Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Bó

Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto “ (MIJA-MIQUEAS 7:15-16)

Parashat Bo trata sobre la redención, la transformación y el nacimiento nacional, detallando las plagas finales, el primer Pesaj y el Éxodo. Resalta que el cambio espiritual profundo y la construcción de un nuevo pueblo son posibles, incluso a partir de la destrucción, e introduce el concepto de santificar el tiempo (luna nueva) y las generaciones futuras (primogénito).

Eruditos nos dicen que la mayoría de los hijos de Israel que vivieron en Egipto bajo el dominio de Faraón se quedaron atrás. Se quedaron en Egipto después de la llamada de Moshé para irse porque preferían la vida familiar, aunque sometida y la seguridad de sus alimentos que los amos les concedían en Egipto, sobre los peligros inciertos del desierto. Temían lo desconocido, la falta de provisiones y las dificultades de la supervivencia en el desierto más que la opresión de la esclavitud, destacando una falta de fe y una atadura mental a su situación actual. Habían echado raíces y crecido en una gran nación. No les alentaba la perspectiva de abandonar sus vidas establecidas por una tierra prometida en la que iban a tener que enfrentarse a otro tipo de desafíos.

Vincularnos a los israelitas que decidieron salir de Egipto nos permite compartir la determinación, la perseverancia y el coraje que los guiaron a través del desierto hacia la Tierra Prometida. Negarnos una vez al año a comer pan leudado durante ocho días para demostrar abstinencia y sacrificio, comer “hierbas amargas”, el maror, para recordar la amargura de la esclavitud y recitar las diez plagas para conmemorar el sufrimiento, son formas de evocar dificultades pasadas que para la mayoría de nosotros son inimaginables. Pesaj en nuestros días sugiere un puente entre sus desafíos y los nuestros, alentándonos, con suerte, a estar dispuestos a enfrentar obstáculos difíciles cuando surgen en nuestros caminos.Vincularnos a los israelitas que decidieron salir de Egipto nos permite compartir la determinación, la perseverancia y el coraje que los guiaron a través del desierto hacia la Tierra Prometida.

Por lo menos uno de cada cinco judíos en Egipto decidió arriesgarse a confiar en la promesa de Moshé y aventurarse en un desierto peligroso con la vaga esperanza de encontrar un nuevo hogar para su pueblo. Para esa cifra sigo a Rashí, que ofrece, con una calma casual que ‘jamushim’ se relaciona con la palabra hebrea para cinco, y que el texto debería entenderse como que sólo una quinta parte del pueblo judío eligió dejar Egipto.

Eso significa que la mayoría de los hijos de Israel eligió una existencia comprometida pero familiar ante los peligros potenciales que acciones más drásticas y asertivas podrían haberle conseguido. Estaban tan inmersos en la cultura egipcia que no estaban dispuestos a unirse al Éxodo. Como tal, se perdieron para la nación judía.

También en nuestros días, en los que todavía se cuenta con la libertad, judíos eligieron bajar las cabezas, ya desprovistas de solideo, no sea que sus vecinos, colegas, e intelectuales gentiles, otrora amigos, se vean estimulados de causarles daños si los viesen con algún símbolo que pueden imaginar judíos o sionistas. Estas personas en la que confiaban como verdaderos aliados, cambió de forma abrupta y sincronizada su posición y ahora se entregan felices al racismo sistémico, al gaslighting, – la manipulación que niega hechos evidentes o los minimiza– y hace que la otra persona se sienta confundida o “exagerada”, culpa a la víctima, bajo la bandera de la justicia. Personas con brújulas morales antes sólidas perdieron su equilibrio ante esta o aquella histeria del día—incapaces de decir con claridad “esto está mal” (o “esto no está mal”), sin importar cómo se posicionen emocionalmente por un enjambre colectivista.

Sin embargo, algunos jóvenes de esas comunidades deciden avanzar sin los que no están dispuestos a oponerse a la intolerancia, y progresan y se manifiestan sin ellos como pioneros del derecho de ser judíos. Han decidido dejar atrás a sus hermanos percibiéndolos en su cobardía. Otros, comenzaron a pensar seriamente vivir en un lugar donde no tengan que disimular su identidad y en el que no les llamen “judíos” de manera despectiva.

En el pasado solo se necesitó un pequeño porcentaje de los israelitas que residieron en Egipto para arriesgar una existencia imperfecta pero tolerable, para salir a construir la Tierra Prometida.  

La redención, al parecer, está destinada a ser ganada con esfuerzo. No es un regalo que no implique costo.

Nuestra generación también está involucrada y absorta en una lucha por la redención y la salvación, tanto personal como nacional. Esta lucha ha cobrado lamentablemente un gran precio a nuestros enemigos que no se imaginaron cuando nos atacaron, pero en una medida psicológica y espiritual, quizás incluso un mayor costo para nosotros. Se ha derramado mucha sangre en esta lucha y, a decir verdad, no hay aún visible un éxito inminente que solo la paz puede conceder.

Sinnúmero de hermanos tratan de convencer a otros que la verdadera vida judía se encuentra fuera de los límites de Israel en los que pueden estudiar y cumplir con la Torá y que la defensa de las fronteras del país, la llevarán a cabo encerrados en sus covachas, en el mejor de los casos leyendo textos, porque allí encuentran su destino, mientras otros salen armados a luchar por su vida. Se parecen mucho a los que se quedaron en Egipto y que pensamos que habían dejado el pueblo judío de manera definitiva.

Nos toca vivir la muerte de falsos ideales que han permeado la sociedad judía durante los últimos siglos, dejada sin nadie en quien confiar “excepto a nuestro Padre en los Cielos” pero el trabajo de nuestra continuidad es nuestro.

El individuo desgarrado de la cadena de generaciones es como hoja desgarrada del árbol, como la flor separada de la rama – se marchita.

Un mundo espiritual de cultura individualista-existencial no puede dar respuesta a la angustia de la aniquilación. No se puede dar significado y esperanza a una persona sin continuidad. En la enseñanza del rabino Kuk, por otro lado, la individualidad del ser humano no está desconectada de todo lo que la rodea. El yo especial, el nombre propio de cada persona, se encuentra en una profunda conexión con sistemas más generales de familia, pueblo, humanidad… El ser humano respira y vive su personalidad a partir de interacciones con mundos espirituales generales que lo rodean, y que también otorgan significado a su propia existencia personal y única. Regresamos a ese mismo reconocimiento, que incluso las mariposas y las plantas lo saben aunque sea de manera bruta, por lo que siempre están comprometidas con la supervivencia. La cadena de la vida es la necesidad más grande.  

La vida florece con la libertad, pero se basa en la necesidad, y solo la existencia y la continuidad de la necesidad forzada permiten que la libertad aparezca.

Por ello, estudiar la parashá nos permite ser optimistas.

La Redención verdadera es posible, aunque costosa, solo necesita de la decisión del “quinto” que acompañó a Moshé en aquel tiempo.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."