Alejandro Klein / Año 1096: El surgimiento del antisemitismo y los diarios de viajes de Benjamín de Tudela

Como es sabido, probablemente Benjamín de Tudela emprendió su famoso viaje desde España hasta Egipto entre los años 1159 y 1167, culminando el mismo en el año 1173. Así pues, Benjamín viajó entre cinco y catorce años.

A su regreso, en el año 1173, habían pasado exactamente 77 años desde ese verano de 1096 que marcó indefectiblemente la consolidación y extensión del antisemitismo europeo, en su faz más virulenta, fanática y violenta.

Sin embargo, y para mi enorme sorpresa, no encuentro en el Diario de Benjamín de Tudela una sola referencia a sucesos que un hombre de su cultura debió haber conocido sea por fuentes directas o por recuerdos que se debían de tener de aquellos aciagos días.

Por otro lado, sabemos que desde 1096 en adelante la situación del pueblo judío comenzó lenta pero indefectiblemente a declinar, perdiendo cada vez más derechos, garantías de vida y medios de subsistencia, consolidando lo que siglos después será la figura terrorífica per se del judaísmo: “el judío errante”.

Por el contrario, lo que Benjamín describe es que la comunidad judía florece, llena de sinagogas, universidades, estudiosos de la Tora y eruditos ricos a diestra y siniestra.

Obsérvese:

De Narbona sale la Ley para todos los países; los sabios que allí hay son grandes y dignos de admiración.”

Mompelier, ciudad bien situada para la negociación y mercaderías…allí suenan todas las lenguas y se ven construcciones de genoveses y pisanos…Aquí mismo hay discípulos de los doctores más celebrados en nuestro tiempo…algunos de ellos son riquísimos y generosos con los pobres, y socorren a todos los que se les acercan.”

Lunel, insigne Universidad de los israelitas que  consagran día y noche al estudio de la Ley. Aquí enseñaba el gran maestro Messulam por aquel tiempo con los cinco aventajados y ricos hijos de Josef, Isaac, Jacob y Aarón y el fariseo Asser, quien lejos del ruido mundanal, día y noche palidece encima de los libros, en ayuno total y en perpetua abstinencia de carne…Cualesquiera llegan aquí de países remotos para aprender la Ley, reciben de ellos instrucción y alimento, gracias a la Universidad que les suministra víveres y vestido todo el tiempo que siguen los cursos escolares. Hay también varones sabios y cumplidores de los preceptos dispuestos a socorrer a todos sus hermanos así lejanos como próximos.”

Nogheres, villa llamada Burgo de San Gil, donde hay una Universidad de casi un centenar de judíos doctos; los que descuellan son: Isaac, hijo de Jacob, y Abraham, hijo de Jodas, y Eliézer e Isaac y Mosés, y Jacob, hijos del gran maestro Levi, de óptima memoria…Allí es excepcionalmente noble y digno de toda consideración y acatamiento Abba, hijo de Isaac de laudable memoria, puesto por el príncipe, su señor.”

Hay aquí una disparidad que a primera vista parece absurda e incompatible.

O Benjamín de Tudela no podía apreciar o aceptar la nueva realidad de su pueblo o había en la situación del pueblo judío matices y heterogeneidades que deben ser también tenidas en cuenta.

Sin embargo hay una tercera explicación, mucho más compleja y ardua. Una que refiera a que quizás Benjamín de Tudela no describía y exponía solo para sus coetáneos y oyentes, sino también para la Divinidad.

Con esto quiero decir que probablemente el horror de 1096 sí está en la obra de Benjamín, pero de una manera elíptica y muy sagaz.

Al narrar a sus coetáneos y oyentes en 1173 que así era como vivían y se relacionaban las comunidades judías del mundo, el sentido no podía ser sino que finalmente Israel se había transformado en una Nación de Justos y Santos, tal como los profetas predicaban.

Esto implicaba dos cosas:

Si Israel era una Nación de Santos, entonces Israel por más matanzas y odio que  sufriera del mundo cristiano no había perdido para nada el Favor de la Divinidad. Todo lo contario. Se podía inclusive suponer que el odio cristiano implicaba hasta cierto punto el reconocimiento (terriblemente perturbador) que como fuera la Promesa de la Divinidad se mantenía con su Pueblo Milenario.

Por otro lado, era tal vez un mensaje a la Propia Divinidad, porque si Israel finalmente se había quitado de encima las máculas de pecado que los Profetas y textos como el Deuteronomio le achacaban, la Divinidad no debía ni podía permitir la continuación de las persecuciones contra su Pueblo.

En definitiva, tal vez para Benjamín de Tudela si Israel ya  se había convertido sin lugar a ninguna duda en una Nación de Santidad (a través de las pruebas de la destrucción del Templo, el Exilio y ahora las Persecuciones), 1096 no podía ser entonces el comienzo del Horror (Heimá) sino de la Gueulá (Redención).
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