Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Vaerá

EN LA BÚSQUEDA DE UNA REDENCIÓN QUE SURJA DEL PUEBLO 

Vivimos tiempos difíciles, y no son pocos quienes se sienten perdidos en el laberinto de la desinformación y en la complejidad de una realidad que cambia día tras día. Tal vez por ello surge la necesidad de volver la mirada al pasado y a las Escrituras, en busca de un hilo conductor que nos permita orientarnos. Es un ejercicio delicado, sin duda, pero también una forma legítima de reflexionar a partir de nuestra memoria histórica.

Si unimos esta parashá con la anterior —como propone el rabino Jaime Sabato, cofundador de la Yeshivá Birkat Moshé en Maale Adumim y figura destacada de la ética en el país— descubrimos claves que iluminan mejor nuestros orígenes y, quizá, también nuestro destino.

Al comienzo de la parashá de esta semana, Dios se revela a Moshé y le encomienda su misión. No es la primera vez que lo hace: ya en la Zarza Ardiente le había anunciado su propósito. Nos corresponde, entonces, indagar en la razón de esta reiteración.

Dos enfoques

Leímos: “

“He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto; he escuchado su clamor a causa de sus opresores, y conozco bien sus sufrimientos” (Shemot-Éxodo 3:7).

Sin embargo, el mensaje de nuestra parashá difiere: aquí, el eje de la redención no es la esclavitud, sino el pacto que Dios estableció con los antepasados.

Por lo tanto, diles a los hijos de Israel: También establecí con ellos mi pacto de darles la tierra de Canaán, donde residieron como extranjeros…” (Shemot 6:4).

Según esta lectura, la aflicción de Israel en Egipto “despierta” el recuerdo del pacto, pero no constituye la causa de la redención.

Además, en esta parashá Dios anuncia a Moshé que los hijos de Israel serán Su nación elegida:

Los tomaré como Mi pueblo y seré su Dios; y ustedes sabrán que Yo soy su Dios, que los libera de las cargas de Egipto” (Shemot 6:7).

Mientras que en la parashá anterior la Tierra de Israel aparece como una tierra que fluye leche y miel —un refugio frente al sufrimiento—, en la de esta semana se presenta como la tierra prometida a los patriarcas, el escenario donde Israel será transformado en un pueblo consagrado.

Estos dos enfoques evocan las distintas corrientes que surgieron con el Movimiento Sionista hace más de siglo y medio. Algunos pensadores subrayaban la urgencia de un refugio para el pueblo judío, de modo que, si la Tierra de Israel no estuviera disponible, otro territorio podría servir. Otros, en cambio, sostenían que la Tierra de Israel no era simplemente un refugio, sino el hogar histórico y espiritual del pueblo judío, insustituible por cualquier otra tierra.

A la luz de estas diferencias, podemos comprender mejor por qué en la primera revelación Dios encarga a Moshé liberar a Israel de sus opresores, mientras que en la segunda subraya el cumplimiento del pacto y la formación de Israel como Su nación.

Cuando Moshé se acerca por primera vez a los Hijos de Israel y les transmite la misión que Dios le ha encomendado, ellos le creen sin reservas. Está escrito: “Y el pueblo creyó. Y al escuchar que .A. había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron” (Shemot 4:31). Sin embargo, cuando Moshé vuelve a hablarles tras su segunda revelación, se niegan a escucharlo:Esto mismo les dijo Moshé a los hijos de Israel, pero ellos no le hicieron caso debido a su espíritu acongojado y a la crueldad de su esclavitud” (Shemot 6:9).

Al final de la parashá de la semana pasada, cuando Faraón agrava aún más la esclavitud, Moshé se lamenta ante .A. por el aparente fracaso de su misión: “Entonces Moshé se dirigió al Señor y le dijo: ‘.A., ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Desde que vine a hablar en tu nombre a Faraón, él ha afligido a tu pueblo, y tú no lo has liberado’” (Shemot 5:22–23).

La respuesta divina aclara que la misión de Moshé no consiste únicamente en aliviar el sufrimiento inmediato de Israel, sino en llevar a cabo el pacto establecido con los patriarcas. Si ese es el propósito, entonces el plan de redención es mucho más amplio: está destinado a manifestar el nombre de Dios en el mundo. Por ello es necesario endurecer el corazón de Faraón, para que los portentos se desplieguen plenamente y el nombre de Dios sea revelado ante todas las naciones. A la vez, estos fenómenos tienen la función de inculcar en los Hijos de Israel una fe perdurable y prepararlos para convertirse en el pueblo que recibirá la Torá. Quizás esa sea una potente razón del despertar del antisemitismo que sufrimos.

Entendiendo la duplicación

A la luz de esto, se comprende la diferencia entre las dos reacciones del pueblo. Cuando escuchan que serán liberados de su esclavitud, se llenan de esperanza y creen a Moshé. Pero cuando se les anuncia que esa liberación forma parte de un designio más vasto, cuyo cumplimiento llevará tiempo, su espíritu quebrado les impide escuchar. Estamos acostumbrados a satisfacer nuestras necesidades de manera independiente y no es difícil aceptar los procesos imprescindibles para lograrlos.

Sin embargo, incluso en la segunda revelación —la que subraya el pacto— Dios declara que recordó dicho pacto a causa del sufrimiento de Israel en Egipto. Si el tema central es el pacto, ¿por qué es necesario un recordatorio?

Nuestros Sabios desearon resolver esta pregunta a través de otra pregunta. Los Sabios abordan el hecho de que, mientras en un lugar está escrito que la esclavitud en Egipto será de 400 años, en realidad solo fue de 210 años. Para responder a esto, los Sabios afirman que, aunque la esclavitud debía ser de 400 años, se volvió tan opresiva que se debía acortar para salvar al Pueblo Judío.

Depende de nosotros dar los primeros pasos

Es mejor que este despertar de abajo provenga de la bondad, pero en ciertos momentos vemos que para estimular la la redención necesitamos sufrimiento y congoja. Vemos que los hijos de Israel clamaban a Dios no por la realización positiva de su propia voluntad, sino por su aflicción. Esto se debe a esa necesidad tan humana de tomar conciencia desde abajo para producir la acción de a partir de arriba. Por lo tanto, incluso en la segunda revelación, que está arraigada en el pacto, aún depende primero del clamor de Israel desde su aflicción.

En estos últimos años lo que nos despertó de manera trágica fue el dolor, ahora es tiempo de lograr un cambio positivo de la sociedad para lograr nuestro objetivo de redención. Proceso que conmueva todas las capas del pueblo.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."