En el Museo Memoria y Tolerancia, un espacio dedicado a confrontar la historia desde la conciencia ética, se llevó a cabo la conmemoración del Día Internacional del Holocausto. La fecha convocó no solo al recuerdo de las víctimas, sino a una reflexión urgente sobre las consecuencias de la deshumanización, el odio normalizado y la indiferencia colectiva.
La ceremonia, organizada conjuntamente con la Embajada de Alemania en México, recordó el significado histórico del 27 de enero de 1945, fecha en que fue liberado el complejo de Auschwitz-Birkenau. Desde el inicio del acto, Milly Cohen, vicepresidenta del Museo Memoria y Tolerancia, subrayó que Auschwitz representó el punto más extremo del sistema de exterminio nazi, un espacio donde la muerte fue industrializada para asesinar en cuestión de minutos a miles de personas cuyo único “delito” era existir. La población judía, enfatizó, no representaba ningún peligro militar y fue convertida en el blanco central de una ideología delirante de purificación racial.
A 81 años de la liberación del campo, los mensajes coincidieron en una advertencia fundamental: la memoria no es un ejercicio pasivo ni un ritual vacío. Roberto de León Huerta, representante de Relaciones Exteriores, destacó que con el paso del tiempo la historia corre el riesgo de diluirse, relativizarse o incluso ser reescrita por quienes no toleran la verdad. La desmemoria, advirtió, no solo borra a las víctimas, sino que priva a las sociedades de aprender de su pasado y de utilizar la historia como herramienta educativa y ética.
Desde esta perspectiva, se subrayó el papel del Museo Memoria y Tolerancia como un espacio que asume la memoria desde uno de sus pilares fundamentales: la educación en valores. Recordar el Holocausto implica reconocer que, así como el ser humano es capaz de ejercer la maldad más absoluta, también puede realizar actos de bondad extraordinarios. La historia, se insistió, no se impone, sino que se construye a partir de decisiones humanas. Mantener vivos los sueños de un futuro mejor es, en ese sentido, una forma de resistencia moral.
Durante la conmemoración también se alertó sobre un fenómeno profundamente actual: el resurgimiento global de discursos de odio, antisemitismo, racismo, intolerancia religiosa y xenofobia. Se señaló que estas narrativas, lejos de haber desaparecido, se intensifican y se transforman, pero conservan el mismo mecanismo de deshumanización que precedió a las atrocidades del siglo XX. La violencia extremista, se recordó, no surge de la nada: comienza con palabras, estigmas, exclusiones y silencios socialmente tolerados.
En su intervención, el embajador de Alemania en México, Clemens von Goetze, afirmó que el Holocausto representó una ruptura de civilización sin precedentes. Subrayó que las atrocidades cometidas en Auschwitz no solo constituyeron un crimen contra el pueblo judío, sino también una herida profunda para la propia sociedad alemana, al implicar la destrucción de una parte esencial de su población, cultura e identidad. Desde esa memoria, reafirmó la necesidad de preservar el orden internacional, defender la paz y rechazar toda forma de violencia terrorista.
Por su parte, Mauricio Kershenobich, presidente de Tribuna Israelita, enfatizó que el Holocausto no fue una tragedia abstracta ni inevitable, sino el resultado de decisiones humanas concretas, de un odio que se normalizó progresivamente y de una indiferencia que permitió que lo impensable ocurriera. Destacó además el valor simbólico de realizar esta conmemoración en el Museo Memoria y Tolerancia, un espacio que convierte la memoria en una herramienta viva para educar, reflexionar y construir una convivencia basada en la dignidad humana.
Kershenobish subrayó también el papel histórico de México como país de acogida, pluralidad y convivencia, recordando que la presencia y el desarrollo de la comunidad judía forman parte integral de esa historia. En ese sentido, advirtió que la normalización del antisemitismo y de otras formas de discriminación exige una vigilancia permanente, ya que el silencio y la indiferencia nunca son opciones responsables.
Finalmente, la embajadora de Israel en México, Einat Kranz Neiger, destacó que la memoria del Holocausto no pertenece únicamente al pasado, sino que es una responsabilidad del presente y una obligación hacia el futuro. Señaló que el genocidio no fue un accidente histórico, sino el resultado de un proceso prolongado de deshumanización, erosión de valores democráticos y normalización del odio, que comenzó con palabras y exclusiones antes de traducirse en violencia.
Realizar esta conmemoración en México añadió un significado particular. Nuestro país ha sido históricamente un espacio de refugio y convivencia, y el mensaje emitido desde el Museo Memoria y Tolerancia trasciende fronteras al reafirmar un compromiso claro: no guardar silencio frente al odio, educar a las nuevas generaciones y defender activamente los derechos humanos.
Como se reiteró a lo largo de la ceremonia, la deshumanización ha vuelto a encontrar espacios para crecer. Por ello, la memoria sigue siendo una herramienta viva.
Solo desde ella es posible seguir escribiendo una historia distinta: por los héroes anónimos, por las batallas no agotadas y por un futuro que, aunque aún no escrito, no debe renunciar jamás al sueño de la paz.
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