durante la Edad Media y la Edad Moderna:
El Islam era visto como un rival religioso y político
Los papas hablaban sin eufemismos
La defensa del cristiano perseguido era abiertamente doctrinal
Papados como los de:
Urbano II
Inocencio III
No buscaban diálogo.
Buscaban protección, supervivencia y poder.
El mensaje era claro:
El cristianismo se defiende, incluso confrontando.
Todo cambia tras la Segunda Guerra Mundial.
Con Juan XXIII y el Concilio Vaticano II:
Se prioriza el diálogo interreligioso
Se abandona el lenguaje de confrontación
El Islam empieza a ser tratado como “religión hermana”
Desde aquí, Roma adopta una nueva lógica:
Hablar menos para proteger más.
La Iglesia deja de verse como fortaleza…
y empieza a verse como puente.
Benedicto XVI fue la excepción.
En 2006, en Ratisbona:
Cuestionó la relación entre fe y violencia en el Islam
Hizo una crítica teológica, no política
¿El resultado?
Protestas violentas
Iglesias atacadas
Presión internacional
Roma aprendió la lección:
Decir la verdad puede tener consecuencias mortales inmediatas.
Con el papa Francisco:
Se evita cualquier choque frontal
Se habla de paz, convivencia y fraternidad
El islam radical casi nunca se nombra explícitamente
La prioridad es:
mantener presencia cristiana
evitar represalias
conservar canales abiertos
Pero el costo es alto:
muchos cristianos se sienten solos.
Nigeria, Burkina Faso, Mali, Siria, Irak, Pakistán.
En estos lugares:
Iglesias son quemadas
sacerdotes asesinados
comunidades cristianas desaparecen
Y no hablamos de casos aislados.
Hablamos de persecución sistemática, documentada por ONG, informes internacionales…
La Iglesia no cambió porque desconociera la persecución.
Cambió porque el mundo cambió.
Cabe preguntarnos.
¿Puede una Iglesia que calla demasiado seguir siendo voz de los perseguidos?
¿Hasta cuándo la prudencia puede justificar el silencio moral?
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